El teatro interpelando la violencia de género, en épocas de pandemia

Compartimos un análisis de la obra teatral “SOMOS” de Lucrecia Pereyra”, escrito por *María Emilia Bianchi*.

Era el jueves 23 de Julio de 2020, y aún no se había descubierto una vacuna contra el COVID- 19, la epidemia continúa desafiándonos como sociedad, obligándonos a reinventarnos. Una amiga querida, performer y militante feminista santiagueña, Lucrecia Pereyra, presentó su obra “SOMOS” con textos de su autoría y de Verónica Paroli, actuación de Lucrecia Pereyra y filmación de Daniela Ríos.

Ese día fue la primera vez que el teatro santiagueño se reinventó, haciendo teatro “virtual”, lo que no es poca cosa. Esta obra ha sido seleccionada por el Instituto Nacional del Teatro en la convocatoria «Concurso de Actividades Performáticas en Entornos Virtuales».

Ese día, me conecto a las 16:20 y con extremada puntualidad la obra comienza a las 16:30; la expectativa es grande. La cámara enfoca los pies descalzos de una mujer, sobre la tierra, cubiertos de botones, el viento vuela y se puede entrever que la misma lleva un vestido blanco. Sobre el piso hay una tela rosa. El sonido de la calle y del viento es intenso. La cámara se mueve, muestra la calle de un barrio urbano típicamente santiagueño, a lo lejos un perro ladra, un hombre pasa en moto sin enterarse de lo que está sucediendo. La cámara gira y finalmente muestra a la misma mujer parada en la puerta de su casa, con un vestido blanco de novia, rodeada de rejas y en ellas papeles en blanco. Cuando la cámara se acerca se puede ver que el vestido lleva cocido fotografías en blanco y negro de mujeres con sus respectivos nombres.

Así comienza la obra performática “SOMOS” que muestra de manera acertada la problemática de violencia de género en épocas de pandemia. Cada recurso utilizado da cuenta de esto. No es un detalle menor que lleve un vestido de novia, blanco, puro, pulcro y que la tela sobre el piso sea rosa. De esta forma, la actriz muestra la ilusión del amor para siempre, del casamiento como mandato social en la mujer, del “hasta que la muerte nos separe”. Sin embargo, el vestido está cubierto de imágenes de mujeres argentinas víctimas de femicidio, que han sido asesinadas en el aislamiento obligatorio. Cada imagen está cocida con un botón rojo. Es así como el vestido blanco de novia, se cubre de luto, pierde lo festivo, se transforma en muerte y lo acompaña una tela rosa. Ese rosa que como imposición viene a decir cómo debe ser la mujer, cuál es el rol que debe cumplir en una sociedad netamente patriarcal. La inocencia, lo delicado, lo pulcro es resignificado en muerte y dolor.

La performance continúa cuando la cámara enfoca un frasco de botones; luego la actriz los tira al piso, se los pasa por el rostro, los escupe, se los pone en los ojos. Los botones simbolizan una de las medidas tomadas por el Estado Nacional para contener a las víctimas de violencia de género, una de las tantas medidas tomadas sin éxito. Luego la actriz dice “A pesar de tener un botón antipánico a Marianella, su pareja, la mató de tres balazos”

De esta forma, Lucrecia muestra la insuficiencia del Estado para prevenir la violencia de género y los femicidios, y reclama expresamente la muerte de 72 mujeres en lo que va de la pandemia en la Argentina.

En la obra, el botón que debería contener a la mujer y prevenir su femicidio pasa a ser la bala que la asesina.

Otro recurso utilizado por Lucrecia con gran acierto son los papeles en blanco que cubren las rejas de la entrada de la casa del personaje mujer. Carteles en los que no se puede leer ni ver nada pero que fueron pegados allí con una intención. Estos demuestran la indiferencia de la sociedad ante los casos de femicidio, el silencio y la impunidad; y esto se refuerza cuando la actriz pide a la cámara que por favor se vaya, que hay un cartel en la puerta de su casa que dice que se retire, que la vez pasada la ha golpeado fuerte: “¡Por favor mi amor retírate!”. Pero la cámara no se retira. Permanece allí y luego ingresa a la casa con ella.

En lo que la mujer se dirige a la casa tararea una canción de Ricardo Arjona “Dime que no”, que habla de la insistencia de un hombre para que una mujer le diga que sí, no respetando su decisión. Otra vez, la actriz nos muestra la violencia que se ejerce sobre la mujer y nos lleva a la frase tan repetida en el discurso feminista: “No es no”, que es reforzada por un comentario del público que observa la performance.

Cuando la mujer está en la casa, procede a cocinar, mientras escucha los audios que revelan los sucesos ocurridos tras el asesinato de Priscila en Santiago del Estero, uno de los femicidios más brutales que demuestra la impunidad e indiferencia con la que se maneja la policía de la provincia, el Estado y la sociedad toda.

Priscila fue una joven de 15 años, que desapareció el 23 de febrero de 2020 y encontrada asesinada el 15 de abril del mismo año, enterrada debajo del domicilio de su primo, el principal sospechoso. Desde el día de su desaparición su familia salió a buscarla por todos los medios a su alcance, mientras la policía se negaba a realizar la búsqueda con el planteo de que seguramente “se había ido con su novio” y luego excusándose en la pandemia del covid- 19.

Fue gracias a la movilización del Movimiento de Mujeres y de la familia de Priscila, que la noticia llegó a nivel nacional y que la joven fue encontrada después de más de un mes de su desaparición.

En este momento de la performance, en la cual se escuchan los audios sobre el femicidio de Priscila, los comentarios comienzan a aflorar reclamando: “¡Justicia por Priscila y por todas!”, mientras el personaje mujer continúa cocinando en su entorno cotidiano una masa con botones que luego comerá.

Los audios de los sucesos del asesinato de Priscila se entremezclan con frases de distintas mujeres que han marcado un hito en la historia como Juana Azurduy, Simone de Beauvoir y Virginia Volten. No puedo sino pensar que las mujeres somos, en ese momento, las protagonistas.

Luego la actriz dice: “Soy una, soy todas, soy la antigua plegaria de aquella, que sentada en la boca de la caverna, mirando la luna soñaba conmigo. Soy la que lucha, soy la que espera a la que luchará por mí, peleará por mí…” reforzando la problemática que deja entrever, y el título de la obra.

Finalmente, recibe un video, desde su teléfono celular, de unas niñas que cantan una canción feminista: “Y ahora que estamos juntas, y ahora que sí nos ven, abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer”.

Es así como la tecnología es utilizada de manera correcta por la actriz; videos, audios y la transmisión en vivo hacen de esta una obra diferente y única, sin perder su valor artístico y poético.

La virtualidad permite la participación constante del espectador, en vivo y en directo, a través de comentarios, resignificando el teatro presencial; pero también el público pasivo. A pesar de no estar presente, este está activo e incluso puede comentar durante la obra, lo cual es sumamente interesante.

De esta forma, Lucrecia Pereyra nos muestra que el teatro se puede reinventar y cómo es posible hacer teatro incluso “en el infierno”, como diría Eugenio Barba. Pero también, nos permite ver cómo el feminismo ha logrado visibilizar aquello que se callaba y se ocultaba; y cómo las mujeres juntas han podido luchar históricamente combatiendo al patriarcado porque hace siglos “todas somos una”.

María Emilia Bianchi es Licenciada en Comunicación Social y teatrista de Santiago del Estero.

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