La casa del horror: femicidio y suicidio sacuden a Santiago y Tucumán
El silencio de la mañana se quebró de la forma más brutal. Detrás de un portón cerrado, en una vivienda humilde de Taco Ralo, se escondía una escena que marcaría para siempre a dos provincias. Una mujer asesinada y un hombre muerto por su propia mano. Un final violento que dejó conmoción, tristeza y demasiadas preguntas sin respuesta.
El hecho salió a la luz cerca de las 8 de la mañana, cuando Ana Margarita Albornoz llegó a la comisaría local con un presentimiento oscuro. No lograba comunicarse con su hermano, Orlando Vicente Albornoz, de 60 años, y temía que algo grave hubiera ocurrido. Pidió acompañamiento policial y juntos se dirigieron a la vivienda ubicada sobre calle Libertad, sin número.
Nadie estaba preparado para lo que iban a encontrar.
Fue la propia mujer quien abrió el portón. El recorrido por la casa fue breve y silencioso: cocina, comedor, un pasillo angosto… y el dormitorio. Desde la puerta entreabierta, los efectivos observaron una escena estremecedora. Sobre la cama, atravesados en posiciones opuestas, yacían dos cuerpos sin vida. La mujer, boca abajo. El hombre, boca arriba. El dormitorio se había convertido en una postal del horror.
Identificación y primeras hipótesis
Las víctimas fueron identificadas como Luisa Elizabeth Mendoza, de 50 años, nacida en Tucumán pero radicada desde hace siete años en San Pedro de Guasayán, Santiago del Estero, y Orlando Vicente Albornoz, domiciliado en Taco Ralo.
Según las primeras averiguaciones, se trataba de una pareja con un pasado compartido y vínculos familiares en ambas provincias. La Justicia investiga el caso como femicidio seguido de suicidio, activándose de inmediato el protocolo para muertes violentas y violencia de género.
Peritos de Criminalística trabajaron durante horas en la vivienda, preservando cada detalle de la escena, mientras la fiscalía intentaba reconstruir las últimas horas de vida de la víctima.
La historia detrás del crimen
Luisa Mendoza era madre. Tenía hijas de una relación anterior que viven en San Pedro de Guasayán y un hijo de 6 años fruto de su vínculo con Albornoz. Ese niño hoy es una de las víctimas invisibles de la tragedia.
Una pregunta desvela ahora a los investigadores:
¿por qué Luisa viajó desde San Pedro de Guasayán hasta Taco Ralo, distante apenas diez kilómetros, y en qué contexto ocurrió ese traslado que terminó en su muerte?
Nada parece haber sido improvisado.
Uno de los datos más inquietantes es que, antes del crimen, Albornoz habría dejado al niño al cuidado de una hermana. Para los fiscales, ese gesto podría indicar una planificación previa, un paso deliberado antes de desatar la violencia.
Conmoción en el pueblo
El impacto fue inmediato. Taco Ralo amaneció paralizado por el espanto.
El comisionado comunal Paolo Luján expresó el sentimiento generalizado de la comunidad:
“Estamos atravesando un momento muy triste. La localidad está conmocionada. Son dos muertes de la nada, nadie imaginaba un desenlace así”.
Confirmó además que los familiares de Luisa solicitaron la colaboración del Centro Integrador Comunitario (CIC) para despedirla, en medio del dolor que une a Tucumán y Santiago del Estero en una misma tragedia.
Un hombre conocido y un final oscuro
Orlando Vicente Albornoz no era un desconocido en Taco Ralo. Participaba de destrezas gauchas, era artesano del cuero y mantenía vínculos cotidianos con vecinos y feriantes. Esa imagen pública contrasta hoy con el final sangriento que dejó una marca imborrable en la comunidad.
La casa quedó en silencio. El dormitorio sellado por la Justicia. Y una historia que, lejos de cerrarse, sigue generando interrogantes.
Porque detrás de la escena del horror, quedan vidas rotas, un niño sin padres y dos pueblos intentando entender cómo la violencia volvió a ganar.





