Manifiesto del gobierno y cabildo de Santiago del Estero a los pueblos federados

El historiador Héctor F. Peralta Puy reflexionó sobre la autonomía provincial.

*Por Héctor Peralta Puy*

El pasado 17 de abril se conmemoraron los 200 años de la firma del histórico “Manifiesto del gobierno y cabildo de Santiago del Estero a los pueblos federados vindicándose de la ofensa que les infiere el publicado e impreso en Tucumán el diez del corriente abril”.

El mencionado documento, elaborado por el teniente de gobernador provisorio Juan Felipe Ibarra y los capitulares autonomistas, fue dado a conocer en rechazo a las expresiones emitidas por Bernabé Aráoz desde San Miguel de Tucumán.

Este registro se manifiesta, junto con la llegada de los representantes de los curatos del interior a la ciudad, como una de las últimas acciones políticas realizadas antes de la Declaración de la Autonomía. Los sucesos y los significados de los hechos correspondientes al 17 de abril de 1820, se encuentran detallados y analizados en el siguiente texto:

El 31 de marzo de 1820, luego de la victoria de las armas santiagueñas, el comandante general Juan Felipe Ibarra fue escogido como teniente de gobernador provisorio por una Asamblea en la que participaron más de 70 vecinos al frente del cabildo. Como complemento, los autonomistas reemplazaron a los partidarios de Bernabé Aráoz en los oficios concejiles. Al otro día fue elaborada por Ibarra una carta con una solicitud para el gobernador Juan Bautista Bustos en busca de su intersección ante Aráoz, incluso fueron explicadas las situaciones de los días anteriores y la derrota de Juan Francisco María de Echauri.


Mientras tanto, desde el cabildo santiagueño enviaron un oficio para el gobernador intendente con Pedro Pablo Gorostiaga y Santiago de Palacio como emisarios, quienes procuraron entablar un acuerdo y los entendimientos necesarios con la autoridad de la provincia.

Las respuestas de Bernabé Aráoz -en sus dos documentos fechados el 3 de abril- se expresaron solamente por el recibo de la información y la “meditación” y posterior “resolución” sobre lo sucedido. Pese a las acciones políticas realizadas el 31 de marzo, las respuestas de Aráoz estuvieron sustentadas por la inexistencia de una ruptura institucional en la provincia durante esos delicados momentos, siempre y cuando se produzca el envío de los dos diputados santiagueños hacia la ciudad de San Miguel (solicitados en los días anteriores para conformar la República del Tucumán). Como resultado de las gestiones de Gorostiaga y Palacio, los representantes del ayuntamiento informaron la quietud de las tropas tucumanas en Vinará, algo comunicado anteriormente a Ibarra por Aráoz. Desde esos momentos, las nuevas autoridades locales esperaron la retirada de las fuerzas del gobernador intendente, las cuales contaban con las armas que pertenecieron al Ejército del Norte.


A pesar de la llegada de los emisarios santiagueños hacia San Miguel, la política separatista y la estrategia del cabildo fue manifestada nuevamente el 5 de abril a través de una carta dirigida hacia el gobernador de Buenos Aires, Manuel de Sarratea, incluso con un anexo compuesto por el acta correspondiente a las acciones llevadas a cabo el 31 de marzo.

En el documento se expresaron positivamente las políticas realizadas para incluir a Santiago del Estero “…en las bases del sistema federal…”, aunque también fueron explicados los planes para enviar los dos diputados requeridos desde San Miguel, pero solamente para “…conciliar el ánimo de este intendente con las medidas que hemos adoptado…”, es decir, para la no organización de la República del Tucumán.

Con estas informaciones comenzaron a exteriorizarse los objetivos de los autonomistas. Además, la comunicación de Ibarra mantenida con el mismo destinatario -el 5 de abril-, fue en acuerdo y adhesión sobre el futuro Congreso de San Lorenzo pactado en Pilar. Por otro lado, también se expusieron las diferencias que surgieron con las autoridades de la provincia del Tucumán durante los días anteriores. Los pensamientos de Juan Felipe Ibarra, acerca de la organización federal del territorio, se manifestaron de la siguiente manera: “…debo contestar a V.S. como lo hago, que empeñaré mis esfuerzos para que a la mayor brevedad, y con el orden que es tan necesario a fin de evitar la repetición de heridas a la Patria, se proceda por esta ciudad y su territorio, a la decisión en los objetos propuestos, no siendo posible tan inmediatamente verificarlo a causa de una diferencia ocurrida con el gobierno de Tucumán (…) Repito a V.S. que para lo demás, este territorio dirigirá sus pasos en consonancia con los de las provincias siendo sus votos los más ardientes por la transacción de cualquier disgusto, a efecto de establecer esa centralidad que ha de mover la gran máquina hacia la consecución de los intereses generales”.


En el mismo sentido, el 7 de abril de 1820 fue respondida una carta del general José Gervasio de Artigas que había ingresado el 18 de febrero al ayuntamiento, la cual fue enviada hacia la ciudad de San Miguel por los integrantes del depuesto cabildo gubernativo. A pesar de que desconocían el contenido del mensaje, los capitulares y Juan Felipe Ibarra registraron en los libros del cabildo que Santiago del Estero había “…entrado en el pacto de la federación, por consiguiente da pasos a verificarlo”.

Al respecto, en el mensaje hacia Artigas, Antonio María Taboada, Manuel Alcorta, Manuel José Beltrán, Bailón Bravo de Rueda, José Isnardi, José Antonio Salvatierra y Juan Manuel Iramain, expresaron sus adhesiones a las ideas federales y también de libertad e igualdad hacia el sistema político representativo: “Los progresos que han hecho entre nosotros las ideas federales, cuya base es la libertad y la igualdad del sistema representativo, nos han alentado a dar este paso para sostener nuestros derechos inviolables”.

La referencia de los cabildantes hacia lo sucedido el 31 de marzo fue explicada en la comunicación enviada hacia Artigas a través de las ideas “federales” de “libertad”, de “…igualdad del sistema representativo…” y de los “derechos” de los santiagueños. Estos pensamientos opuestos al sistema de las tenencias de gobernaciones, significaron una nueva resistencia a la subordinación de la política local ante la autoridad de Aráoz.


También durante el 7 de abril, los emisarios Palacio y Gorostiaga comunicaron la nueva orden de Aráoz referida al envío de los dos diputados hacia la ciudad de San Miguel, de modo que lo requerido fue votado positivamente por los integrantes del ayuntamiento y por el teniente de gobernador provisorio. Es por ello que en la misma sesión, los capitulares estipularon una convocatoria hacia todo el territorio para seleccionar a los electores con responsabilidades de escoger a los dos representantes. Las circulares comenzaron a ser enviadas a todos los Curatos, por lo que la estrategia fue ejecutada para el inicio de los nuevos comicios correspondientes a los electores en la campaña y la ciudad, aunque no de acuerdo con los intereses favorables para Aráoz.


Pero, las nuevas elecciones a practicarse en la jurisdicción santiagueña con un tiempo de demora de quince días –aproximadamente- fueron desaprobadas por Aráoz, ya que sus planes estuvieron pensados para la llegada inmediata de los diputados Palacio y Lami, es decir, los escogidos por la Junta Electoral compuesta el 23 de marzo e integrada mayoritariamente por sus partidarios Urrejola, Orcajo, Costa, Jiménez, Bravo y Juárez.

La nueva convocatoria para los comicios de electores, realizada por las autoridades del cabildo autonomista surgido el 31 de marzo, fue rechazada por Aráoz a través de un manifiesto redactado el 10 de abril. En el mencionado documento (también enviado hacia Catamarca), las referencias del gobernador intendente hacia las acciones de Ibarra y el ayuntamiento se expusieron con amenazas ante el “…horroroso caos…” surgido por la desobediencia a la “…subordinación política…” y al orden jerárquico impuesto por el Directorio desde octubre de 1814 para ambos territorios: “Pueblos limítrofes a quienes el orden jerárquico ha subordinado a la provincia de mi mando, la salud de la Patria es el objeto principal a cuya consecuencia debéis consagrar vuestros sacrificios, sin desquiciaros de la dependencia que nos une y os robustece.

Desertar de esta subordinación política es trastornar ese orden gradual que la misma asociación os sujeta. El lisonjero esplendor del uso libre de vuestros derechos, os deslumbra y alucina hasta el deplorable grado de creerse capaces de entrar por vosotros mismos en un gobierno federal para lo cual vuestra minoridad e impotencia no puede perdonarlos. Esta capital está penetrada del más vivo dolor al considerarlos en el borde del horroroso caos que os van a precipitar vuestras cavilosas puebladas.

Podría bien hacerlos sentir la superioridad de su fuerza hasta traerlos al conocimiento de vuestros deberes”.


La reacción de Aráoz no fue causada solamente por la estrategia en la demora del proceso electoral, sino también por todos los acontecimientos políticos y militares acaecidos en Santiago del Estero desde finales de 1819 hasta los inicios de abril de 1820, los cuales resultaron favorables a los separatistas y contrarios a sus intereses y a los proyectos de instaurar la República del Tucumán. Desde esos momentos, los objetivos de Juan Bautista Bustos, en cuanto el mantenimiento de la paz entre ambos territorios, se descartaron ante los posibles surgimientos de nuevos enfrentamientos armados. A pesar de la respuesta de Aráoz del 10 de abril, en los días siguientes comenzaron a llegar al cabildo los oficios de los Curatos con las informaciones correspondientes a los electores seleccionados por la “…pluralidad de sufragios…”, por ejemplo, de Salavina y Asingasta con Pedro Pablo Gorostiaga y Mariano Santillán, respectivamente.


Con la llegada de una parte de los electores a la ciudad, las consecuencias del manifiesto del 10 de abril se representaron en las nuevas conversaciones y debates del grupo autonomista, de modo que en las mismas surgieron de manera definitiva las decisiones para lograr la ruptura institucional con respecto a la subordinación política de Santiago del Estero ante la Gobernación Intendencia, tal como lo expresaron los mismos protagonistas en el documento del 27 de abril. Esto quiere decir que con la respuesta de Aráoz del día 10, los planes referidos a los envíos de los dos diputados a Tucumán quedaron descartados desde esos momentos, pero no los concernientes al Congreso General y a los nuevos sobre la autonomía.


En la respuesta a las expresiones del gobernador intendente estuvieron nuevamente representadas las ideas de soberanía emanadas por las autoridades de Santiago del Estero, esta vez en un documento elaborado en el cabildo el 17 de abril de 1820 y titulado como “Manifiesto del gobierno y cabildo de Santiago del Estero a los pueblos federados vindicándose de la ofensa que les infiere el publicado e impreso en Tucumán el diez del corriente abril”. El Manifiesto santiagueño se refiere a la soberanía del cabildo (incluso también de Catamarca) por la esencia de su cuerpo político y en rechazo a la subordinación manifestada por la dependencia con la provincia del Tucumán, la cual fue establecida en octubre de 1814 a pesar de la inexistencia de un acuerdo de obediencia o “pacto social” celebrado entre los dos ayuntamientos.


Para los cabildantes electos el 31 de marzo y el teniente de gobernador provisorio Juan Felipe Ibarra, firmantes del documento del 17 de abril, la soberanía acerca del derecho público en la representación de Santiago del Estero fue nuevamente depositada en el pueblo tras la desaparición del Congreso General por la Batalla de Cepeda, por lo que la teoría de la retroversión de los derechos fue sustentada de igual manera que lo hizo Juan José Castelli en Buenos Aires el 22 de mayo de 1810: “A la presencia de este cuerpo soberano, cesa toda autoridad, suspendiendo sus funciones los representantes, en razón de que donde se encuentra el representado no pueden existir: se retrovertieron los derechos (…) en el momento mismo que se rasgó el pacto social con la disolución del Congreso, reasumiendo los pueblos la soberanía en ejercicio, que depositaron en aquel Tribunal por medio de sus representantes (…) No puede haber asociación civil, sin parte social: éste por su naturaleza exige y demanda un consentimiento unánime del pueblo (…) Una ciudad de pequeña o grande población (…) no puede estar legítimamente subordinada a otra, porque la esencia del cuerpo político consiste en el acuerdo de la obediencia y libertad: de modo que entre Tucumán, Santiago y Catamarca no acuerden tratados que unan estos dos extremos, obediencia y libertad, será Santiago tan libre y soberana como Tucumán y Catamarca …”.


El rechazo a la subordinación de una ciudad ante otra por la falta de acuerdos y tratados políticos de obediencia, fue denominado por Ibarra y los cabildantes como la manifestación de la ruptura del decreto de octubre de 1814 (formado sin el consentimiento de los santiagueños) y de adhesión a la libertad, en referencia a la jerarquía política e institucional de esos momentos. Es por ello que las autoridades santiagueñas, además de lo resaltado anteriormente, se preguntaron lo siguiente: “…después de la dislocación del Congreso y que los pueblos reasumieron su soberanía, ¿en qué tiempo, en qué hora y dónde, Tucumán y Santiago celebraron contratos para asociarse y establecer ese orden gradual, que somete al uno a la potestad del otro? Desearíamos se nos mostrase el vale de semejantes pactos”.


Pese a que el Manifiesto en sus inicios se dirige a los “ciudadanos”, en diversas ocasiones se pronunciaron los firmantes de manera similar hacia los “compatriotas” y “santiagueños”, por lo que estas palabras hicieron uso al sentido de la pertenencia al territorio local y extendieron el mensaje hacia todos los habitantes “libres” de Santiago del Estero, quienes participaron conjuntamente desde esos momentos en las expresiones de soberanía política y federalismo surgidas en la histórica sala capitular, es decir, sean considerados o no como “vecinos” y contengan o no la “boleta” de identificación de los ciudadanos para votar. Por otro lado, el llamado a los “santiagueños” fue también una proclama para el uso de la fuerza en el caso de que se vuelva a “…atacar nuestra dignidad…”: “¡Santiagueños! Haced nuevo sacrificio en obsequio de las consideraciones, que os merece la firma que suscribe esta jactancia: y suprimiendo un tanto los naturales excesos de vuestro amor propio, dejad al suceso que de nuevas lecciones al escarmiento. No se volverá, no, a atacar nuestra dignidad; pero si llegase tan desgraciado momento, reproduciendo los esfuerzos de las antiguas ciudades de Grecia, sabréis sostenerla con energía y denuedo”.
Por último, el Manifiesto también fue un mensaje externo porque estuvo dirigido para los “pueblos hermanos”, entendidos éstos como las provincias y los cabildos subalternos del momento, siendo entonces una representación anticipada de Juan Felipe Ibarra y del ayuntamiento acerca de la declaración de la soberanía política y de la separación formal del gobierno santiagueño de la provincia del Tucumán, determinada solamente 10 días después.

-Fuentes Éditas.
-Academia Nacional de la Historia (1951), Actas Capitulares de Santiago del Estero, Tomo VI, Años 1806 a 1833, Talleres Gráficos San Pablo SRL, Buenos Aires.
-Güemes, Luís (1985), Güemes documentado, Tomo 10, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires.

-Fuentes de Hemeroteca.
-Figueroa, Andrés A. (Dir.), Revista del Archivo de Santiago del Estero, Tomo IX, N° 17, julio, agosto y septiembre de 1928, Imprenta Molinari, Santiago del Estero.
-Peralta Puy, Héctor F. “El 27 de Abril y la experiencia militar de Juan Felipe Ibarra”, En: Nuevo Diario, Suplemento Cultura, edición del domingo 28 de abril de 2019, Santiago del Estero.
-Quesada, Vicente G. y Navarro Viola, Miguel, La Revista de Buenos Aires. Historia Americana, Literatura, Derecho y Variedades, Tomo XIX, Imprenta y Librería de Mayo, Buenos Aires, 1869.

-Fuentes Bibliográficas.
-Figueroa, Andrés A. (1920), La Autonomía de Santiago del Estero y sus fundadores. Treinta años de dominación de don Juan Felipe Ibarra, Fortunato Molinari Editor, Santiago del Estero.
-Gargaro, Alfredo (1948), Los orígenes de la Autonomía Santiagueña, 1815-1820, En: Publicaciones especiales de la Junta de Estudios Históricos de Santiago del Estero II, Imprenta Amoroso, Santiago del Estero.
—– (1939), Tres conferencias históricas, Imprenta Amoroso, Santiago del Estero.

*Encargado del Área de Historia

Dirección General de Patrimonio Cultural

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