Una familia que recorre Santiago del Estero con fines solidarios

Una Navidad diferente para la gente de Rubia Paso y a Quimilí Paso

El grupo familiar recorre, junto al lugareño Renzo Galeano, los parajes santiagueños de Rubia Paso y Quimilí desde hace ya cuatro años.

Para Carolina (50), Marina (45), Guillermina (48) y sus hijos las tareas de Navidad ya no pasan por organizar quién cocina el vitel toné, quién pone la casa para el festejo familiar o se ocupa de comprar los regalos para los más chicos. Para ellos, los preparativos arrancaron hace casi un año: en enero ya empezaron a recibir donaciones, a mitad de año ya «apalabraron» a un camión que pueda llevar las bolsas de comida, ropa y juguetes y ahora solo les queda asegurarse de que el resto de su familia arranque el festejo de Nochebuena a horario para que a las cinco de la mañana del 25 diciembre, puedan subirse al auto y emprender el viaje solidario que hacen todos los años a Santiago del Estero.

Todo empezó en 2013 cuando Carolina Reymundo Roberts, fanática del folclore, viajó junto a su mamá a la capital de Santiago del Estero «para disfrutar de la música». Como ya conocía esos lugares y sus necesidades, esa vez llenó su camioneta con objetos para donar y los entregó a la organización Haciendo Camino. Sin embargo, cuando al año siguiente repitió la visita, sintió que se estaba quedando «corta» porque «dejaba las donaciones en la fundación y no interactuaba de primera mano con quienes las recibían». Fue entonces que conoció «de pura casualidad» a Renzo Galeano (32). «Veníamos manejando por la ruta 92 y ví que había un taller de carpintería. Paré de chusma, me bajé del auto y me puse a charlar con uno de los carpinteros. Él me contó sobre las carencias de la gente que vivía en los parajes Rubia Paso y Quimilí Paso y me pasó su teléfono», recuerda Carolina.

En 2015, luego de conocer al artesano y carpintero, comenzó a movilizarse para conseguir aún más donaciones. Pero esta vez, su idea era distinta: quería irse sola a conocer los parajes que le había mencionado Renzo y llevarle «una alegría» a sus habitantes. Para su sorpresa, Carolina consiguió un montón de donaciones de conocidos del trabajo y de amigos cercanos: «Yo pensaba que era un raye mío, pero a la gente le encanta participar». Fue tal el impacto, que apenas lograba cargar todo en su auto. Su hermana Marina notó que ya no daba a basto con la cantidad de objetos y un día la miró muy seriamente y le dijo: «Ya no te entra nada más. Voy con vos». Su única condición fue que la esperara hasta la semana de Navidad: «Era el momento que tenía libre en el laburo y además, era nuestra oportunidad para transformar las fiestas en algo especial y sacarle el tinte superficial que solían tener», explica Marina.

Entonces, de a poquito, fueron convocando a más gente del entorno familiar. Los primeros en dar el sí fueron los hijos de Marina: Candelaria (20), Gastón (19) y Olivia «La Pitu» (12). Después, se sumó una amiga de ambas, Guillermina Beccar Varela (48) junto a su hija Florencia (21), y los sobrinos de las Reymundo, Pedro (22) y Marcos (24). Finalmente, el 24 de diciembre a la mañana, uno de los hijos de Carolina, Facundo (20), le dijo: «Bueno, voy con ustedes». Ya pasaron cuatro años desde el primer viaje y el grupo de 10 personas se mantiene intacto. El resto de la familia, también acompaña pero desde otro lugar: «Lo entienden y les encanta. Por eso nos apoyan al momento de planificar las fiestas. Especialmente, nuestra mamá Marta, está orgullosa de este viaje porque vivió en Santiago», cuenta Marina.

Todos los años se hospedan en un hotel de Colonia Dora, a 38 km del paraje Rubia Paso. Se despiertan «al alba», cerca de las cinco de la mañana ya están arriba y listos para recorrer los ranchos que les indica Renzo. «Les llevamos donaciones pero lo material es solo una excusa. En verdad, privilegiamos el compartir un pan dulce, una guitarreada o una charla», asegura Marina. Además, las hermanas cuentan que no pertenecer a una organización o una iglesia las ayudó a generar más confianza con los lugareños: «Simplemente somos una familia que visita a otras familias, el año pasado llegamos a recorrer 100 viviendas».

La mayor carencia de la gente que vive allí es la falta de servicios médicos. El año pasado, vivieron esta dificultad en primera mano cuando debieron asistir de urgencias a María, una señora que se había enganchado la pierna con un alambre y como consecuencia, no podía caminar: «Sacamos el botiquín del auto e hicimos lo que pudimos. También hay muchos que sufren de diabetes, ceguera y malnutrición», detalla Carolina. El único centro de atención médica en la zona es una posta sanitaria en Quimilí Paso, lo que significa un problema para los lugareños ya que muchos no tienen los medios para viajar y tampoco están acostumbrados a salir de sus ranchos: «Les cuesta la socialización», afirma Carolina.

Una vez que regresan del viaje de seis días, Carolina y Marina aseguran que les queda «el corazón contento». «Es algo que nos llena el alma -describe Carolina-, esperamos todo el año para esto». También, entre las cosas que más les sorprenden año a año es la predisposición de los más jóvenes del grupo: «Nunca los obligamos a venir, ellos lo hacen por voluntad propia, cuando podrían estar de viaje con sus amigos o descansando». Incluso, este año debieron adelantar la fecha ya que por lo contrario, los hijos de Marina no hubieran podido ir: «Esta es la mejor enseñanza que les pude haber dejado, hacerles saber que hay gente con otra realidad», indica su mamá.

En un futuro y, casi como una «aspiración utópica», Carolina espera intensificar su misión solidaria: «Cuando me retire quiero recorrer toda la Argentina haciendo lo mismo que hacemos en Santiago. Igualmente, nunca dejaría de venir a Rubia Paso y a Quimilí Paso porque ya creamos un vínculo y estamos comprometidos con ellos», cuenta. Su hermana Marina concuerda con ella y añade: «Aún nos queda muchísimo por conocer y hacer en otros lugares».

Cómo colaborar
Necesitan de calzado, juguetes y alimentos no perecederos para llevar a los habitantes de Rubia Paso y Quimilí. Para colaborar, comunicarse con: [email protected]

Por: María Paz Rambaud
Fuente La Nacion

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