La inflación baja a nivel nacional, pero el impacto sigue siendo desigual en las provincias
Mientras el Gobierno nacional celebra una desaceleración de la inflación con un índice del 2,6% en abril, la realidad económica continúa mostrando fuertes diferencias entre las provincias argentinas, donde el costo de vida no evoluciona al mismo ritmo y golpea de manera distinta a cada región.
Según los últimos datos difundidos, la provincia del Chaco registró la inflación más alta del país con un 3,2% mensual. Detrás se ubicaron Neuquén y Santa Fe, ambas con 3%, mientras que Córdoba alcanzó el 2,9% y Tucumán el 2,7%, también por encima del promedio nacional.

En el extremo opuesto apareció Río Negro, que tuvo el menor incremento mensual con un 2,1%.
El informe vuelve a poner en evidencia que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) nacional funciona como una referencia general, pero no refleja de manera uniforme lo que sucede en cada provincia. El impacto de la inflación depende de múltiples factores: el peso de los alimentos, el costo del transporte, las tarifas de servicios, los precios regulados y hasta las características de consumo de cada región.
En provincias del interior como Santiago del Estero, donde gran parte de los ingresos familiares se destinan a cubrir necesidades básicas, cualquier variación en alimentos, combustibles o transporte repercute de forma directa en la economía cotidiana.
Especialistas advierten que, aunque existe una desaceleración respecto de meses anteriores, todavía persiste una marcada dispersión inflacionaria entre provincias. Esto abre el debate sobre si el país atraviesa realmente un proceso de desinflación sólida o si se trata de una baja promedio que aún convive con profundas desigualdades regionales.
En ese contexto, el desafío económico sigue siendo que la reducción de la inflación nacional pueda sentirse de manera concreta y homogénea en todo el país, especialmente en las provincias del norte argentino, donde el poder adquisitivo continúa bajo fuerte presión.





