Menos turistas, menos dólares: el fracaso silencioso de la política
Mientras el Gobierno nacional intenta instalar el relato de una “temporada exitosa”, los números oficiales del propio Indec cuentan una historia muy distinta, y profundamente preocupante. En apenas dos años, la Argentina perdió más de dos millones de turistas internacionales y dejó de percibir alrededor de USD 2.000 millones en ingresos por turismo receptivo. No es un detalle técnico ni una estadística aislada: es el reflejo directo de un modelo económico que está expulsando divisas, empleo y desarrollo regional.
Desde la asunción de Javier Milei, el turismo receptivo cayó un 24%, una cifra demoledora para una actividad que históricamente fue uno de los motores más federales de la economía. En 2025 ingresaron apenas 8 millones de visitantes, de los cuales solo 5,3 millones fueron turistas reales (es decir, personas que pernoctaron y gastaron en el país). El resto fueron excursionistas de paso, con impacto económico mínimo.
En paralelo, 18,8 millones de argentinos viajaron al exterior, impulsados por un dólar artificialmente planchado que vuelve barato gastar fuera y caro vacacionar dentro del país. El resultado es tan lógico como devastador: más salida de dólares, menos ingreso de divisas y una balanza turística cada vez más negativa.
El contraste con la región es contundente y deja sin argumentos al discurso oficial. Brasil tuvo el mejor año de su historia, con 9.287.000 turistas internacionales. Y el dato más elocuente: casi un cuarto de los argentinos que viajaron al exterior eligieron Brasil. Más de 4,6 millones de turistas que gastaron su dinero en el país vecino en lugar de hacerlo en destinos argentinos. Hoteles, restaurantes, agencias de viaje, guías turísticos y economías regionales locales fueron los grandes perdedores de esta decisión política.
Aquí no hay casualidades. La caída del turismo no es producto del clima ni de una supuesta falta de promoción, sino de malas políticas económicas: atraso cambiario, desincentivo a la producción local, ajuste brutal del Estado y ausencia total de una estrategia turística nacional. A esto se suma un mensaje oficial que desprecia el rol del Estado en la planificación y promoción internacional, como si el turismo se desarrollara solo por “libre mercado”.
El secretario de Turismo, Daniel Scioli, repite consignas optimistas, pero la realidad golpea con fuerza en cada destino del interior. Menos turistas significan menos trabajo, menos consumo, menos recaudación y más cierre de emprendimientos. El turismo no es solo vacaciones: es empleo joven, arraigo territorial y generación genuina de dólares.
La Argentina no perdió turistas por mala suerte. Los perdió por decisiones políticas. Y mientras el Gobierno celebra números maquillados, el país sigue vaciándose de visitantes, de ingresos y de oportunidades. El turismo, una vez más, paga el precio de un modelo que prioriza la ideología antes que la realidad.





