La CGT se pone en movimiento y define paros y movilizaciones contra la reforma laboral
La Confederación General del Trabajo (CGT) vuelve a ubicarse en el centro de la escena política nacional. Este viernes, desde las 11 de la mañana, el Consejo Directivo se reunirá en la histórica sede de Azopardo para resolver los próximos pasos del plan de lucha frente al inminente tratamiento de la reforma laboral en el Senado.
El encuentro, convocado con carácter urgente, se da en un clima de tensión creciente dentro del sindicalismo argentino, donde se profundiza una discusión clave: si la central obrera mantiene una estrategia de negociación política o si avanza hacia un paro nacional y una movilización masiva en la jornada del debate legislativo.
Dos posturas enfrentadas en la CGT
Según trascendió, el debate interno refleja una fractura estratégica clara.
Por un lado, el sector denominado “dialoguista”, integrado por los conocidos “Gordos” e “Independientes”, busca sostener una vía institucional. En ese espacio aparecen figuras como Héctor Daer (Sanidad) y Gerardo Martínez (UOCRA), quienes en las últimas semanas priorizaron contactos con gobernadores y senadores, intentando introducir modificaciones técnicas al proyecto para reducir su impacto sobre los derechos colectivos de los trabajadores.
En la vereda opuesta, el ala más combativa, con Pablo Moyano (Camioneros) como principal referencia, reclama un cese de actividades inmediato. Este sector cuenta con el respaldo de gremios del transporte y de las dos CTA, y sostiene que el debate parlamentario no alcanzará para frenar lo que consideran un avance directo sobre conquistas históricas del movimiento obrero.
Un método de presión con antecedentes
La posibilidad de un paro general durante un debate legislativo no es nueva en la historia sindical argentina. De hecho, es una herramienta que ha marcado etapas decisivas en momentos de crisis institucional.
En el año 2000, durante el gobierno de Fernando de la Rúa, la reforma laboral conocida como “Ley Banelco” terminó envuelta en un escándalo de sobornos en el Senado. La CGT disidente de entonces encabezó paros y protestas que golpearon la legitimidad del Ejecutivo.
En diciembre de 2017, durante la gestión de Mauricio Macri, el intento de avanzar con una reforma laboral luego de la reforma previsional derivó en jornadas de altísima conflictividad frente al Congreso y medidas de fuerza que obligaron al gobierno a retirar el proyecto.
Ya en enero de 2024, en la etapa más reciente, la CGT volvió a mostrar su capacidad de reacción con un paro nacional a solo 45 días del inicio de la gestión presidencial, estableciendo un récord por la rapidez con la que se lanzó una medida de fuerza contra un gobierno recién asumido.
La clave: qué harán los senadores provinciales
La decisión final de la CGT estará atada a un punto central: el nivel de respaldo real que tenga el oficialismo en el Senado y la postura de los bloques provinciales.
A pesar de las gestiones con gobernadores, desde el sindicalismo reconocen que el apoyo del peronismo en la Cámara Alta no es uniforme, lo que genera incertidumbre sobre el margen de negociación y la posibilidad de frenar o modificar el proyecto.
El sindicalismo vuelve a la calle
Si la CGT opta por un paro total o una movilización nacional, el conflicto sindical volverá a dominar la agenda pública. No se trataría solamente de una protesta gremial, sino del retorno de la central obrera como actor decisivo en el equilibrio de poder nacional.
En un contexto de reformas estructurales impulsadas desde el oficialismo, la definición que se tome este viernes marcará si la CGT se mantiene como interlocutora política o si decide asumir un rol protagónico en la resistencia social.





