El cardenal y obispo de Santiago del Estero junto al obispo de la diócesis de Añatuya brindaron un mensaje para Navidad

La esperanza que brota de la Navidad nos mueve a expresar que nadie está solo, que nadie está excluido

El cardenal y obispo de Santiago del Estero, Vicente Bokalic, junto con el obispo auxiliar de esta diócesis, Enrique Martínez Ossola, y el obispo de la diócesis de Añatuya, José Luis Corral brindaron un mensaje para Navidad.

Queridos hermanos y hermanas:

Al concluir el Año Jubilar 2025, en el que hemos sido convocados a ser peregrinos de esperanza, deseamos hacerles llegar este saludo cercano de pastores, en el marco de la celebración de la Navidad y en la antesala de un nuevo año que comienza.

Para nosotros, la esperanza tiene nombre y rostro: se hace silencio, Palabra y gesto en Jesucristo. Nace en el pesebre de Belén y allí se nos regala el don de la cercanía y de la ternura de Dios, que se acerca a nuestra historia para que todos podamos acogerlo sin miedo y con confianza. En el Niño Dios, el Señor sale a nuestro encuentro y nos recuerda que nunca estamos solos.

La esperanza que brota de la Navidad nos moviliza en nuestro caminar: nos pone de pie, nos impulsa a seguir adelante y al encuentro de los demás; nos invita a organizarnos como comunidad para ser espacio de acogida para tantos que se sienten desalentados, tristes y angustiados. Nos mueve a expresar fraternidad y, con nuestra presencia, a anunciar que nadie está solo, que nadie está excluido, que nadie es un «problema social», sino un hermano o una hermana que nos interpela y compromete porque somos familia.

Junto al pesebre, todos somos convocados a volver a mirarnos como hermanos, al buen trato, al cuidado amoroso, a la escucha abierta y respetuosa, al abrazo que sostiene en las luchas y a la mano extendida en el servicio desinteresado.

Celebrar la Navidad es ser testigos de esta Buena Noticia que nos impulsa a trazar nuevos mapas de esperanza, a abrir caminos de comunión y reconciliación, a entretejer una sociedad nueva con los hilos de la justicia y la paz, de la unidad y la reconciliación. Celebrar la Navidad es adentrarnos en el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios: es profesar que el Señor se hace carne, carne que tiene hambre y sed, que está enferma y encarcelada, que nos llama a la solidaridad y a la comunión.

Como Iglesia, se nos llama a ir hacia Él y a brindarle afecto y hospitalidad en aquellos con quienes Él mismo se ha identificado. Como nos recuerda el Papa León XIV en Dilexit te (79): «Cuando la Iglesia se inclina hasta el suelo para cuidar de los pobres, asume su postura más elevada».

Jesús es nuestra esperanza firme, cierta y permanente; en Él nunca seremos defraudados. Volver siempre a Él, centro y raíz de nuestro ser cristiano y de nuestras comunidades, nos ayudará a madurar en la fe y a dar frutos de amor y entrega. Acojamos, en medio de tantas dificultades, al Hijo de Dios hecho carne como compañero de camino, que nos anima a no bajar los brazos y a esperar contra toda esperanza.

Recibamos con corazón abierto al Hijo de María, que, envuelto en pañales, viene a traernos la luz en medio de tantas realidades oscuras que empobrecen la vida personal y social. Abracemos al Niño Dios, Príncipe de la Paz, que nos invita a desterrar la violencia, siendo hombres y mujeres instrumentos de una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, aun cuando los muros de la indiferencia, de los desencuentros y de la injusticia nos separan y apartan.

Que esta fe cristiana que forjó la historia de nuestro país y que está en el sustrato de nuestra cultura siga haciéndonos constructores de una patria de hermanos y hermanas.

Que el Señor bendiga a todas las personas de nuestra Provincia, a nuestras comunidades y a tantos hermanos y hermanas de buena voluntad que, aun sin profesar la fe en Cristo, son promotores de valores humanizantes.

Que el año 2026 sea un tiempo de gracia para renovar el compromiso de caminar juntos, y que la paz y el gozo que brotan de Belén acompañen todos los días del Año Nuevo que pronto iniciamos.

Los abrazamos y bendecimos en el Emmanuel, Dios-con-nosotros, como Santa Mamá Antula, que abrazaba a su «Manuelito» dormido sobre la cruz, recordándonos que el Niño que nace es Aquel que nos ama hasta el extremo.

Vicente Bokalic, cardenal, arzobispo de Santiago del Estero / José Luis Corral, obispo de la Diócesis de Añatuya / Enrique Martínez Ossola, obispo auxiliar Diócesis de Santiago del Estero

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