El mapa del encierro: Santiago del Estero duplicó su población carcelaria
La provincia duplicó su población carcelaria en una década y quedó segunda a nivel nacional en ritmo de crecimiento. Las cifras oficiales muestran un sistema al límite y abren interrogantes
Santiago del Estero atraviesa un proceso silencioso pero profundo: el crecimiento acelerado del encarcelamiento. De acuerdo con datos consolidados a comienzos de 2026 por el Comité Nacional para la Prevención de la Tortura (CNPT), la provincia incrementó un 138,2 % su población carcelaria entre 2015 y 2024, ubicándose segunda en el país en términos porcentuales, solo detrás de Santa Fe.
El fenómeno no es aislado. A nivel nacional, la Argentina registra 258 personas privadas de la libertad cada 100.000 habitantes, la cifra más alta de su historia. Sin embargo, la velocidad del encierro en Santiago del Estero enciende alertas específicas por la capacidad del sistema, el uso de comisarías como espacios de detención y el alto número de personas sin condena firme.
Un salto que cambia el mapa penitenciario
El informe del CNPT ubica a Santiago del Estero dentro de las jurisdicciones con crecimiento “dispar y acelerado”. En el podio nacional, el contraste es claro:
- Santa Fe: +244,8 %
- Santiago del Estero: +138,2 %
- Córdoba: +116,6 %
Aunque durante 2024 el Gobierno provincial inauguró nuevas plazas y unidades habitacionales, el alivio fue efímero. Las celdas se ocuparon de inmediato con personas que estaban alojadas en dependencias policiales, sin que ello redujera la presión general del sistema.
Cárceles al 130 %: el promedio que no alcanza
La radiografía nacional es contundente: los servicios penitenciarios operan, en promedio, al 130,2 % de su capacidad. Es decir, 130 personas donde debería haber 100. En provincias con tasas altas de encarcelamiento —como Córdoba (377 presos cada 100.000 habitantes) o Buenos Aires (305)— el hacinamiento se traduce en condiciones de detención críticas, demoras judiciales y mayor conflictividad intramuros.
Santiago del Estero, con su tasa en ascenso, no escapa a esa lógica: más ingresos que egresos, y una infraestructura que corre detrás del problema.
Presos sin condena: el cuello de botella
Uno de los datos que más preocupa a los organismos de derechos humanos es la situación procesal. A nivel país, el 37,3 % de las personas detenidas no tiene sentencia definitiva. En provincias vecinas, ese porcentaje se acerca a la mitad. La consecuencia es doble: hacinamiento y judicialización lenta, con personas que pasan años privadas de la libertad sin condena firme.
¿Por qué se encarcela?
La composición de la población penitenciaria también aporta claves para entender el crecimiento:
- Delitos contra la propiedad: 36,4 % (robos y hurtos).
- Delitos contra las personas: 21,7 %.
- Delitos contra la integridad sexual: 20,5 %.
La preponderancia de delitos patrimoniales reabre el debate sobre políticas de persecución penal, penas alternativas y prevención social.
Comisarías: la válvula que no se vacía
El informe advierte un patrón que se repite en Santiago del Estero: el traslado permanente desde comisarías a cárceles. La habilitación de nuevos centros permitió estabilizar —no reducir— la cantidad de detenidos en dependencias policiales. El motivo es claro: el ingreso constante de nuevos procesados por el sistema judicial.
La pregunta de fondo
Las cifras son elocuentes. El desafío ya no es solo construir más celdas, sino revisar el modelo: tiempos judiciales, criterios de prisión preventiva, alternativas al encierro y políticas de prevención del delito. Santiago del Estero crece en población carcelaria a un ritmo que el sistema no logra absorber. La pregunta que queda abierta es si el camino elegido reduce el delito o profundiza una crisis estructural que, tarde o temprano, termina pagando toda la sociedad.





