Santiago de luto: las rutas y calles vuelven a cobrarse vidas y septiembre suma otra jornada trágica

Emanuel Urquiza y Horacio Bravo murieron este miércoles en dos siniestros diferentes. Septiembre registra al menos cuatro víctimas fatales y vuelve a poner en primer plano una problemática que atraviesa a toda la provincia: imprudencia, conductas de riesgo, infraestructura, educación vial y la necesidad de controles permanentes.

Santiago del Estero volvió a vestirse de luto. Dos familias recibieron este miércoles la peor de las noticias y detrás de los nombres de Emanuel Urquiza y Horacio Bravo vuelve a aparecer una realidad que parece repetirse con una frecuencia alarmante: personas que salen de sus casas y no regresan porque sus vidas terminan sobre una calle o una ruta.

No son solamente números. Son padres, hijos, hermanos, compañeros de trabajo y vecinos. Cada víctima fatal deja una familia quebrada y una pregunta que vuelve a instalarse: ¿qué estamos haciendo como sociedad para evitar que las muertes en el tránsito continúen?

El miércoles 23 de septiembre dejó dos nuevas víctimas fatales en Santiago del Estero.

Emanuel Urquiza, vecino de Los Mojones, perdió la vida luego de un choque entre dos motocicletas ocurrido en el norte de la ciudad Capital, en inmediaciones de avenida Madre de Ciudades y Antenor Álvarez. El conductor del otro rodado debió ser trasladado al Hospital Regional y las pericias deberán determinar las circunstancias de la colisión.

Horas después, otra tragedia golpeó a una familia santiagueña.

Horacio Bravo, agente penitenciario de apenas 29 años, circulaba en motocicleta por la Ruta Provincial N° 1, a la altura de Salavina, cuando impactó contra un carro que se encontraba detenido a la vera del camino. Las graves lesiones sufridas provocaron su fallecimiento.

Dos accidentes diferentes. Dos investigaciones en marcha. Dos vidas perdidas en cuestión de horas.

Septiembre ya registra al menos cuatro muertos

Las muertes de Urquiza y Bravo se agregan a otros dos fallecimientos de motociclistas registrados durante septiembre: uno sobre la Ruta Nacional 34, en cercanías de Pinto, y otro correspondiente a un hombre de 76 años que murió luego de un choque con una combi en Nueva Esperanza.

De esta manera, un relevamiento periodístico elaborado a partir de casos publicados contabiliza al menos cuatro víctimas fatales durante septiembre.

Se trata de un registro periodístico y no de una estadística oficial definitiva, por lo que el número puede modificarse ante la aparición o confirmación de otros casos.

El antecedente inmediato profundiza la preocupación: durante agosto otro relevamiento periodístico registró al menos 15 fallecidos en 13 siniestros viales ocurridos en distintos puntos de Santiago del Estero.

Una tragedia que no puede naturalizarse

Cada accidente tiene circunstancias particulares y será la Justicia, mediante las pericias correspondientes, la que deberá determinar responsabilidades en cada uno de estos casos. Pero la sucesión de tragedias obliga a mirar más allá del hecho policial del día.

La seguridad vial necesita convertirse en una política permanente y también en una responsabilidad colectiva.

Exceso de velocidad, adelantamientos indebidos, conducción bajo los efectos del alcohol, utilización del teléfono celular, falta de casco, vehículos sin condiciones adecuadas, escasa iluminación, animales o carros sobre las rutas y desconocimiento o desprecio de las normas son factores de riesgo que pueden transformar cualquier trayecto cotidiano en una tragedia.

A ello se suma una cuestión indispensable: el Estado debe garantizar controles sostenidos, infraestructura segura, señalización, iluminación donde corresponda y campañas de educación vial que lleguen verdaderamente a cada ciudad y localidad del interior.

No alcanza con operativos aislados después de una tragedia. La prevención debe estar antes del accidente.

La moto, protagonista de demasiadas tragedias

Existe además un dato imposible de ignorar en los casos relevados durante septiembre: las cuatro víctimas mencionadas eran motociclistas.

La motocicleta constituye un medio de transporte cotidiano para miles de santiagueños, especialmente trabajadores y familias del interior. Pero también deja a sus ocupantes mucho más expuestos ante cualquier impacto.

Por eso el casco correctamente colocado, las luces, la documentación, el respeto de las velocidades permitidas y la eliminación de maniobras temerarias no deberían entenderse como simples exigencias de un control policial. Son herramientas que pueden significar la diferencia entre regresar a casa o convertirse en una nueva víctima.

No podemos acostumbrarnos a contar muertos

Hay un riesgo todavía más profundo: acostumbrarnos.

Que una muerte en una ruta se transforme simplemente en otra noticia. Que un choque fatal sea desplazado pocas horas después por el siguiente. Que cuatro, diez o quince fallecidos terminen siendo únicamente una estadística mensual.

Detrás de cada número existe una silla que queda vacía.

Por eso Santiago del Estero necesita profundizar un debate serio sobre seguridad vial que involucre al Gobierno provincial, municipios, fuerzas de seguridad, escuelas, organismos viales, instituciones y, fundamentalmente, a cada conductor.

Los controles son necesarios. La infraestructura también. Pero ninguna política será suficiente si quien toma un volante o conduce una motocicleta no comprende que una imprudencia de segundos puede terminar con su propia vida o con la de otra persona.

Emanuel Urquiza y Horacio Bravo son los nombres de un miércoles trágico. Pero el verdadero desafío será conseguir que mañana no tengamos que escribir otros nombres.

Las rutas y calles santiagueñas no pueden seguir siendo escenarios donde la provincia cuente sus muertos. La seguridad vial debe dejar de aparecer únicamente después de cada tragedia y convertirse definitivamente en una prioridad de todos los días.

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