“Más nos duele cuando a tantas mujeres les quitan y despojan de su dignidad”, dijo Mons. Corral

En la noche del jueves 18 de febrero fue sustraída la corona de la Virgen del Valle entronizada en la Iglesia Catedral de Añatuya. Este hecho y su rápido hallazgo motivó una reflexión por parte del obispo añatuyense José Luis Corral titulado “La Virgen María, la corona y las mujeres”.

A continuación, compartimos el texto con su reflexión:

LA VIRGEN MARIA, LA CORONA Y LAS MUJERES

UN HECHO INSÓLITO EN AÑATUYA

En la noche del jueves 18 de febrero recibíamos con tristeza la noticia que había sido sustraída la corona de la Virgen del Valle entronizada en la Iglesia Catedral de Añatuya.

A pocas horas podíamos compartir que había sido encontrada por el personal policial en una vivienda particular.

A partir de eso surge esta reflexión.

VIRGEN MADRE Y REINA; CON DELANTAL Y CORONA.

La Virgen María es presentada en los Evangelios como una humilde muchacha de Palestina que fue escogida para ser Madre del Hijo de Dios, a quien le pusieron el nombre Jesús. Ella como ama de casa y en compañía de su esposo José asumieron acompañar su crecimiento y vivir este proyecto de familia. María se autopresenta como la servidora del Señor, se identifica como quien pone toda su vida a disposición del plan divino.

La comunidad de los creyentes la reconoce como Madre de Dios y Madre nuestra, porque así fue entregada por Jesucristo desde la Cruz al discípulo amado, figura de todos sus discípulos

Por eso la nombramos Madre de la Iglesia; el cariño, respeto y devoción de los cristianos se manifiesta a lo largo de las generaciones que le han reconocido con diversos nombres y atributos como:  reina, maestra, abogada, señora, protectora, etc.  La piedad del Pueblo de Dios ha plasmado sus sentimientos hacia la Virgen María en hermosos vestidos, mantos, joyas, coronas con que le han querido tributar su culto.

El pueblo peregrino en su camino cotidiano sabe y experimenta su protección amorosa y su amparo maternal.

La corona de la Virgen, más que una joya de orfebrería o una reliquia sacra, es un signo de su santidad coronada por la plenitud de la gracia en la gloria de Dios Uno y Trino. Como lo dice el libro del Apocalipsis: aparecerá una Mujer vestida de sol, coronada de estrellas y con la luna a sus pies.

UNA CORONA DE VIRTUDES Y AMOR

María más que una corona de piedras preciosas, de rosas o laureles es destacada por las virtudes vividas de modo radical y total.

En María reluce y resplandece el evangelio vivido en la acogida cordial y en la entrega generosa, por eso la proclamamos como Señora y Reina de todo lo creado, en perfecta comunión con su Hijo Jesucristo y que brilla como sigo de consuelo y esperanza para todos.

La corona, que nos movilizó a su búsqueda, tiene más este valor espiritual-teologal que material.

Sabemos que esta Corona ha acompañado por muchos años a nuestra imagen de la Virgen Patrona de nuestra Diócesis. Monseñor Gottau con el aporte de muchas personas y familias de nuestra comunidad lograron esta bella pieza que es todo un obsequio de gratitud y piedad de nuestro pueblo cristiano.

Como Iglesia de Añatuya nos gozamos que volvamos a contemplar la imagen de la Virgen coronada en nuestro templo mayor, ella que nos representa a nuestra Madre del cielo que vuelve hacia nosotros sus ojos misericordiosos y nos invita hacer todo lo que su hijo Jesús nos dijo: amar, perdonar y servir.

MARÍA Y LAS MUJERES HOY

Justamente en estos días en localidades cercanas hemos sido testigo de homicidios de mujeres jóvenes y madres, hechos trágicos que nos han conmovido e indignado, nos hemos dolido y llorado por estas víctimas de violencia, abusos y machismo.

Nos ha irritado que le quitasen la corona a nuestra querida imagen la Virgen María. Pero más nos duele cuando a tantas mujeres les quitan y despojan de su dignidad, valor, sueños, oportunidades, respeto y hasta de la propia vida. Son hermanas nuestras, imagen del creador y la gloria de Dios es que todos vivan y tengan vida en abundancia.

Así como hicimos todo lo posible para recuperar la corona nuestra Señora del Valle, no podemos dejar de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que todas las mujeres, niñas-adolescentes-jóvenes y adultas, recuperen su lugar y no permitamos que a nadie se le quite ni dañe su vocación sagrada a la vida y al amor.

El amor y veneración hacia la Madre de Dios nos debe convocar para respetar y defender a las mujeres con quienes convivimos y ver en cada una ellas un espejo de María.

CORONAVIRUS- CORONAVIRTUS

En tiempo de pandemia hemos sido abrumados por el coronavirus y anhelamos que pronto vaya retrocediendo y que alcancemos la coronavirtus. Combatimos el virus del COVID pero también el de la corrupción, de la manipulación y del atropellamiento. En lugar del virus que enfermedad y mata, cultivemos la virtud que engrandece y recrea la vida. Así como se recuperó la corona de la Virgen recuperemos un nuevo modo de vivir relaciones recíprocas marcadas por la solidaridad, la ternura y la compasión.

Que este tiempo marcado por el menosprecio de la vida y el despreciado a los demás se transforme y reaccionemos para que hagamos presente el verdadero y sincero aprecio de la comunión que no excluye ni margina a nadie.

Digamos basta de cultos de barbarie que cubren con mantos de sangre a tantos hermanos y hermanas, volvamos de corazón a Dios cuando nuestros corazones están desviados, para dar el culto verdadero que agrada al Señor. Honrarlo es andar en verdad y humildad, practicar la justicia y el derecho, promover la unidad y la paz para ser artífices de una nueva sociedad plena de humanidad.

Mons. José Luis Corral, SVD

Obispo de Añatuya

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