Exclusivo: “Rebeldes del Estero” un gran trabajo literario de una joven de Bandera

Transcripcion de la magnifica obra narrativa de una joven de Bandera

Sur Santiagueño les entrega esta narración para leerla especialmente en este día domingo, está escrita por Abigail Castro Bosque, una joven del 3º año del Colegio Secundario Monseñor Weimann y le valió el primer premio del Concurso Literario del Bicentenario de nuestra Autonomía Provincial, que fuera organizado por la SADE y la UNSE

“REBELDES DEL ESTERO”

«Juan Francisco Borges, como precursor de la Autonomía Provincial y Felipe Ibarra el gran caudillo santiagueño» leí, en una vieja revista con un poco de polvo que había encontrado esa mañana entre las típicas revistas infantiles “Billiken” con figuritas de próceres y que, seguramente, me había comprado mi madre en las calles de Santiago del Estero; alguna de esas veces que la acompañé a Capital, después de decirle que sería «la última revistita que me compraría y nunca más».

Afuera llovía fuertemente. La lluvia siempre había sido una de mis inspiraciones para escribir, sin embargo, aún no podía terminar de redactar la reflexión para el día de la «Autonomía Provincial» que debía presentar para una tarea del colegio. Estaba perdida en el sonido provocado por las gotas de agua al caer en el suelo cuando escuché la dulce voz de mi abuela.

– ¿Qué sucede princesita? Te noto un poco angustiada. No te preocupes que con las empanaditas de la abuela y este rico locro que estoy haciendo se te pasa cualquier malestar. – Dijo mi abuela dulcemente intentando animarme, mientras revolvía el locro para que el contenido de la olla no se quemara.

-Sucede que debo realizar una reflexión para el 27 de abril reflejando la importancia de nuestra Autonomía santiagueña. Pero, no se me ocurre nada. -Dije afligida.

-Eso es muy sencillo. Y aquí tienes a tu abuela que fue profesora de historia.

-Entonces, ¿me vas a ayudar?

-Claro qué sí, enciende la radio y pon Los Manseros Santiagueños así te explico.

– Y… ¿entonces?

– ¿Aún no te has dado cuenta? – preguntó mi abuela muy sorprendida.

– ¿De qué debo darme cuenta?

– El locro, las empanadas santiagueñas, el folklore; ¿no te parece una de las razones por las cuáles fue importante aquel 27 de abril? -la observé desconcertada sin comprender ni una sola palabra de lo que decía- ¿Qué sería de nuestras raíces culturales si hoy no fuésemos una provincia autónoma capaz de obrar según su criterio?  Estos changos que aparecen en la ilustración, tal y como dicen ustedes los jóvenes, ¡se han «bandeao» de en serio! -Exclamó señalando los retratos de Borges e Ibarra. – Fueron verdaderos héroes santiagueños.

Héroes santiagueños- pensé en voz alta- ¿Qué tenían de especial estos hombres que los demás no? Algo tenían que tener, además de ser «precursores de la Autonomía”, “grandes caudillos” y encima poseer el gentilicio «santiagueño». ¿Qué tenían en común estos hombres? Hice un análisis mental: ambos se llamaban Juan, eran próceres… no, no podía ser eso.

-Ambos participaron de las guerras civiles… ¡Sí, eso es! -Grité entusiasmada.

-En realidad, lo especial no es su participación; sino los crímenes de los enfrentamientos. –Dijo mi abuela cómo si me hubiese estado leyendo la mente o quizás, por mi torpeza, había pensado en voz alta. -Crímenes de pasión y crímenes de lógica.  Estamos en la época de lo premeditado. Los criminales contemporáneos no son ya esos jóvenes indefensos que se exculpaban a través de la pasión. Más bien, son personas adultas, y su filosofía, es la que puede servir hasta para convertir a los homicidas en jueces.  En cambio, los crímenes de pasión funcionan de una manera distinta. Son realizados y en ese instante termina todo su carácter. – Me explicó mi abuela con una sonrisa.

– ¿Crímenes de pasión?

-Claro. Esos changos parecían no tenerle miedo a nada, eso supone la fuerza de la pasión. Un sentimiento impetuoso, capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón.

– ¿Y qué tienen de especial Borges e Ibarra?

-Eran hombres rebeldes. Pero no solo ellos porque, al parecer, la rebeldía se contagia; ya que todo un pueblo fue parte de esa rebelión.

– ¿Rebeldes?

-Exactamente, ahora déjame servir el locro. Mientras tanto, te hago una pregunta: ¿qué crees que es un hombre rebelde?

-Alguien que se rebela, que dice NO.

– Claro. El pueblo santiagueño juzga intolerable, de pronto, una nueva orden del gobierno tucumano y se niega al decir NO. Pero, ¿cuál crees qué es el contenido de ese NO?

– Significa que, «hay una demarcación que no puede ser sobrepasada”, «las cosas han durado demasiado» o «en adelante no».

– Así es, el pueblo santiagueño caminaba bajo el látigo de Aráoz y sus seguidores, sin embargo, elige hacerle frente y en el instante en que rechaza la orden, a su vez, está rechazando su estado de esclavo. Alguien dijo una vez, «todo valor no implica la rebelión, pero todo movimiento de rebelión invoca tácitamente un valor». ¿Cuál es ese valor? Terminá de comer, pensá y luego me cuentas.

Después de comer, como de costumbre, me recosté en la vieja mecedora de mi abuela-bajo un gran algarrobo de unos 8 metros de altura que teníamos en el patio- para continuar leyendo la revista que había comenzado a leer durante la mañana. Mi abuela, solía contarme historias sobre el deleite de este árbol y que, según sus relatos, esta especie arbórea era una representación de nuestro suelo santiagueño y, por lo tanto, era especial.

 Entre mecida y mecida, mecida y mecida de pronto, vi a un hombre huyendo de una cárcel.  ¿A caso no tenía miedo de ser descubierto?

– ¡Se ha escapado! ¡Atrápenlo! – Se escuchaba desde el interior de la prisión.

Todo este escándalo ponía de manifiesto el enojo por la fuga del valiente individuo.

Nuevamente vi al hombre de gran osadía, pero esta vez, conversando con alguien más:

– ¡Güemes! Necesito que me ayudes. -Dijo agitado el valiente hombre.

– ¿Qué sucedió Borges que estás tan preocupado?

– Sé que por diversos motivos apoyas la separación santiagueña de Tucumán, por eso es que he venido hasta aquí. Mi aflicción se debe a que estoy escapando de las garras de Aráoz.

-Ahora entiendo. Refúgiate aquí en Salta, cuentas con mi protección. -Respondió Güemes.

Este hombre, Borges, regresó de Salta y sublevó nuevamente al pueblo arrojándose al Todo o Nada. Un “todo” ponderativo y desmesurado que aún no se divisa y un “nada” que genera una oportunidad de ir a por ese todo.

Y así fue. Su inadaptación a la imperfecta realidad lo sensibilizó ante lo injusto e interiorizó con él «el vencer cualquier cosa que pudiese esclavizarle». El combate de Pitambalá fue prueba de ese espíritu rebelde que Belgrano pretendía extinguir.

Una vez más, vi a Borges huyendo pero, en esta oportunidad, de las tropas enviadas por Belgrano, sin saber que sería el final de aquel temperamento inquieto y fuerte, de aquel espíritu de lucha, de aquellas palabras ásperas-y a veces violentas- que salían de su boca, de su tenacidad y sobre todo de su compromiso con el cambio.

En busca de que Güemes le prestara su ayuda nuevamente se retiró hacía el río Salado para pasar a Salta, sin embargo, fue hostigado por los persecutores y se refugió en Guaype, cerca de Matará. Pero, ingenuamente su confianza fue traicionada. Leandro Taboada, sin misericordia ni piedad, lo entregó a Lamadrid.

Una chacra en un convento y un frondoso algarrobo-en el que estaba atada una silla de cuero que serviría de banquillo-fue el deceso de aquel espíritu insurgente.

 ¿Era Borges un «rebelde» tal y cómo me había dicho mi abuela? Algo lo movía; una razón, un sentimiento, o quizás, un valor. Un valor que lo despojaba de todo miedo y que quería hacer respetar poniéndolo por encima de lo demás, proclamándolo preferible ante todo, inclusive ante su propia vida.

Sí, todo esto había sucedido en mi patio; tal vez fueron imágenes producidas por mi imaginación, o quizás las historias de mi abuela sobre el deleite del algarrobo tenían algo de cierto y lo «especial y mágico» de este árbol, no era ni más ni menos que las memorias guardadas en él de un rebelde y gran héroe santiagueño.

Abigail Castro Bosque.

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