Quién es el hombre que vivió por el milagro de Mama Antula
Conocé al profesor santafesino que ahora suma a su currículum vitae haber sido beneficiado con un milagro de la primera santa argentina, Mama Antula.
Claudio Perusini tiene 66 años, es profesor de filosofía, fue director de un colegio secundario en Santa Cruz y ahora suma a su currículum vitae haber sido beneficiado con un milagro de la primera santa argentina, Mama Antula.
Aunque sabía que su sorprendente recuperación después de haber quedado 28 días en estado vegetativo tras sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) estaba siendo analizada con cien lupas por los médicos y los expertos del Vaticano, pensó que ese mensaje nunca iba a llegar.
Claudio, nacido en 1959, quien sufría de un «ictus isquémico con infarto hemorrágico en varias zonas, coma profundo, sepsis, shock séptico resistente, con fallo multiorgánico», consignó el Vatican News.
El milagro ocurrió en un hospital de la provincia de Santa Fe. El hombre había ingresado a la unidad de cuidados intensivos en estado comatoso, «el TAC muestra un infarto muy extenso del tronco encefálico. Pronóstico poco auspicioso o muy reservado, con muy pocas posibilidades de volver a la vida normal debido a las lesiones cerebrales irreparables», indicó el medio citado.
Con el paso de los días, el internado había mostrado una «notable mejoría». Tras unos meses en fisioterapia recuperó su independencia y autonomía en su vida diaria. Los familiares y amigos de C.P habían rezado a la Beata María Antonia de San José pidiéndole por su intercesión. A estos se sumó el rezo de siete personas ajenas y pidieron por la salud del enfermo. Su invocación y curación forman parte de su fama de santidad que también gozó en vida.
«Comparando las conclusiones científicas a las que llegaron los médicos tratantes y la Consulta Médica del 14 de septiembre de 2023, sobre la curación del Sr. C.P., y de los textos todos que atestiguan la invocación de la Beata María Antonia de San José, la relación entre invocación y curación se hizo clara y evidente».
Tras su muerte, las atribuciones de la Sierva de Dios se expandieron a toda la Argentina, España y Francia.




