Faena clandestina: el delito que golpea al productor y no logra frenarse en el interior
El flagelo del abigeato vuelve a poner en alerta al sector ganadero del interior santiagueño. Esta vez, un productor del departamento Banda sufrió la faena clandestina de tres vacas de raza Bradford, en un hecho que dejó pérdidas económicas millonarias y reavivó la preocupación por un problema que, lejos de erradicarse, se repite con frecuencia.
El episodio fue denunciado en la Comisaría Comunitaria N° 26 y ocurrió en la estancia “Ana Belén”, ubicada sobre la Ruta Nacional 34, en la localidad de Abra Grande. El damnificado, un hombre de 54 años domiciliado en Los Herrera, relató que cerca de las 7 de la mañana ingresó al establecimiento junto a sus empleados para realizar tareas habituales, cuando descubrieron la faena ilegal de los animales.
Según consta en la denuncia, los autores —hasta el momento desconocidos— sacrificaron los tres vacunos a unos 200 metros del portón de ingreso del campo y luego huyeron del lugar, llevándose gran parte de la carne. Los ejemplares pertenecían a la reconocida raza Bradford, altamente valorada dentro del circuito productivo por su genética y rendimiento.
Cada uno de estos animales puede alcanzar valores de entre 2 y 4 millones de pesos, dependiendo de sus características, lo que ubica el perjuicio económico total en cifras millonarias. Sin embargo, más allá del impacto económico, los productores advierten que este tipo de delitos genera un daño estructural: desalienta la inversión, afecta la producción y profundiza la sensación de desprotección en las zonas rurales.
Tras el hecho, la fiscalía interviniente ordenó la participación de la Brigada Interna para avanzar con las investigaciones y tratar de identificar a los responsables. No obstante, el caso vuelve a poner sobre la mesa una problemática histórica en el interior: la faena clandestina y el abigeato siguen siendo delitos difíciles de prevenir y controlar.
Productores de la región coinciden en que, pese a los operativos y controles, la modalidad persiste y se adapta, aprovechando la extensión territorial, la falta de vigilancia permanente y, en algunos casos, la complicidad en la cadena de comercialización ilegal.
Mientras tanto, el reclamo del sector es claro: mayor presencia policial en zonas rurales, controles más estrictos sobre la venta de carne y un abordaje integral que permita atacar no solo a quienes ejecutan el delito, sino también a quienes forman parte del circuito clandestino que lo sostiene.





