Selva: Una ciudad confundida por el Covid-19

Enclavada en el sur santiagueño a 320 kilómetros de la Capital, y a 17 de Ceres (Santa Fe), fue la primera ciudad en tener un caso de Covid-19, la primera en cerrar sus fronteras y en comenzar la cuarentena preventiva para que el virus no se propagara por toda la provincia.

Transcurrieron más de 60 días de aquel 14 de marzo, cuando el Intendente Dr. Enrique Bertolino, en una muy atinada medida, declaró la cuarentena y el aislamiento social y preventivo, por lo que, actualmente, la ciudad cumplió con el confinamiento estricto.

Durante el transcurso de este tiempo el pueblo selvense cumplió a rajatabla lo dictaminado por el ejecutivo municipal, lo que le valió palabras de aliento. El gobernador, Dr. Gerardo Zamora y el ministro de Salud de la Nación, Dr. Ginés González García, destacaron el comportamiento de la ciudadanía y la forma en que se desenvolvió ante las medidas adoptadas.

En el transcurso de este periodo, Selva fue foco de muchas historias: verídicas o no; anecdóticas, como las de los mentados gorgojos, estigmatizada en otras regiones… Sin embargo, su gente siguió firme acatando lo que consideraba era lo mejor para todos con acciones solidarias, como la baja en los precios, repartir leche a las personas más necesitadas, asistencia de Bomberos a las personas vulnerables, asistencia del comedor municipal. Además se creó un Comité de Emergencia que engloba a las instituciones más importantes con las cuales delimita acciones a seguir durante la pandemia.

Así fue que comenzó a flexibilizar los horarios de los comercios que podían optar por dos modalidades. Abrir hasta la siesta o en horario fragmentado. Se puso en marcha el programa “Nos movemos” ante la solicitud de la gente que, por prescripción médica, o habituada a este tipo de actividad, quería tener su recompensa por lo hecho hasta el momento.

Esta actividad, en un marco de control y, respetando el distanciamiento social y el uso obligatorio del barbijo, dio lugar a que se liberara el andar en bicicleta por un circuito estipulado. Lo mismo que ocurrió en el caso de las caminatas con un grupo reducido de personas y cumpliendo las normas preventivas.

La ciudadanía respetuosa y con alegría gozaba de estas oportunidades que se había ganado por su buen comportamiento y una actitud cívica digna de imitar por otros comprovincianos.

Luego siguió la liberación de gimnasios en horarios estipulados y acordados con los dueños de los locales, resguardando como prioridad la salud e higiene de los lugares donde en grupo reducido concurrirían al local.

Sin embargo, todas esas libertades ganadas por el esfuerzo y la disciplina puesta durante la cuarentena fueron interrumpidas y Selva debe retroceder unos pasos. Bertolino lo admitió: “cometimos un error al querer brindar cosas distintas a lo que dicta el protocolo provincial”.

En Selva los vecinos se preguntan por qué. Lo hacen a través de las redes sociales y con comentarios en la calle. «Por qué no nos pueden brindar la posibilidad de tener cierta anuencia en actividades que están siendo bien controladas y que serviría como ‘ejemplo’ para otras comunidades’ como lo manifestaron funcionarios»

La ciudadanía manifestó su discrepancia sobre este “retroceder”, ya que se considera merecedor del premio por parte de sus gobernantes. Hoy Selva está cansado, ofuscado, triste, desconcertado. Después de más de sesenta días de cuarentena y de declararse libre de Covid tiene que volver a tiempos que se habían superado. No obstante, confía en el buen tino de sus gobernantes para poder, de a poco, revertir la situación y, a decir del Intendente: “respetar las autonomías municipales”. Es decir, flexibilizar la medida, de acuerdo a cómo se sobrelleva la situación particular de cada lugar, lo que permite respirar «aires de libertad ciudadana» cuidándonos y cuidando al otro.

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