Jornada negra en Santiago del Estero: dolor, luto y un llamado urgente a recapacitar
Santiago del Estero vivió horas de profunda tristeza y conmoción tras una jornada marcada por la pérdida irreparable de vidas humanas. Tres tragedias distintas, ocurridas en rutas y hogares de la provincia, enlutan al pueblo santiagueño y dejan familias destrozadas por el dolor.
El fallecimiento de Agustín Galván (21), quien no logró recuperarse de las graves heridas sufridas tras un siniestro vial en Villa Río Hondo, cerró de la peor manera un episodio que ya se había cobrado la vida de Franco Silva. Dos jóvenes, proyectos truncos y familias sumidas en el dolor, vuelven a poner en evidencia la dramática realidad de los accidentes de tránsito en rutas provinciales, muchas veces atravesadas por imprudencias, excesos y falta de conciencia.
A esta tragedia se sumó la muerte de Marcia Luna, joven madre que luchó durante semanas tras sufrir gravísimas quemaduras en un incendio doméstico. Su fallecimiento no solo deja huérfanos a sus hijos, sino que expone, con crudeza, los riesgos cotidianos que pueden transformarse en tragedia en cuestión de segundos. El incendio consumió su hogar y terminó llevándose su vida, dejando una familia prácticamente con lo puesto y un vacío imposible de llenar.
La tercera pérdida fue la de Mario Edgardo Tenaglia, quien murió al volcar su camioneta sobre la Ruta Nacional 9 cuando regresaba de Córdoba. Un accidente fatal que vuelve a teñir de luto a una conocida familia santiagueña y reaviva la preocupación por la seguridad vial en rutas nacionales y provinciales, escenarios frecuentes de hechos trágicos.
Estas muertes no son solo estadísticas. Son nombres, rostros, historias, sueños y afectos que ya no están. Son padres, madres, hijos y hermanos que hoy lloran una ausencia definitiva. El pueblo santiagueño acompaña ese dolor y se une en un sentimiento colectivo de tristeza y consternación.
Ante este panorama desolador, el llamado es claro y urgente: recapacitar como sociedad. Respetar las normas de tránsito, evitar conductas riesgosas, extremar cuidados en el hogar y comprender que cada decisión —por mínima que parezca— puede tener consecuencias irreversibles. Ninguna imprudencia vale una vida.
Que esta jornada negra no pase en vano. Que el dolor se transforme en conciencia, y la tragedia en un compromiso real de cuidado y responsabilidad. Por quienes ya no están y por quienes aún podemos proteger.





