La histórica firma del acta de declaración de autonomía

Los representantes de las distintas jurisdicciones de la provincia, declararon a “Santiago del Estero uno de los territorios unidos de la Confederación del Río de la Plata”.

Doce fueron los hombres designados para la asamblea que, el 27 de abril de 1820, iba a declarar la autonomía provincial.

El presbítero Manuel Frías fue elegido presidente, y Fernando Bravo de Zamora, secretario. Sin embargo, por renuncia del segundo, el francés Juan José Dauxión Lavaysse pasó a ocupar el cargo de secretario.

Estos representantes de las distintas jurisdicciones de la provincia, declararon a “Santiago del Estero uno de los territorios unidos de la Confederación del Río de la Plata”, y que no reconocían “otra soberanía ni superioridad, sino la del Congreso de nuestros coestados que va a reunirse para organizar nuestra federación”.

Para el historiador Alfredo Gargaro, el acta firmada por los santiagueños no tiene comparación en la historia política del país, debido a “la precisión de su contenido, estableciendo y ordenando en el artículo 3 el nombramiento de una Junta Constitucional para darse una constitución provisoria según el sistema de los Estados Unidos de América”.

En la imagen, la casa de la familia de Manuel del C. Hernández, ubicada en la actual calle Urquiza y en la que, para algunos historiadores, Ibarra habría sido designado gobernador. Esta acta histórica fue redactada por Bravo de Zamora en las salas del cabildo.

El caudillo santiagueño siempre firmaba como “Felipe Ibarra”

En su extenso período como gobernador, Juan Felipe Ibarra mantuvo correspondencia con otros líderes de la época. El intercambio de cartas con Juan Manuel de Rosas comenzó en 1827 y continuó hasta el final de la vida de Ibarra.

En aquellos tiempos de caminos polvorientos y precarios medios de comunicación, la escritura y recepción de cartas era una actividad primordial para hacer alianzas y definir pleitos.

En agosto de 1829, le escribía al tucumano Gregorio de La Madrid: “Me hablas sobre la urgente necesidad de evitar sangre y constituir la República. Amigo, este ha sido el fin de mis continuos votos, en prueba de ello recuerda que siempre fui el primero en concurrir a los Congresos o corporaciones nacionales que se han instalado para fijar la suerte del país. Siempre fui el primero en proponer tratados de amistad y concordia, como lo efectué cuando tu a la cabeza de Tucumán y yo a la de Santiago, combatimos por conseguir la organización tan deseada, aunque tu Provincia por medio y la mía por otro. Permíteme que te diga que tú no quisiste conciliaciones, te cegaron tus pasiones o siniestros consejos (…) y ahora ¿cuál ha sido mi conducta? Trabajar infatigablemente por cortar una guerra que tan caro cuesta a nuestra patria”.

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