Santiago del Estero, tierra de leyendas y tradiciones ancestrales: «La Telesita, vivía en la espesura del monte»

¿Conoces la leyenda de #LaTelesita? Te invitamos a conocer esta historia de la tradición santiagueña

La ternura popular la apodó Telesita, aunque no faltó quienes le dieran nombre y apellido para certificar su existencia.

Cuenta la leyenda que vivía en la espesura del monte, del cual salía al escuchar los acordes melodiosos de la música. Sola, descalza y desgreñada llegaba y se ponía a bailar. Bailaba sola, embriagada en el delirio de la danza. Al amanecer partía siempre sola, rumbo a su monte familiar.

En una fiesta no apareció. Los paisanos extrañados salieron en su búsqueda. Sólo encontraron su cuerpecito calcinado por las llamas. Murió joven, y desde ese día los paisanos la recordaban en todas sus fiestas. La recordaban de la manera que a ella le gustaba: bailando y cantando, disfrutando de la vida.Tal vez por casualidad, tal vez fue el destino, pero el pedido se cumplió. Y poco a poco el baile fue tomando su nombre. Y había más gente que pedía. Que pedía lluvia, que pedía encontrar un animalito perdido, pedía por su salud deteriorada, pedía todo en el fragor del baile. Del baile mágico, porque tiene un toque cabalístico, ya que el promesante debe bailar siete chacareras y tomar él y su compañera, después de cada vuelta, una copa de vino o licor, que si llegara a sobrar los únicos que pueden beberla son los músicos.

Finalizado el baile se quema un muñeco de paja que la representa, y que durante toda la fiesta está colgado en el alero del rancho, con una cortinita blanca detrás. Y aquí nuevamente están presentes los símbolos: el blanco de su pureza y virginidad; el fuego: su martirio, su purificación y a la vez el elemento que la deificó en la creencia.

Historia

Telesita o La Telesita, es el nombre con que se conoció a Telésfora Castillo o Telésfora Santillán, una joven argentina de la provincia de Santiago del Estero, conocida por su gusto por la danza, que murió quemada en la segunda mitad del siglo XIX. Luego de su muerte, las creencias populares regionales la convirtieron en «alma en pena» y «alma milagrosa», preservando su memoria de manera legendaria y mediante la tradición oral. Al invocarse a la Telesita, se exalta su pasión por el baile y las características trágicas de su muerte. La leyenda de la Telesita pertenece al folklore santiagueño y ha inspirado gran cantidad de canciones, poesías y relatos, entre ellas una de las melodías más antiguas que se conocen del estilo folklórico conocido como chacarera, recopilada a comienzos del siglo XX por Andrés Chazarreta.

La leyenda de la Telesita, dio origen a un rito particular, una especie de rogativa conocida como telesiada, bajo la forma de rezabaile, mediante el cual, cuando una persona pierde un objeto, la comunidad o sus conocidos organizan una jornada de baile con consumo de alcohol, que se inicia siempre con un chacarera, en la que no se puede cambiar de pareja y se baila hasta caer rendido.
La folkloróloga Berta Vidal de Battini recopiló versiones orales de la vida legendaria de la Telesita, difundidas a su vez por Perla Montiveros de Mollo. La siguiente es la transcripción textual de una de ellas:

La Telesita había sido hija única de padres muy ricos. Murieron los dos y como la niña era inocente, ella empezó a dar todo, todo lo que tenía. Las prendas de oro, de plata, la hacienda que ella tenía de la que buscaran, todo se le fue. Y empezó a cantar y bailar. Por ahí le entró. No quedó bien de la cabeza cuando murieron los padres y se fue al monte. A veces llegaba a las casas y le daban de comer. La Telesita era como adivina. Cuando decían en tal parte va a haber un baile, ella ya lo sabía y allá se iba. En las trincheras, como llaman en los pagos lo que rodea el patio para las fiestas, ahí en esa basura que se amontonaba, ahí amanecía la Telesita. Todo el mundo le tenía lástima. Cuando terminaba el baile ya salía cantando esa chacarera que cantaba. Y siempre estaba en los montes. Murió quemada, ardida. Se arrimó a un tronco que había estado quemando porque le hacía frío. Se acostó allí y el fuego siguió marchando y se quemó todo. La recogió una señora que era vecina de nosotros, Doña Fernanda Escobar, que ya era vieja. Ella la llevó a su monumento y la sepultó. Y empezó a hacerle las promesas. Una vez había tenido un chancho para carnear y una noche se lo roban del corral. Ella dice:
– No, mi chancho va a salir. Telesita, te ofrezco un baile. Voy a tomar siete copas de caña y voy a cantar siete chacareras si me lo haces aparecer(…)

Es un alma muy milagrosa. Todos en Santiago le hacen promesas.
La trágica muerte de la Telesita dio origen a la creencia de que, luego de morir se convirtió en un «alma en pena» y a la vez en un «alma milagrosa», es decir capaz de producir milagros si se la invoca. La Telesita ha sido asociada al hallazgo de cosas perdidas o robadas, pero también para encontrar agua, provocar lluvia y otro tipo de necesidades. Para cumplir las promesas a la Telesita se originó la costumbre de organizar telesiadas.

La telesiada es una especie de rogativa que consiste en una jornada de baile durante la cual se toma alcohol (aloja, vino o caña), y en los que las parejas no pueden cambiarse, debiendo bailar hasta caer rendidas. En las telesiadas es habitual quemar un muñeco que representa la muerte de la Telesita, o semigajar un angelote de pan hecho especialmente.

Ricardo Rojas, en su libro El país de la selva (1907), sobre Santiago del Estero, describe una telesiada del siguiente modo:

No siendo carnaval, ni reyes, ni noche buena, ni otra alguna de las ocasiones clásicas, pregunté el motivo de la fiesta. – Es una promesa a la Telesita. – me bisbiseó un paisano cuyo bigote en garfio adornaba las ondas comisuras de su boca sensual. Averigüé quién era la Telesita, y él respondióme con laconismo reacio: – Ánima milagrosa… Como en ese instante se acercaba el ladino de la casa, él abundó en explicaciones. – Si usted quiere ganar una carrera, o sanar un enfermo, o encontrar una cosa que se le pierda… vamos: algo que usted desea le hace una promesa a la Santa. – ¿Promesa de qué? – De ponerle un baile…
Aduciendo sentir lástima infinita por la infeliz, que lleva la mirada extraviada, que durmiendo a veces a la vera de los caminos, y a quien algún paisano piadoso le presta un catre donde descansar fatigosas jornadas y un lienzo, para tapar su magro cuerpo lacerado, los santiagueños supersticiosos hacen en su honor bailantas. Además de sentir penas por la desgraciada, creen que es muy milagrosa, que para conseguir sus favores debe bailarse en su nombre, porque a ella eso le gusta mucho. Quienes conocen su historia dicen que en vida era afecta a los bailes y a “tomar” (beber bebidas alcohólicas). Siempre andaba descalza, hasta que un día murió quemada en un incendio del monte.
Chupan (beben), bailan y cantan. Primero lo hace el promesante, que debe tomar siete copas por ella. Luego baila siete chacareras descalzo, y sigue chupando entre danza y danza, hasta que se consumen las siete velas encendidas en un tosco altar dentro del rancho. Recién entonces, comienza la algarabía general, entregándose todos a la descontrolada bacanal de alcohol, asado y empanadas, bailando ya gatos, escondidos, malambos, zambas y chacareras, en medio del estruendo y humo de los cohetes. La música se ejecuta con guitarra, bombo y bandoneón.


De Hoyos y Migale describen la telesiada, como una ceremonia que organiza un «promesante», quien a su vez lo hace para obtener determinado favor de la santa. El promesante prepara una especie de pan con forma de ángel, del tamaño de un niño, que representa el espíritu de la Telesita y que permanecerá en una mesa en el centro del patio, cubierto de un mantel blanco y rodeado de velas y flores. Los participantes deben tener auténtica devoción y una intención honesta de cumplir la promesa, a través de la música, el baile y el consumo de bebida alcohólica. La telesiada siempre comienza bailando siete chacareras seguidas y al finalizar cada una hay que tomar una copa de alcohol. Luego todos los participantes se suman al baile debiendo hacerlo hasta que el promesante caiga rendido, momento en el que el ritual se ha cumplido. Entonces se apagan las velas y una joven elegida, toma el ángel y lo deshace repartiéndolo entre los participantes, quienes los comen con un trago de alcohol. Otra modalidad es hacer un muñeco de papel o trapo y quemarlo al final.

Fuera de las telesiadas, existe la creencia también de que la Telesita se aparece para hacer el bien, siempre descalza y con ropas andrajosas.

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