La activista trans, Luisa Paz, se convirtió en mamá y abuela tras un proceso de adopción

Los pretensos adoptantes, Luisa Paz y su compañero José Coria

El Poder Judicial santiagueño concedió la guarda con fines de adopción de dos adolescentes y las hijas de una de ellas. Así, Luisa Paz, referente trans, delegada del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) en la provincia y su esposo, José Coria, se convirtieron en padres y abuelos al mismo tiempo.
La Dra. Carolina Agüero, coordinadora del Registro Único de Adopción (RUA) contó que el trámite comenzó antes de que se produjera la pandemia, en momentos en que las adolescentes tenían 14 y 16 años. La mayor de ellas, ya era mamá de una beba y una niña de 2 años y ambas residían en el Hogar Eva Perón.


Los pretensos adoptantes, Luisa Paz y su compañero José Coria, estaban inscriptos en el RUA y habían asistido a los talleres de sensibilización, dando cumplimento a todos los pasos que exige la ley y quedaron a la espera de ser convocados por el organismo judicial.

Posteriormente, Paz concurrió al Hogar Eva Perón por la organización de un ciclo de capacitaciones, en su rol de delegada en la provincia del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). En esa circunstancia conoció, de manera general, la situación de las adolescentes que residían allí, por lo que de común acuerdo con su pareja, pidieron formalmente vincularse con ellas.

“Nos atravesaron sus historias de vida y nos dimos la oportunidad de cambiar el rumbo que tenían, para construir de una manera armoniosa su proyecto de vida”, afirmó Luisa.

Aceptada la propuesta por los equipos técnicos de las instituciones vinculadas a la temática adopción, las dos adolescentes y las hijitas de una de ellas comenzaron a vivir con quienes pretenden ser sus padres adoptivos.

Sobre el particular, Paz comentó: “A medida que nos fuimos conociendo cambiamos la mirada que teníamos cuando decidimos adoptar, porque nos permitió comprender muchas cosas y conocer sus necesidades. Básicamente, lo que ellas requieren es amor, comprensión y protección, como toda adolescente o niña”.

Como la familia estaba transitando el período de adaptación cuando comenzó la pandemia, es que se generó una situación particular, tal como lo explicó la mamá adoptiva: “En nuestro caso nos vino de diez, porque fortaleció este vínculo que era incipiente, ya que nos permitió compartir mucho más tiempo de convivencia por las restricciones de circulación durante la primera fase. Son personas maravillosas, que a cada momento nos están educando y nos construimos como familia”.

Por otra parte, sostuvo que “fuimos muy bien tratados durante todo el proceso de adopción, tanto en el RUA como en el Hogar Escuela, ya que nos estamos comunicando con ellos, lo que facilita la adaptación porque no nos sentimos solos como pareja, dado que siempre están dispuestos a ayudarnos”.

Finalmente, cerró el diálogo con el Área de Prensa del Poder Judicial con esta reflexión: “Es importante que sepan que no teman adoptar adolescentes, porque ellos no vienen con un chip de haber tenido padres ausentes o con características de sus progenitores, porque con mi compañero descubrimos a través de la convivencia, que todos los prejuicios que instala la sociedad son infundados, pues ellas tienen el mismo comportamiento que cualquier persona de su edad con familias constituidas”.

Más Noticias de hoy