Las inundaciones golpean a las familias, a los animales y a toda la producción rural en Atamisqui y Salavina
La emergencia por las inundaciones en el interior santiagueño ya no sólo expone el drama de las familias aisladas y evacuadas, sino también el grave impacto que el avance del agua está provocando sobre los animales y la producción de subsistencia en los departamentos Atamisqui y Salavina.
En las zonas rurales más afectadas, el desborde del río dejó campos completamente anegados, majadas atrapadas, rodeos bovinos sin posibilidad de ser trasladados y sistemas productivos al borde del colapso. La situación encendió una fuerte alarma entre técnicos y pobladores, que advierten sobre una crisis agropecuaria de enorme magnitud.

Rita Luna, técnica de extensión del INTA en la unidad Loreto-Atamisqui, describió un panorama dramático en comunidades de Villa Atamisqui y parajes como Juanillo, Los Tolosa, Los Peralta y Soconcho, donde el agua avanzó con fuerza y dejó a más de 60 familias aisladas. Pero el problema no termina allí: junto con las viviendas y caminos, también quedó bajo amenaza el principal sustento económico de los pobladores.
“Estamos frente a una emergencia agropecuaria y caprina gravísima”, alertó la especialista, al explicar que muchas majadas caprinas quedaron encerradas en campos inundados, lejos de las zonas secas donde pudieron refugiarse sus dueños. En algunos casos, los animales permanecen sobre albardones o hasta en techos de viviendas, sin pastura ni alimento, mientras el rescate resulta casi imposible.
La producción caprina representa una fuente esencial de ingresos para muchas familias campesinas, al igual que la cría bovina, que también sufre las consecuencias del agua en sectores rurales donde los animales no pueden ser arreados ni reubicados con facilidad. La pérdida de hacienda, en este contexto, significaría un golpe devastador para economías ya frágiles.
Ese es precisamente uno de los motivos por los que numerosos productores se resisten a evacuar. Para ellos, abandonar el lugar implica dejar atrás no sólo sus pertenencias, sino también su capital productivo. “Nos sacan a nosotros, pero mis animalitos quedan”, repiten con angustia quienes ven cómo el agua encierra a sus majadas y amenaza con llevarse años de esfuerzo.
A esta situación se suma la posible pérdida total de huertas, gallinas, cultivos y reservas de alimento. En buena parte de Atamisqui y Salavina predomina un sistema de autoproducción que permite a las familias sostenerse durante el año con cría de cabras, vacunos, aves, huevos, pequeñas huertas y sembradíos. Todo ese esquema hoy está en riesgo por la persistencia y la intensidad de la creciente.
La llegada del agua se produjo además en un momento clave del calendario rural, cuando muchas familias se encontraban preparando la siembra de alfalfa y organizando nuevas huertas. El impacto, por lo tanto, no sólo compromete el presente inmediato, sino también los meses venideros, ya que pone en jaque la disponibilidad de alimentos y la recuperación económica de las comunidades.
Con caminos cortados, familias aisladas y animales atrapados, la emergencia en Atamisqui y Salavina se profundiza hora tras hora. Lo que ocurre en esa región del sur santiagueño ya no puede leerse únicamente como una contingencia hídrica: se trata de una crisis social, productiva y humanitaria que amenaza el modo de vida de decenas de familias campesinas.





