Juan Paz afianza su vocación sacerdotal y su formación para servir

Mientras transita su tiempo de aislamiento social en su casa junto a su familia en Tintina, Juan Paz participa de sus clases y formación propia del seminario en forma virtual. “Estamos en un momento de formación intenso a distancia muy diferentes ante este tiempo particular que vivimos que va a tener un gran impacto y que no lo vamos a olvidar”, asegura.
Juan inicio su quinto año del seminario y está comenzando la formación teológica así que ya cursó el primer año introductorio, tres años de filosofía e inicio el primero de los cuatro de teología. “Me quedan cuatro años de formación que asumo con mucha responsabilidad”, contó.

Juan comparó su vida vocacional como “una experiencia de enamoramiento”. Así lo explicó: “En esa experiencia uno no tiene toda la certeza, no tiene toda la seguridad. Al principio esperaba que Dios me envíe un ángel con una bandeja que me diga esto es lo que tienes que hacer y yo lo hago y confío. A veces es un rumear, un discernimiento, ir viendo las opciones, las cosas que me hacen feliz y que es lo que Dios quiere. En esa dinámica de conocer la vida Dios es también conocer mi vida, uno va fortaleciendo la decisión que justamente se fortalece con pequeñas decisiones diarias y lógico que cuesta como en cualquier proyecto de vida”. Y aseguró que la vida de seminarista “es un camino hermoso en el que se percibe que a pesar de algunas cosas que suceden Dios siempre está ahí. Dios no abandona nunca y esa es mi experiencia y lo que me anima con mucha esperanza a seguir. Uno puede llegar a mirar lo que puede dejar como un proyecto de realización personal y embargarme en la tristeza por todo lo que debo dejar para seguir este camino, pero Dios nos invita, nos acompaña y no nos deja solos y eso produce mucha felicidad”.

Su vocación apareció al terminar la escuela secundaria en el 2010. Su pregunta era ¿Qué hago con mi vida después, a que me dedico, que estudio? Así comenzó un proceso de búsqueda de respuestas. Inicio una tecnicatura en administración, luego siguió la carrera para maestro, pero seguía sin determinar el camino a seguir. Le gustaba mucho la música, trabajaba de eso e incluso tenía un empleo en la municipalidad, pero siempre pensaba que estaba ubicado en un lugar que no sabía si lo hacía feliz hasta que se preguntó qué era lo que lo hacía feliz. Mientras tanto participaba del grupo juvenil, era catequista y disfrutaba mucho de lo que eso le daba. “Eso me gustaba mucho, pero me preguntaba quien se dedica a eso. Y respondiéndome apareció la figura del sacerdote. Pero esa figura me generaba muchos prejuicios y la verdad es que no lo iba a tomar. Yo sabía que quería ser feliz y seguí buscando hasta que me decidí a preguntarle a alguien que hacía lo que a mí me gustaba y me hacía feliz. Aquí hay un sacerdote que dedicó su vida, hablemos dije y así el padre Exequiel desde el 2014 me acompañó con los diferentes planteos que le traía porque mucha información no tenía”, contó.

“Me fue quitando muchos prejuicios, cosas que nada tenían que ver y que iban borrando esa imagen negativa del sacerdote. Y seguía pensando que no podía ser únicamente el sacerdocio y seguía con dudas. Ponía el foco en lo que tenía que dejar, pero cuando me decidí porque sentí cierta sensación de paz cada vez que me preguntaba esto en la oración. Dios me fui guando para decir este sí y eso se consolidó el día de la ordenación episcopal de monseñor Melitón Chávez. Y así ingrese muy inseguro y con mucho temor al año siguiente. Pasaba el tiempo y descubrí que Dios siempre estaba ahí acompañándome”, relató.

En su proceso personal Juan no solo preguntó a Dios ¿Qué quieres de mi señor? sino que se ocupó de conocer que quería él. “La vocación nace desde una construcción entre lo que Dios quiere y lo yo siento que voy a poner toda mi energía y mis ganas. Pareciera que es una imposición de Dios, pero creo que Dios es muy feliz sabiendo que nosotros también lo elegimos”.

Para Juan hay tres cosas que descubrió durante su tiempo de formación en el seminario. Lo primero es que esto viene de Dios. “Sino no se explicarían muchas cosas. A veces mi propia familia se opuso a mi vocación y me preguntaban porque elijes esto, no da redito económico, no es buena la reputación y un sinnúmero de cosas que se ponen como obstáculo. Esto viene de Dios y Dios está ahí en todo lo que uno ha vivido”.
Lo segundo: “Dios ha ido transformando mi realidad y la de mis padres, hermanos, familia y muchos amigos. Es una sensación de satisfacción que no se puede describir en palabras. Hoy sé que muchos comparten lo mío y es como si me hubiera dicho vos encárgate del seminario y yo iré a laburar en tu realidad para transformarla”.

Lo tercero: “Lo que uno deja atrás o lo aparta para poder avanzar después vuelve. Lo he resignificado. No es que uno es otro, es el mismo, pero con otro significado”.

Al final Juan dejó saludos para todos y se encomendó a las oraciones de todos para seguir fortaleciendo su vocación.

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