Con arte y memoria, la Casa Taboada recreó una época clave de la historia santiagueña
En el corazón profundo de Santiago del Estero, donde la historia no se guarda en libros sino que respira en cada rincón, hay un lugar que se ha convertido en símbolo de memoria, identidad y reivindicación cultural: el Complejo Casa Taboada.
A dos años de su recuperación y puesta en valor, este edificio centenario no solo resiste el paso del tiempo, sino que lo resignifica. Lo transforma. Lo devuelve al pueblo.

La reciente intervención teatral “Los Taboada” no fue simplemente una puesta en escena. Fue un viaje. Un puente entre generaciones. Una forma de volver a mirar quiénes fuimos para entender quiénes somos.

Personajes históricos como Manuel, Antonino y Felipe Taboada cobraron vida frente a los ojos de los visitantes. También lo hicieron figuras entrañables y casi míticas como la “Rubia” Moreno y, sobre todo, la siempre presente Mama Antula, símbolo espiritual y cultural de los santiagueños.


Pero lo más potente no estuvo solo en los nombres. Estuvo en la experiencia.
Porque la Casa Taboada dejó de ser un edificio para convertirse en escenario vivo. Las damas de la poesía, los acordes del violín, la guitarra y el arpa, y ese patio santiagueño recreado con bombo, bandoneón y danza, hicieron que la historia dejara de ser distante. Se volvió cercana. Humana. Sentida.

El subsecretario de Coordinación Institucional, Ricardo Sosa, lo sintetizó con claridad: no se trata solo de recordar, sino de revivir una época que forma parte del ADN de la provincia.
Y allí está el verdadero valor de este espacio.
La Casa Taboada no es únicamente una obra arquitectónica recuperada. Es una decisión política y cultural. Es entender que el desarrollo también pasa por preservar lo que somos. Que no hay futuro posible si se pierde la raíz.
Sus ladrillos vistos, el aljibe que resiste como símbolo, los túneles cargados de misterio y conexión con la historia institucional, todo en ese lugar habla. Todo dice algo. Todo interpela.
Hoy, ese mismo edificio que alguna vez fue testigo silencioso del poder y la historia, alberga oficinas públicas y, al mismo tiempo, una dimensión cultural que lo convierte en un punto de encuentro entre pasado y presente.
Una casa que guarda tesoros. Pero no materiales.
Guarda identidad. Guarda memoria. Guarda pueblo.
En tiempos donde todo parece efímero, la Casa Taboada se levanta como un recordatorio firme: Santiago del Estero no olvida. Y cuando decide recordar, lo hace con fuerza, con arte y con el corazón.
Porque hay historias que no deben quedar atrás.
Y hay lugares, como este, que tienen la misión de mantenerlas vivas.





