Reflexión del obispo José Luis Corral por el día Internacional de Acción por las 2 Vidas

El obispo añatuyense se manifestó en ocasión del segundo aniversario del Sí a las Dos vidas.

Hace dos años el Congreso de la Nación rechazó la ley del aborto que pretendía darle el carácter de un derecho garantizado. Hoy, parece ser, que vuelven redobladas estas disputas y debates; muestra de ello ha sido la aprobación reciente del protocolo del ILE por la legislatura porteña y sus resonancias. Pero también estamos a tiempo de reaccionar para intensificar la defensa clara, firme y apasionada por salvar toda vida, de punta a punta y en todas las circunstancias, por honrar y dignificar toda vida.

En estos tiempos de pandemia donde el Estado proclama en todos sus discursos que su primer deber es el cuidado de la vida -donde muchos son contagiados y varios miles fallecen, donde se hace un gran esfuerzo por detener sus efectos, donde muchas personas se juegan por los demás poniendo en riesgo su propia vida- es una gran contradicción e hipocresía volver a discutir cuando se inicia la vida, si hay derecho a la vida del niño por nacer, si hay que defender o no la vida vulnerable e indefensa.

Causa perplejidad, dolor y espanto que no caigamos en la cuenta que el aborto no es un derecho, es un drama; que a nadie se le puede negar el derecho de existir, por ser el primer derecho que sustenta y sostiene todos los demás derechos: a la familia, a crecer, a la educación, al trabajo, a la dignidad, a ser feliz. Si ello lo ponemos en duda estamos en el inicio de la decadencia de una sociedad porque ya nada tiene valor y sentido.

Hoy, los argentinos con todas las dificultades que nos toca acarrear, no perdamos el arrojo de soñar una Argentina grande, donde en el banquete de la vida nadie quede afuera, donde no haya seres descartados y desechables. Volvamos a poner foco en los niños y jóvenes, son los argentinos que nos sucederán, que logremos que salgan de la pobreza y miseria, de las adicciones y de las faltas de oportunidades de futuro, de la violencia y de la inseguridad, desde el vientre de su madre y en todas las etapas de su desarrollo.

No podemos exponer con argumentaciones o palabras engañosas, con eufemismos, o esgrimir falacias en el orden judicial, para señalar que un delito se transforma en derecho, que el aborto es una cuestión de salud pública, cuando es más real que estamos ante una política de exterminio de inocentes. Busquemos soluciones superadoras y alternativas donde el aborto no aparezca como la única y exclusiva salida.

Tengo la esperanza y el deseo que nuestras autoridades y dirigencia política, nuestros senadores e instituciones santiagueñas, como ya lo han pronunciado públicamente y desde sus convicciones humanas-cristianas, puedan sostener su rechazo a estas legislaciones más allá de toda presión o componendas, o cuando le dicten pautas o le bajen líneas, aun cuando tengan que soportar críticas y descalificativos irrespetuosos y agresivos como ya los hubo anteriormente.

No nos dejemos enredar en forcejeos, en marcar como enemigos o “antiderechos” a los que piensan distintos o luchar por espacios de poder. Consigamos invertir mucho tiempo, dinero, energía, compromiso en acompañar a las embarazadas en riesgo, promover una educación sexual responsable, profundizar aspectos de la ley de adopción y cuidados de sectores frágiles, instituir espacios como hogares maternales; estrategias de prevención, apoyo y contención; presencia con calidad y caridad en poblaciones vulnerables, etc.

Hay que jugarse por la vida, asumirla como viene, no borrarse y para nosotros, creyentes, la vida es un don de Dios, un préstamo sagrado, y nunca será un derecho eliminar una vida por salvar otra; queremos optar siempre por la vida, no es humano favorecer a una persona débil en contra de otra aún más débil, y eso lo sabe muy bien el corazón de un pueblo sano que anhela felicidad.

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