Destacan a Bandera como zona productiva agrícola de excelencia con un objetivo a cumplir

En una extensa nota de Clarín Rural que destaca a la ciudad de Bandera, consolidada en la producción agrícola, el desafío ahora es agregar valor en origen. Omar Chiatti, Ramiro Elizalde, López Anido, tres destacados productores cuentan sus experiencias y aportan su mirada de la región.

El desarrollo productivo de Bandera ha motivado la instalación de varias multinacionales agroexportadoras importantes como Cargill, Louis Dreyfus, COFCO, AGD, Molinos Río de la Plata, Vicentín. Para esta localidad del sureste santiagueño, que ha explotado en lo productivo, el objetivo es agregar valor en origen y mejorar la infraestructura de caminos.

Si a una manguera angosta se le imprime mucha presión, hay dos resultados posibles: que se queme la bomba de agua o que reviente la manguera. La metáfora aplica a lo que sucede en muchos casos con localidades (pueblos hasta hace un par de décadas) en los que la producción agropecuaria ha crecido geométricamente, mucho más rápido que el desarrollo de la infraestructura, que ha sido más paulatino.

En la propuesta de Clarín Rural de conocer ciudades que han crecido al calor del desarrollo territorial agropecuario las últimas décadas (ya contamos la historia de Charata, en Chaco, y Las Lajitas, en Salta), hoy vamos a repasar cómo ha sido ese devenir en Bandera, ciudad cabecera del Departamento Belgrano, en el sureste de la provincia de Santiago del Estero.

La leyenda cuenta que los indígenas nativos de la zona no tenían agua dulce y cuando encontraron un pozo de agua marcaron el lugar con una bandera de cuero sobre un algarrobo. De allí surgió el nombre de la localidad. Los que la conocen, dicen que se ha convertido en una región no típicamente santiagueña.

Si uno mira el mapa, Bandera es una especie de vértice donde convergen distintas rutas nacionales y provinciales: se destaca la Ruta Nacional 98 que conecta con el norte de Santa Fe y localidades como Tostado o Vera hacia el este; y las rutas provinciales 21 por la que se llega a la capital provincial, distante 272 km; la 13 al norte, para Los Juríes, y luego a Quimilí; también, ahí cerca pasa la RN 34, por la que se puede ir también a la capital hacia el norte o, si se toma al sur llega hasta Rosario (550 km). De Buenos Aires, está a 735 km.

Al igual que en otras localidades del norte argentino, el desembarco de la tecnología de insumos primero, y de procesos ahora, ha permitido dar un salto productivo notable. Con la posibilidad de incluir más cultivos, no sólo soja como hace 25 años, sino ya con la posibilidad de una paleta más amplia y sustentable de cultivos en los que juegan el maíz, pero también el girasol, el trigo, el algodón y las legumbres.

Omar Chiatti

También están haciendo su desembarco los cultivos de servicio, puesto que la batalla contra las malezas está siendo “dura”.

Nacido en Bandera, con 56 años recién cumplidos, de padres nacidos en la zona, descendientes de inmigrantes italianos y españoles, Omar Chiatti, actual vicepresidente de la Sociedad Rural de Bandera (fue presidente 10 años), ha vivido en carne propia el desarrollo de la ciudad que actualmente cuenta entre 12.000 y 15.000 habitantes (eran 3.343 habitantes en el Censo de 1991 y 5.335 habitantes en el 2001) y unas 800.000 hectáreas agrícolas en la zona.

Como muchos pueblos, Bandera se formó con el paso del ferrocarril, en los años 20 con inmigrantes italianos y españoles que dejaron como legado la cultura del trabajo.

“En aquellos primeros años era importante lo forestal y ganadero, pero luego vinieron años con mucha sequía y crisis de ambos negocios”, contó Chiatti a Clarín Rural. Y agregó: “El cambio grande fue hace 30 años, cuando llegó la soja en convencional, en algunos campos que hacían punta en adopción de tecnologías, y el salto importante fue hace 15-20 años con la siembra directa, que permitió cuidar mejor el agua y los suelos y aumentar la productividad, hoy es una ciudad pujante”.

“El 99% de la gente vive directa o indirectamente del campo, Bandera es una ciudad con poco empleado púbico, solo municipales y algo del INTA”, contó Chiatti. Y agregó: “En los años 60, los por entonces productores sufrieron mucho y se fueron de los campos emigrando a Rosario o Buenos Aires, y los que quedamos fuimos ampliando superficie y es por eso por lo que hoy no hay productores es difícil encontrar un productor de 200-300 hectáreas, las extensiones son grandes”.

Para tomar dimensión de cómo fue llegando el desarrollo, Chiatti recordó que la televisión llegó recién en el año 81, “el mundial del 78 no lo vimos, pero de los 80 en adelante hubo un cambio enorme, vertiginoso y el que no se pudo adaptar quedó en el camino”.

Evolución productiva

Rosarino de nacimiento, desde 2002 Ramiro Elizalde trabaja en la zona de Bandera con la venta de insumos, sembrando y haciendo ensayos para terceros. Forma parte del Grupo CREA.

“El clima es muy variable, te pueden tocar años con sequía de 380 milímetros u otros en los que te inundás con 1300 milímetros. Entre las cuestiones destacadas de la evolución productiva, destacó la incorporación del maíz y el sorgo, la lucha contra las malezas y la incorporación, aunque paulatinamente, de la fertilización”.

El cultivo “vedette” las últimas cinco campañas es el trigo. “El resultado económico en 2019/20 fue excepcional, el trigo pasó a ser el principal cultivo, pero, además, con todo lo que aporta desde la sustentabilidad, con 3000 kilos por hectárea promedio y mucho rastrojo”, aportó Elizalde.

Así, se pasó de hacer sólo soja a una intensificación de trigo/maíz o trigo/soja, pero también girasol/maíz. Ayuda mucho, en los lotes donde tiene influencia, el aporte de las napas.

Ramiro Elizalde trabaja en la zona de Bandera con la venta de insumos, sembrando y haciendo ensayos para terceros. Forma parte del Grupo CREA

Otro rosarino que se fue a trabajar y vivir al norte y desde 2002 está instalado en Bandera, Pablo López Anido, advirtió que, si bien las napas son de gran ayuda, a veces vienen salinas, y hay que tener cuidado. “La napa es una ventaja de doble filo, puede ser una bendición y entregar rendimientos superlativos para la zona, pero también en algunos lugares es salada”, relató López Anido.

El asunto de las malezas se está pudiendo controlar mejor con una variedad de cultivos. “Antes se hacían barbechos químicos largos, de hecho, surgieron muchas malezas resistentes antes acá que en el resto del país, hoy se está manejando mejor con trigos, pero también garbanzos, porotos, un girasol de semi invierno sembrado en agosto, en las zonas salinas está aumentando la superficie de algodón”, contó López Anido.

La vicia y el melilotus como cultivos de cobertura están dando buenos frutos.

Permiten torcerles el brazo a las malezas fijando nitrógeno, que es lo que más falta en la zona, y haciendo cobertura.

Entre los desafíos productivos está el de la fertilización incipiente. La última campaña, estiman que se debe haber fertilizado el 90% del trigo. También han mejorado los híbridos de maíz que antes se volcaban y ahora no.

Chiatti destacó la posibilidad de encontrar rendimientos puntuales de 50-60 qq/ha de trigo, aunque la media ronda los 25-30 qq/ha. La soja ha llegado en campos nuevos en agricultura, de 10-12 años que se fertilizan bien logra a 55–60 qq/ha (el promedio es de 28 qq/ha). Y el maíz, que según el vicepresidente de la Sociedad Rural tiene un promedio de 60-70 qq/ha, ha tenido lotes de 110.

Pablo López Anido, productor y referente de Aapresid

Desplazamiento ganadero

Como ocurrió en todo el país, como quien llega tarde a la mesa de dulces en un casamiento y trata hacerse espacio, la agricultura fue desplazando a la ganadería a sitios de menor potencial. Sin embargo, a fuerza de buena genética la producción vacuna ha ido ganándose su lugar en el Departamento. “Brangus y Braford están bien repartidos, con genética de primer nivel, la zona se autoabastece de carne, de hecho, la ciudad tiene 14-15 carnicerías y en la que vayas encontrás carne de primera calidad”, apuntó Chiatti.

Las rematadoras grandes están en Ceres, Santa Fe, a dos horas de Bandera.

La mayoría de los animales se van a engordar con 160 a 220 kilos al sur, sea Córdoba, Santa Fe o Buenos Aires. Los que se quedan se faenan con 350 kilos. “Lo que no se produce, pero si se consume bastante es pollo, mientras que el cerdo, la mitad se produce acá y el resto viene de afuera”, repasó Chiatti.

En el Departamento hay pequeños productores ovinos y caprinos, muchos a la vera del río Salado a 40 km de Bandera y el río Dulce a 80 km.

Sin desempleo

Cuando terminan el secundario, los jóvenes tienen la opción de ingresar a algún trabajo en la ciudad, o bien irse a estudiar, pero para eso tienen que hacer por lo menos los 260 kilómetros a Santiago del Estero capital (se tarda casi 4 horas), muchos egresados de la facultad de agronomía van a trabajar a Bandera. Las otras opciones son Rafaela (320 km), Córdoba (400 km) o Rosario (550 km).

“Para los que quieren trabajar en el campo, o en lo administrativo de todas las empresas que hay en la ciudad hay muchas posibilidades, si quieren se pueden quedar, para los que se van, algunos que estudian agronomía se vuelven, porque trabajo, insisto, hay”, opinó Chiatti. En una misma línea, López Anido contó: “En Bandera no hay desocupados, los jóvenes no quedan a la deriva, por la misma actividad agropecuaria y todo lo que eso genera en construcción, remodelaciones y otras actividades”.

“Para mí, un buen reflejo de la evolución fue cuando los hijos de productores locales se empezaron a hacer sus casas más bonitas y también los de otras profesiones a los que les iba bien, y así el pueblo quedó más lindo”, relató Elizalde. Y agregó: “Hay muchos hijos que se fueron a estudiar y volvieron, cuando arrancamos nosotros, encontrar un empleado administrativo era muy difícil y hace 5 años encontrás gente joven muy bien formada que te sorprende”.

Como patrón de medida, López Anido contó que “un terreno en Bandera capaz que cuesta parecido a uno en Puerto Madero, porque hay una demanda muy alta y eso presiona la suba”. “En Bandera hay una gran demanda de jóvenes que tienen trabajo bastante calificado sin tener que ir a la universidad, trabajos administrativos o como perito clasificador de granos”.

Ciudad sobre exigida

El desarrollo productivo de Bandera ha motivado la instalación de varias multinacionales agroexportadoras importantes como Cargill, Louis Dreyfus, COFCO, AGD, Molinos Río de la Plata, Vicentín algodonera, y ligado a ellos, muchas distribuidoras más chicas de insumos y productos, así como importantes concesionarios de maquinaria agrícola.

“Somos una isla respecto de otras ciudades de la provincia, logramos autoabastecimiento en casi todo y todo lo que hay es de primera”, dijo Chiatti.

“Todo esto hace que haya una movida grande y en épocas de cosecha se juntan 1000 camiones por día a la vera de la ruta, generando un movimiento infernal para una ciudad que no es muy grande”, contó Chiatti, quien sí destacó lo que se ha avanzado para llevar energía a muchos campos, aunque “lo de los caminos es terrorífico, es una lucha constante y también es verdad que no se hacen los controles de peso como corresponde y eso redunda en rutas destruidas”.

El ferrocarril (como se dijo) fue lo que le dio vida al pueblo. Muchos años después, intenta resurgir. Primero con AGD que tenía el tren desde Ceres, Santa Fe (150 km al sur de Bandera) entonces hacía un flete corto y después tren hasta Rosario. Y después la habilitación del Belgrano Cargas. “Si comparás con otras regiones, tenés fletes un 10-15% más barato, porque la competencia hace que surjan mejores precios, y, por otro lado, ese camionero que hace el flete corto puede recibir una mejor paga, al tiempo que hacer más viajes, obviamente, no todo es para el diferencial productor, pero sí, al menos, en parte”, opinó Elizalde.

Chiatti contó que están tratando “de que se pueda transportar más en tren”. “El Belgrano cargas, que en su momento venía de la frontera con Salta y Tucumán, era un importante tren de pasajeros además de carguero y yo lo ví con 8-10 años, y hace unos años fue reactivado y significó un envión”, contó Chiatti. Según él, en épocas de cosecha se están cargando uno o dos trenes por semana que van al puerto de Rosario.

Para López Anido, el tema del tren es que el beneficio, la reducción del costo del flete, no llega a los productores, se lo quedan las empresas. Por eso se pregunta qué sentido tiene más allá del efectivo de descongestionar las rutas de camiones. “Hoy alrededor del 20% se transporta en tren y el resto sigue yendo en camión, si la ecuación fuera al revés quizás se dejaría de tomar el camión como valor de referencia”, consideró López Anido.

Campo y ciudad

“El pueblo de Bandera es muy agradecido al sector agropecuario”, sentenció Chiatti, sin dudarlo. Y agregó: “Casi todos los que trabajamos en el campo vivimos en la ciudad y eso permitió acortar diferencias entre el sector y los ciudadanos que no son del sector directamente”.

Elizalde ponderó el trabajo que se realizó desde el Municipio buscando un consenso entre ciudadanos, contratistas, productores, ingenieros para la aplicación de fitosanitarios en el rango periurbano. “Son 1500 metros en los que hay que tomar ciertos recaudos para aplicaciones terrestres y aéreas, pero también hoy, los cultivos de cobertura nos dan una gran ayuda para poder aplicar menos productos”, destacó. Y agregó: “El otro gran cambio son las aplicaciones selectivas, porque podemos usar el 20% del producto sólo aplicando sobre las malezas, es un avance gigante”.

“Yo no vivo en Bandera, pero hace muchos años que voy todas las semanas o semana por medio y he visto cómo ha crecido, está hermoso, arbolado, con calles niveladas, con un centro cultural donde la gente puede ir a ver películas o teatro, con un hospital digno y un museo de ciencias interesante, no está todo, porque faltan cosas, pero ha crecido mucho”, repasó Elizalde. López Anido coincidió en ese crecimiento “edilicio” de la ciudad al ritmo del desarrollo agropecuario.

Entre los desafíos, Chiatti pone en primer lugar la infraestructura. Las rutas como prioridad. López Anido aportó su opinión sobre este “frenesí” de camiones a cosecha: “El problema que tienen las localidades como Bandera es que si bien tracciona la actividad privada, el pueblo en sí, a la parte estatal le cuesta porque lo que pagamos de impuestos llega una ínfima parte pero de golpe tiene que soportar los caminos 300 camiones por día, hay un desequilibrio”, dijo.

“Si me preguntás por los desafíos no me imagino que puedan pasar 20 años más sin algún proceso de agregado de valor en origen, no tiene sentido que produzcamos más cultivos, en cantidad y variedad si no agregamos valor acá”, dijo López Anido. Se refiere a tener alguna procesadora de legumbres o molinos harineros, incluso bioenergía. Vale recordar que entre los años 20 y 50 hubo un molino harinero en funcionamiento, una aceitera y hasta producción de crema de leche.

En cuanto al desafío bioenergético, López Anido contó que en la zona se pueden producir más gramíneas C4, incuso hacer gramíneas C4 perennes, como caña de azúcar. Otra opción son las pasturas tropicales.

Fuente: Clarín Rural

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