La crecida del Río Dulce puso en jaque a Santiago, pero las defensas evitaron una catástrofe
Las intensas lluvias registradas en la capital santiagueña, sumadas al fuerte aumento del caudal del Río Dulce por las descargas del Embalse Río Hondo, generaron un escenario crítico que pudo haber provocado graves inundaciones en varios barrios. Sin embargo, las obras de defensa construidas en la ribera, especialmente la Costanera, resultaron decisivas para contener el avance del agua y evitar una tragedia mayor.
La ciudad de Santiago del Estero estuvo esta semana al borde de enfrentar una de las emergencias hídricas más graves de su historia reciente. La combinación de intensas lluvias, el aumento del caudal en la cuenca alta y una fuerte erogación desde el Embalse Río Hondo generaron un escenario que, según especialistas, podría haber provocado una catástrofe urbana. Sin embargo, la infraestructura de defensas construida sobre la ribera del río Dulce, especialmente la Costanera, resultó clave para evitar consecuencias mayores.
Así lo explicó la intendente de la Capital, Norma Fuentes, durante una entrevista radial en la que brindó detalles del operativo desplegado y del papel fundamental que cumplieron las obras hidráulicas para contener el avance del agua.
Un fenómeno extraordinario
De acuerdo con la jefa comunal, la situación se originó a partir de una serie de factores que coincidieron en un corto período de tiempo. En primer lugar, la ciudad registró precipitaciones superiores a los 110 milímetros en apenas unas horas, un volumen que por sí solo ya representa un desafío para cualquier sistema de drenaje urbano.
A este escenario se sumaron las lluvias intensas en la cuenca alta del río, particularmente en Tucumán, lo que incrementó el caudal que desciende hacia territorio santiagueño. Paralelamente, desde el dique frontal del Embalse Río Hondo se dispuso una descarga cercana a los 1.800 metros cúbicos por segundo, una cifra considerada extremadamente elevada.
Especialistas en hidrología señalaron que este tipo de fenómenos poseen una recurrencia muy baja, es decir, eventos que pueden presentarse cada 200 o 300 años, lo que da cuenta de la magnitud del episodio vivido en la región.
La Costanera, una barrera decisiva
Frente a ese escenario crítico, las defensas construidas sobre la ribera del río demostraron su importancia estratégica. Según explicó Fuentes, la Costanera funcionó como una barrera de contención que permitió sostener la estabilidad de varios sectores urbanos ubicados cerca del cauce.
“La Costanera ha trabajado muy bien, funciona muy bien y da garantía de estabilidad”, señaló la intendente, al destacar que se trata de una obra ejecutada por el Gobierno de la provincia y posteriormente complementada con refuerzos y mejoras realizadas por el municipio.
Las autoridades coinciden en que, sin esta infraestructura, varios barrios cercanos al río Dulce podrían haber sufrido anegamientos severos o incluso desbordes que habrían afectado viviendas, calles y servicios esenciales.
De hecho, antes de la construcción de estas defensas, lluvias de menor intensidad ya provocaban inconvenientes importantes en zonas ribereñas de la capital santiagueña.
Monitoreo permanente y despliegue operativo
Durante los momentos más críticos de la crecida, el municipio activó un amplio operativo de control y asistencia. Según detalló Fuentes, el sistema de monitoreo permitió seguir en tiempo real la evolución del río y de los desagües urbanos.
“Hoy no hay nada que se produzca en la ciudad que no esté monitoreado”, afirmó la jefa comunal, al destacar el trabajo conjunto entre el municipio, organismos provinciales y equipos técnicos vinculados a universidades.
En el pico de la emergencia se desplegaron más de 30 camiones y equipos especiales destinados a tareas de drenaje, limpieza de desagües y asistencia en distintos sectores de la ciudad.
Uno de los puntos más sensibles fue el sector de La Católica, donde se instalaron bombas para evitar que los conductos pluviales que desembocan en el río se saturaran y provocaran inundaciones en barrios cercanos.
Actualmente el caudal del río Dulce comenzó a descender de manera gradual, aunque las autoridades advierten que el proceso es lento debido al enorme volumen de agua que aún circula por la cuenca.
Basura en los canales: un problema que agrava las lluvias
Durante las tareas de limpieza y monitoreo, los equipos municipales detectaron otro factor que complicó el normal escurrimiento del agua: la presencia de residuos en los canales pluviales.
La intendente reveló que la ciudad cuenta con 57 kilómetros de canales de desagüe, los cuales son limpiados periódicamente. Sin embargo, en distintos puntos se encontraron bolsas de basura, colchones, sillones y restos de escombros que obstaculizaban el paso del agua.
Este tipo de residuos reduce la capacidad de drenaje del sistema pluvial y puede provocar anegamientos incluso en lluvias de menor intensidad.
Por ese motivo, Fuentes realizó un llamado a la comunidad para evitar arrojar residuos en la vía pública o en los desagües, una práctica que —según remarcó— agrava considerablemente los efectos de los temporales.
Planificación que evitó lo peor
A pesar de la magnitud del fenómeno, la ciudad logró atravesar el episodio sin daños estructurales graves ni evacuaciones masivas. Para las autoridades, este resultado fue posible gracias a la combinación de obras hidráulicas, planificación urbana y coordinación entre distintos organismos.
La reciente crecida del río Dulce no solo puso a prueba la infraestructura de defensa de la capital santiagueña, sino que también dejó una conclusión clara: sin las obras realizadas en los últimos años, el escenario podría haber sido muy distinto.
“Cuando se toman decisiones con racionalidad técnica y planificación, se pueden enfrentar este tipo de fenómenos extraordinarios”, concluyó la intendente Norma Fuentes.





