Caso del cura Dorado: «Nos hacía confesar para conocernos más y poder abusar de nosotras», el valiente relato de Florencia

A pesar de la imputación, su víctima asegura que sigue oficiando misas en Santiago. Un valiente testimonio que genera gran indignación.

El caso del sacerdote Carlos Alberto Dorado, imputado por abuso sexual agravado contra un grupo de adolescentes a quienes acompañaba pastoralmente, sigue generando grandes repercusiones.

Esta vez, Florencia, una de las jóvenes que sufrió del abuso sexual, tuvo la valentía de contar lo sucedido cuando era adolescente, en una entrevista con la emisora radial de Bandera “FM San Francisco”.

Así como ella, otras dos mujeres acudieron a la Justicia para denunciar los abusos a los que fueron sometidas por parte del sacerdote Dorado, y silencio cómplice que tuvo por entonces la iglesia.

 “Yo era alumna del colegio cuando tenía 15 años, y fue en ese entonces que llega un seminarista ya próximo a recibirse de sacerdote, que era Carlos Dorado. Era nuestro profesor del colegio y decide formar un grupo misioneros. Y ahí fue cuando empezó todo, porque el grupo se empezó a convertir cada vez más selectivo, y cada vez entraban menos chicos, y los que él no quería los iba descartando”, así relató Florencia sobre las primeras situaciones sospechosas que sufrió de parte del sacerdote.

“Los abusos sucedieron entre el 2009 y 2011. A mí, durante el 2009, y al resto de las víctimas, entre 2010 y 2011. Utilizaba la manipulación psicológica. Yo iba a misa a diario y temía a Dios, cuando no debía ser así. Estaba aterrada. Él nos decía que cada vez que hacíamos algo nos teníamos que confesar con él. Hoy, con ojos de adulta, pienso que lo hizo fue todo muy premeditado. Nos hacía confesar para conocernos más y poder abusar de nosotras. Cada vez que nos agredía, llorando nos pedía perdón, y utilizaba la palabra de «Dios» para manipularnos, y para que le perdonemos por lo que hacía”, confesó dolida.

“Mi familia confiaba en él, nunca pensó que esto podía pasar. Utilizaba la imagen de Jesús y nos decía que los sacerdotes representaban a Jesús en la tierra. Y cuando intentaba alejarme de él, me decía que iba a ser como Judas, que lo iba a traicionar como hicieron con Jesús. Yo no podía abandonar ese espacio, porque era el único grupo de amigos que tenía”, relató la joven en la entrevista radial, sobre la gravedad del caso.

Como si fuera poco, Florencia, contó que se sentía culpable y hablaba mal de Florencia delante del resto del grupo de misioneros que ella integró. “Alrededor del 2012 y 2013, unas compañeras del grupo me contaron que les pasó lo mismo. Su arrepentimiento nunca fue sincero, y es ahí cuando decidimos con las otras chicas de hablar lo que nos ocurría con el obispo. Acudimos a miembros de la iglesia para saber cómo actuar, porque me preocupó que lo haga con otras chicas en Bandera, o esté en donde esté”, sostuvo.

En 2017, el mismo obispado inició un juicio canónico contra Dorado y lo encontró “culpable”, por lo que le prohibieron todo ejercicio del ministerio sacerdotal durante seis meses, ejercer el oficio de párroco por el término de 10 años y las confesiones a menores de edad por un año.

Durante este tiempo, las jóvenes que sufrieron el abuso sexual pasaron por procesos de indagación varias veces y pericias psicológicas mientras revelaban detalles de los casos de abusos. “El juicio era secreto y nos dijeron de la iglesia que si se contaba algo, iba a ser un pecado muy grave. La resolución fue trasladarlo de un lugar a otro, mientras Dorado decía que estaba arrepentido por lo que hizo”, contó la joven Florencia.

“Le perdonaron por lo que hizo –contó sobre este sacerdote–, hizo un retiro espiritual de 6 meses en Tucumán y se determinó que no debía volver a Bandera y tampoco debía estar en contacto con adolescentes”, remarcó, pero a pesar de ello, las jóvenes que alguna vez fueron abusadas se dieron cuenta que este sacerdote volvió a la actividad.

A pesar de la indignación que siente Florencia y el resto de las víctimas que aseguran haber sido abusadas por el sacerdote Dorado, volvió a la actividad sacerdotal como si nada hubiera pasado.

“Está en Santos Lugares (departamento Alberdi), está a cargo de una comunidad y en los años posteriores siguió yendo a Bandera, por eso es que reclamamos, a pesar de que nos decían que hablar del tema era algo del pasado. Una institución (iglesia) a la que entregamos la vida prácticamente, nos desprotegió. Eso es lo que yo siento. Por eso como nada cambió, decidimos retomar las denuncias: en 2019 y en 2020”, contó, en lo que pudieron realizar al menos tres mujeres que fueron abusadas años atrás por el religioso.

Tras este rimbombante caso, pesa sobre el sacerdote Carlos Dorado una imputación por abuso sexual agravado, caso que investiga la justicia ordinaria de la provincia.

Accionar de la defensa

“Este accionar perverso que detalla Florencia, demuestra la gravedad del caso. El hecho de que sean tres mujeres que en su momento fueron adolescentes, sufrieron abuso como práctica de subalternación y dominación, de poder vejatorio de parte de un miembro del culto religioso”, resaltó el abogado Daives, sobre este lamentable hecho que sufrieron las jóvenes de la ciudad de Bandera.

“Estas personas merecen una reparación, mis respetos y admiración por lo que están haciendo”, contó, sobre la querella que se impulsa en la justicia para dar un sustento probatorio con el objeto de lograr la responsabilidad penal de Dorado.

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