Ignorancia e imprudencia: un combo mortal que se repite en las rutas del interior santiagueño
A la imprudencia extrema se suma otro problema constante en este tramo de la Ruta 92: la circulación nocturna de numerosas motocicletas sin luces, una situación recurrente que multiplica el riesgo de siniestros viales en una zona ya marcada por los accidentes y la falta de controles.
La escena vuelve a repetirse y, una vez más, estremece. No por lo insólita, sino por lo peligrosa. En las últimas horas, un motociclista fue filmado circulando acostado sobre su vehículo y a alta velocidad por la Ruta Provincial 92, en el tramo que une Colonia Dora con Añatuya, una zona tristemente conocida por la cantidad de accidentes de tránsito registrados en los últimos años.
El video, captado a la altura de una fábrica de baterías —sector considerado crítico por los siniestros viales— muestra una maniobra extrema que combina ignorancia, imprudencia y desprecio absoluto por la vida, tanto propia como ajena. No se trata de una picardía ni de una travesura: es una conducta que puede terminar en tragedia en cuestión de segundos.
Las rutas del interior santiagueño, muchas de ellas de alto tránsito y con escaso margen de error, se han convertido en escenarios frecuentes de este tipo de acciones temerarias. Motociclistas sin casco, maniobras riesgosas, exceso de velocidad y falta total de conciencia vial forman parte de una postal que ya no sorprende, pero sí alarma.
Este tipo de hechos no solo constituyen graves infracciones a las leyes de tránsito, sino que exponen una problemática más profunda: la falta de educación vial sostenida y de controles efectivos en corredores donde los accidentes se repiten una y otra vez. Cada maniobra irresponsable es una ruleta rusa que puede involucrar a familias enteras que simplemente circulan por la ruta.
Las imágenes generaron indignación entre vecinos y usuarios habituales de la Ruta 92, que reclaman mayor presencia de controles y campañas de concientización. Porque cuando la ignorancia se une con la imprudencia, el resultado suele ser el mismo: vidas truncadas y tragedias evitables.
En rutas donde el tránsito es intenso y los antecedentes sobran, no hay lugar para la negligencia. Respetar las normas no es una opción: es la única manera de evitar que estas historias vuelvan a escribirse con sangre.





