Espiroplasma y virus en maíz: fructífero encuentro para buscar herramientas que ayuden a la toma de decisiones

El pasado viernes 19 de abril se concretó en el salón de la Estación Experimental Agropecuaria Quimilí la Jornada de capacitación sobre Espiroplasma y virus en maíz, organizada en forma conjunta entre INTA Quimilí y la Sociedad Rural del Noreste Santiagueño.

Esta contó con la participación del Ing. Agr. Luis Erazzú, director del Centro Regional Tucumán Santiago del Estero (CRTSE), del Ing. Agr. Eduardo Trumper, el coordinador del Programa Nacional de Protección Vegetal y del director de Agricultura de Santiago del Estero Wilson Michelini y su equipo de trabajo. Además, asistieron casi un centenar de participantes entre productores, técnicos y asesores de la región.

Tras la bienvenida a los participantes por parte del Ing. Agr. Gustavo Gerlero, director de INTA Quimilí, de Marcelo Herasimchuk, presidente de la Sociedad Rural de Quimilí, y del Ing. Agr. Luis Erazzú, director del CRTSE, disertó el Dr. Eduardo Virla, director de la Fundación Miguel Lillo, sobre “Aspectos claves de la bioecología del vector Dalbulus maidis, necesarios para pensar estrategias para su manejo”. Además, compartió un fructífero intercambio con los participantes, quienes elevaron diferentes consultas.

Posteriormente y sobre el tema “Identificación de enfermedades por virus y molicutes en maíz. Alternativas de manejo del achaparramiento”, expusieron la Ing. Agr. Maria de la Paz Gimenez Pecci del INTA IPAVE y el Ing. Agr. Marcelo Druetta del equipo de Protección Vegetal de INTA Quimili.

Como cierre de la jornada se realizó una recorrida por lotes de maíz del Campo Experimental en los que se hizo reconocimiento de síntomas de espiroplasma y escala sintomática.

Hipótesis

Los efectos de la chicharrita en diferentes regiones del país se han transformado en un problema de una envergadura muy importante, de carácter inusitado y con un nivel de intensidad completamente inesperado y a esa realidad no escapa la producción maicera de la región de Quimilí.

Eduardo Trumper, coordinador del Programa de Protección Vegetal de INTA, señalo que este tipo de jornadas como la realizada en Quimilí “Sirven para presentar lo que conocemos del problema y exteriorizar algunas preguntas que comienzan a surgir y tratar -con la interacción con los distintos actores del sector- de buscar soluciones lo más firmes posibles. De todas maneras, el problema tiene aristas muy novedosas, particularmente dado por el incremento poblacional de la chicharrita que nunca se había visto”.

Consultado sobre que sucedió en torno al incremento poblacional del vector indicó: “Tenemos muchas hipótesis que se están proponiendo a partir de la experiencia de distintos referentes. Algunas tienen que ver con las características de un invierno que en general ha sido muy benigno en términos de temperatura especialmente y en gran parte del país. Eso puede haber contribuido a una mayor supervivencia invernal del vector. En muchas zonas del país el invierno era suficientemente riguroso como para que este insecto, que es principalmente de distribución tropical y subtropical, haya sobrevivido hasta latitudes en las que antes no sobrevivía. Otra hipótesis es que ha habido una ventana temporal de fecha de siembra mucho más extensa y eso significa mayor continuidad de presencia del alimento sustancial para el vector que se alimenta exclusivamente del maíz y mayor superficie de ese cultivo sembrado”, dijo Trumper. Además, amplió: “El problema tiene muchas aristas, pero son estas dos hipótesis que se están esgrimiendo y explorando para tratar de comprobarlas para entender lo que pasó y poder proyectar escenarios a futuro que nos permitan orientar la toma de decisiones sobre como plantear la siembra en distintas regiones. No descartamos otras hipótesis como migraciones de largo alcance desde países limítrofes, alta capacidad de dispersión de la plaga por temperatura pero en conjunto todo esto y sumado al hecho del estrés hídrico y térmico que ha sufrido gran parte de la región maicera, se acentuaron los síntomas y la perdida de rendimiento con lo cual buena parte de lo que se está viendo en términos de reducción de rendimiento puede tener que ver, no solo con la incidencia y severidad del complejo achaparramiento, sino también con los efectos de los estreses térmico e hídrico”.

Alternativas de manejo

Otro de los disertantes que tuvo la jornada fue el Ing. Agr. Marcelo Druetta, investigador de INTA Quimilí, quien en su exposición integró todos los conocimientos sobre patosistema y vector para referirse a las prácticas que podrían implementarse para lograr el manejo de la enfermedad y que pueda esperarse de la misma en función de lo que se conoce de la dinámica del vector.

Druetta afirmó: “La campaña fue muy dura para los productores. Hubo presencia de la enfermedad con alta incidencia, mayor a lo que habitualmente estamos acostumbrados a ver, más allá de las condiciones climáticas que se dieron que fueron muy estresantes en determinados periodos del cultivo”.

Muchas de las preguntas que acercaron los productores giraron en torno a las prácticas realizadas, las que dejaron de hacerse y sobre todo, que pueden llegar a hacer hacía adelante para no tener tanta incidencia de la enfermedad. Ante esto el Ing. Agr. Marcelo Druetta expresó: “Es muy difícil una única respuesta, pero en función de lo que conocemos sobre cómo funciona el patosistema si podemos saber que una de las cosas más importantes a lograr es que baje la presión del vector. El vector es el responsable de la mayor o menor incidencia que podamos llegar a tener de la enfermedad.  Y ahí se discutió bastante la importancia de dejarlo sin alimento. Esta es una especie monofoga, vive y se reproduce sola en el cultivo de maíz, de ahí la importancia de tener un largo periodo sin maíz en la región para lograr que las poblaciones bajen. Lo otro que va a contribuir son las temperaturas, que tengamos un invierno dentro de todo normal, con bastantes heladas, pero uno de los factores importantes es dejar sin alimento al vector y en eso hablamos sobre maíces guachos, del control de este y después como se irá produciendo en las próximas campañas el escalonamiento de la siembra”.

La Ing. Agr. Maria de la Paz Gimenez Pecci explicó: “Esta es una enfermedad que acompaña al maíz. Muy probablemente este vector y la enfermedad evolucionaron junto con el maíz. Mientras el maíz era domesticado la enfermedad fue evolucionando a la par del cultivo. Entonces si ya la tenemos aquí hay que saber que saber que muy probablemente tengamos que convivir con la plaga y la enfermedad y nos va a tomar algunos años hasta que nos acomodemos, pero esperamos que en algunos años ya tengamos materiales tolerantes para esta enfermedad, así como tenemos ahora para el Mal de Río Cuarto”.

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