Malvinas: historia de la carta que tardó 33 años en llegar

Eulogio Godoy, excombatiente

«En 1982 tenía 18 años. Estaba trabajando en Santa Fe cuando me llamaron para el Servicio Militar (Obligatorio)». Con esas palabras, Eulogio Godoy, recuerda el día que -sin saberlo- se preparaba para combatir contra un país del que poco conocía y contra soldados que se habían preparado durante muchos años para eso.

Carta enviada por su hermana que le llegó 33 años después.

Era 1 de marzo cuando se presentó en el Regimiento de Infantería de Santiago del Estero, y a los pocos días lo trasladaron hasta Avellaneda (Buenos Aires). Hasta ese momento, Eulogio, solo había trabajado en la cosecha ante la mirada atenta de su padre. Poco conocía de la labor de las fuerzas, aunque el «llamado» a la «colimba» estaba siempre latente.

«Fui a parar en el Batallón de Infantería N° 3 que estaba situado en La Plata. Todos éramos muy chicos, nada de experiencia», nos cuenta en una charla que mantuvimos para Periódico Sur Santiagueño. Una afirmación que se repite en los excombatientes: no tenían experiencia.

El 2 de abril, con la guerra ya en marcha, lo trasladaron al Batallón N° 5 de Infantería en Trelew. «Tres días después nos llevan a las Islas Malvinas», recuerda. Primero en Puerto Argentino (Stanley para los isleños actuales), donde permaneció por cinco días. Luego a la Isla Borbón donde transcurrió lo que contamos en esta nota.

Durante los días que duró la guerra permanecieron allí. «Era una sección de tiradores», recuerda. Estaban al frente. Temerosos. Con la sola compañía de los camaradas que con los años se transformaron en amigos. Afortunadamente no vieron morir a los suyos, aunque hubo heridos, rememora Eulogio.

A los pocos días, una orden los obligaba a rendirse. Todo era incertidumbre, pero la acataron. De soldados inexpertos pasaron a convertirse en prisioneros de guerra. Una guerra de la que conocerían la verdad mucho después. «Nos rendimos, y esa noche, los soldados ingleses nos llevaron a dormir en un galpón grandísimo. Durante 30 días estuvimos prisioneros».

En los primeros 15 días, mientras esperaban saber qué iba a pasar con ellos, los soldados ingleses les comunicaron que había noticias de sus familiares. Eran cartas que muchos argentinos recordarán haber escrito para los «héroes» de la Patria que libraban una batalla desigual en territorio hostil y con precarios recursos.

«Recuerdo que eran miles y miles de cartas que los soldados ingleses pusieron en el piso y nos dieron 30 minutos para buscar las que eran nuestras. Eran tantas y tan poco el tiempo que muchos decidimos llevar cualquiera, aunque más no sea para tenerlas de recuerdo», nos cuenta.

Los años pasaron. Teinta y tres para ser exactos y las redes sociales hicieron la magia que pocas veces hacen: lo reencontraron con esa carta que una de sus hermanas le había escrito, angustiada, esperando tener noticias de él. «Un día, uno de los camaradas, Franco, de San José de Misiones me escribe diciendo que tenía una carta para mí. Era de mi hermana, Peregrina Godoy…», se explaya.

«Mi hermana quería saber cómo estaba, y estaba muy preocupada por mi estado de salud. En esa misma carta deja un espacio en blanco para que yo le responda, por si no tenía papel donde escribir, me decía», sigue su relato Eulogio. Unas palabras que han llegado en su adultez y lo han conectado con la parte más profunda de su vida.

Cuando recibió la carta, la familia se unió en un abrazo y recuerdos de aquellos momentos de los que hoy se cumplen 40 años.

A Eulogio le gustaría volver a las Malvinas para honrar a los que dejaron su vida, aunque reniega de la guerra y alza la voz por sus camaradas que ahora son parte de su familia. «De lo que se habla poco es de las secuelas psicológicas que deja una guerra. Hay compañeros que la pasan mal», nos dice.

Quizás esa sea la mayor deuda con aquellas personas a las que llamamos «héroes», sin reparar en el peso de esa palabra.

«Han pasado tantos años de aquella época de 1982. En el ’83 ya había salido de baja del servicio militar, después permanecí mucho tiempo con mis padres, formé mi propia familia, tengo 5 hijos, nietos también y vivo en Villa Mailín…», nos relata Eulogio quien este 2 de abril recibirá un reconocimiento en Herrera. «Es una fecha que uno trata de pasarlo lo mejor posible», concluye.

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