Hoy cumple 106 años el Club Atlético Social Pinto, creador del famoso Mundial de Potreros.

“No llorés, hermano, si vos vas a ser el mejor jugador del mundo...”

Todos los 12 de Octubre la Ciudad de Pinto se convierte en la capital del futbol de potreros, miles y miles de personas estarían hoy viviendo las instancias de esta competencia que ya había trascendido hasta las fronteras nacionales, lamentablemente este año no pudo ser…por eso la nostalgia de quienes hicieron de un pequeño club los anfitriones de un gran evento que a veces se torna difícil de explicar por lo que significa para todos los amantes del futbol.

Un cumpleaños más, ya suman 106 años de una riquísima historia, que es la que trataremos de transcribirla a través de un video y una historia real con un protagonista de lujo, nada más y nada menos que DIEGO ARMANDO MARADONA.

HISTORIAS REALES:

EL DÍA QUE EL MEJOR JUGADOR DEL MUNDO: DIEGO ARMANDO MARADONA NO PUDO GANARLE A LOS PIBES DE PINTO:

El mejor jugador del mundo: Diego Maradona no pudo con un puñado de pibes de la ciudad de Pinto y sus alrededores, al perder una semifinal por penales en los Juegos Nacional Evita, en 1973, en la ciudad en Calamuchita, Córdoba.

Los Cebollitas, dirigido por Francisco Cornejo, era el plantel infantil de Argentinos Juniors, jugaba de mil maravillas, donde 9 de 11 jugadores llegaron a jugar en la entidad de La Paternal, donde salió de ese equipito el Más Grande de la Historia. Tenían un record de cerca de casi 200 partidos invictos, hasta que llegó el peor día, un 20 de diciembre, donde en las instancias de semifinales perdieron 3 a 2 en los penales, tras empatar 2 a 2, con los “pibes” de Pinto.

Los planteles formaron de la siguiente manera: Los Cebollitas: Altamirano, Lucero, Magliolo, Domenech, Chammah, Márquez, Díaz, Dalla Buona, Duré, Maradona y Delgado.

Social Pinto con Julio Paz; “Pila” Herrera, “Tunko” Cejas, Guido Rodríguez y Eduardo Vargas; José Vivas, César Ganem y Francisco Mendoza; Mario Romano, Walter Ganem y Báez. El DT era Elías Ganem.

Pero dejemos que César Ganem, a 47 años de la epopeya, nos cuente mejor la historia en primera persona: “Nosotros teníamos un buen equipo de chicos de la ciudad. En esa época se jugaba en zapatillas, y tuvimos algún problema con las indumentarias, que desde la organización nos dieron unas nuevas. Los dos primeros partidos fueron fáciles, ya que goleamos a Santa Cruz y a Corrientes, donde les ganamos muy bien. Después enfrentamos a La Rioja, donde la pasamos mal, porque eran jugadores grandes, pero le ganamos en el final 3 a 2. Fueron difíciles. Después llegó la semifinal con Los Cebollitas, y pese a que los comentarios dicen que ellos jugaron mejor que nosotros, fue todo lo contrario. Comenzamos ganando 1-0 con un gol de Vivas, y después inventaron un penal, nos empataron, y después pasaron a ganar 2-1 con un tiro libre que dio dos botes altos, y al tener nosotros, un arquero bajito, convirtieron ese tanto. Inclusive, mi papá que era el DT (Elías Ganem), no lo pudo cambiar, porque no había cambios, y Julio Paz se descompensó con el calor que hacía (se jugó a la tarde), tuvimos que esperar que se recupere. Después fue todo nuestro, que lo empatamos a través mío, y merecimos ganarle. Luego vinieron los penales, donde todos convertimos, y Paz le atajó el penal a Maradona y ganamos. Nunca nos dimos cuenta que, con el tiempo, era un partido que paso a la inmortalidad. Después al otro día, jugamos la final con Santa Fe donde lo derrotamos 2 a 0. Estábamos muy agrandados”, recuerda Ganem.

EL ABRAZO DE CONSUELO A DIEGO

“La foto del festejo no estuvimos dos integrantes de nuestro equipo, porque lo fuimos a consolar al “10” de ellos, que lloraba sin consuelo. Me partía el alma, ellos venían con muchos antecedentes de invictos, y nunca esperaron que un equipo de un pueblo del interior de Santiago del Estero lo pueda haber eliminado. Todavía recuerdo ese momento, que alcance a decirle que “No llorés, hermano, si vos vas a ser el mejor jugador del mundo…”. Me salió de adentro, aparte era un jugador que jugaba muy bien al fútbol”, especifica Ganem.

Otro relato del momento que la Revista El Gráfico expone es de Mario Romano, otros santiagueño que jugó ese glorioso partido: “En la previa nadie confiaba en nosotros. Todos decían que los de Capital iban a ganar, eran favoritos. Y dimos el golpe. Es un orgullo para mí haber jugado ese partido. Pero no fue la final, fue en semifinales. La final la jugamos ante Santa Fe. Pero ese partido lo festejamos como si ahí hubiésemos salido campeones, le narró a El Gráfico, Mario Romano, hoy docente de una escuela rural santiagueña, que jugó aquel legendario partido de fútbol. “En el comedor, nos daban siempre naranja de postre. Me acuerdo de eso. Ese partido fue a la tarde, y al otro día a la mañana jugamos la final con Santa Fe. Pero todos nos hablaban del que le habíamos ganado a Capital Federal, porque traían un récord de no sé cuántos partidos sin perder. Fue un partido muy lindo y muy tenso. Ellos tenían mucho la pelota, y nosotros hacíamos tres o cuatro toques, y al arco…”, rememora Romano.

LO QUE DICE DIEGO EN SU LIBRO

“Con Los Cebollitas perdimos la semifinal del Campeonato Nacional, en Córdoba. Nos ganó un equipo de Pinto, Santiago del Estero, dirigido por un señor llamado Elías Ganem. Su hijo, César, me vio tan amargado, que se me acercó y me dijo: ‘No llorés, hermano, si vos vas a ser el mejor jugador del mundo…’. Todos creen que me regaló su medalla de campeón, pero nada que ver: se la quedó él y bien ganada que la tenía”, supo narrar Maradona en su libro Yo soy el Diego de la gente.

LA GRAN REVANCHA

El ex volante del equipo recuerda el cotejo desquite o revancha que se jugó el 24 de febrero de 1974 en Pinto: “El partido con Los Cebollitas lo jugamos en una gran fiesta que se hizo en Pinto por nuestro campeonato obtenido a nivel nacional. Fue algo conmovedor, ya que fueron invitados los chicos de La Paternal para revivir esa gran semifinal, y le ganamos 2 a 1. Fue un partidazo, donde participó muchísima gente de todos los pueblos y ciudades cercanas. Ellos estuvieron varios días con nosotros y paraban en la casa de mi abuelo, que era grande y muy amplia. Fueron recuerdos imborrables en todo sentido. Mi hermano más chico (Walter), que jugó ese campeonato con 10 años, después fue a Italia a jugar en varios clubes de la Serie A y B (Siena), y tuvo un contacto con Diego Maradona”, esboza en su recuerdo César Ganem.

“Tunko”, un zaguero de 1,60, pero implacable en la altura, era el responsable de comandar la defensa. “Jugamos a hacha y tiza, los dos jugábamos con pelota al piso, y cuando nos jugaban al off side, los quebrábamos con un pelotazo”, recuerda y las comisuras de los labios casi lo chocan las orejas no es para menos, aquella revancha tan anhelada por el “bicho”, también fue histórica… y también la ganaron los pibes de Pinto.

“Esta vez no lloró nadie, porque se quedaron una semana en Pinto y no sabes cómo se divirtieron”, relató Cejas, el mandamás de la defensa pinteña.

“Yo tenía en aquel momento un carro tirado con caballos con el que repartía sodas, lo llevaba a pasear a Maradona, pero no sólo a él, un día se me subieron todos al carro, recién cargado con los sifones llenos, casi me lo rompen entero, ese día no repartí un sifón, pero como nos divertimos”, contó Héctor Cejas.

“Ellos se bañaban en una represa cercana, la pasaron muy bien, y fue una…

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