Polémica en Las Termas: una dirigente libertaria ironizó sobre los endeudados y generó rechazo

Anita Carino publicó un video en el que atribuyó con sarcasmo a Javier Milei la responsabilidad por las deudas personales. La grabación provocó críticas en medio de una realidad que golpea a millones de argentinos: casi seis millones de personas registran compromisos impagos.

La dirigente libertaria de Las Termas de Río Hondo, Anita Carino, quedó en el centro de la polémica luego de publicar un video en sus redes sociales en el que ironiza sobre las personas que responsabilizan al Gobierno nacional por sus dificultades económicas.

“Compré unas cosas y me endeudé. La culpa no es mía, la culpa es de Milei”, expresa Carino en la grabación, simulando una conversación con su pareja. El contenido fue interpretado por numerosos usuarios como una burla hacia quienes atraviesan problemas para pagar tarjetas, préstamos o créditos tomados mediante billeteras virtuales.

La controversia adquirió mayor dimensión porque Carino fue funcionaria del PAMI y recientemente participó de las elecciones municipales de Las Termas, donde no consiguió acceder al Concejo Deliberante.

Más allá de la intencionalidad política del video, el endeudamiento no representa una cuestión menor ni una simple excusa individual. Para millones de argentinos, recurrir al crédito dejó de estar vinculado con la compra de bienes prescindibles y pasó a ser una herramienta para cubrir alimentos, medicamentos, alquileres, servicios e impuestos.

Una realidad respaldada por cifras alarmantes

El informe “Endeudamiento y mora en familias”, publicado por el Centro de Economía Política Argentina, revela que en junio de 2026 existían 20,96 millones de personas endeudadas con bancos o proveedores no financieros de crédito. De ese total, 5,91 millones se encontraban en situación de mora.

El estudio también señala que la morosidad familiar con los bancos alcanzó el 12,8%, mientras que los atrasos con billeteras virtuales llegaron al 30,1%. Además, desde febrero de 2024 se incorporaron alrededor de 2,6 millones de nuevos deudores morosos. Informe completo del CEPA.

Los préstamos personales y las tarjetas de crédito concentran buena parte del problema. No siempre se trata de familias que gastaron por encima de sus posibilidades: muchas se endeudaron porque sus ingresos dejaron de alcanzar para afrontar necesidades básicas.

En Santiago del Estero, donde una parte considerable de los hogares depende de salarios, jubilaciones, empleos temporarios o actividades informales, la pérdida del poder adquisitivo tiene un impacto todavía más profundo. En Las Termas, además, comerciantes, trabajadores y pequeños prestadores sienten directamente las consecuencias de las fluctuaciones del turismo y el consumo.

Reírse del que sufre no puede convertirse en política

La publicación abre un debate que supera a una dirigente o a un partido político. ¿Hasta qué punto es aceptable utilizar el sufrimiento económico de otras personas para construir un mensaje partidario o conseguir repercusión en las redes?

Toda figura pública tiene derecho a defender el modelo económico con el que se identifica. También puede discutir las responsabilidades individuales al momento de tomar un crédito. Pero una cosa es debatir con argumentos y otra muy distinta es ridiculizar una realidad que quita el sueño a miles de familias.

Detrás de cada deuda impaga puede existir un trabajador despedido, un jubilado que necesita comprar medicamentos, una familia que recurrió a la tarjeta para llenar la heladera o un comerciante que pidió dinero para evitar cerrar sus puertas.

La política debería escuchar esas historias antes de juzgarlas. Cuando la dirigencia se ríe de quienes están atravesando un mal momento, no solamente demuestra falta de sensibilidad: también profundiza la distancia entre los representantes y la sociedad.

En tiempos difíciles, la empatía no debería ser una cuestión partidaria. La deuda puede discutirse, las políticas económicas pueden defenderse o cuestionarse, pero la angustia ajena merece respeto. Porque reírse de la mala vida de los demás nunca puede ser una propuesta política.

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