Central Córdoba lo dio vuelta y sigue soñando con la hazañaEn un final cargado de polémicas, el Ferro eliminó a San Lorenzo y avanzó a cuartos
Central Córdoba escribió otra página de emoción y sufrimiento en Santiago del Estero. En una noche caliente, donde el VAR y las decisiones arbitrales se llevaron gran parte del protagonismo, el Ferro terminó venciendo 2-1 a San Lorenzo y avanzó a los cuartos de final del Torneo Clausura, alimentando un sueño que ya se vive como hazaña en el pueblo ferroviario.

El partido arrancó cuesta arriba para Central, porque el conjunto juvenil de San Lorenzo —ese equipo que sorprendió durante toda la fase regular pese a la crisis institucional— estaba mostrando personalidad, actitud y carácter en territorio santiagueño. Con un estadio lleno y “neutrales” que en realidad eran miles de hinchas azulgranas alentando desde todos los rincones, el Ciclón se plantó y golpeó primero.
En la última acción del primer tiempo, Romaña recuperó, condujo como un enganche clásico y asistió a Gulli, que clavó un remate al ángulo para el 1-0 parcial. El equipo de Boedo, sólido y ordenado, parecía encaminar una clasificación histórica como visitante.
Pero el desarrollo cambió abruptamente en el complemento. Central insistía por derecha con el tándem Moyano–Martínez y las arremetidas de Perello, aunque sin claridad suficiente para empatar. Y fue entonces cuando, a los 15 minutos, llegó la primera gran polémica de la noche.
Nazareno Arasa, a instancias del VAR, sancionó un penal muy dudoso por un supuesto agarrón de Perruzzi a Varaldo. La acción dejó más dudas que certezas, pero el árbitro marcó la pena máxima y el Ferro empató, encendiendo la protesta generalizada del visitante.
San Lorenzo comenzó a sentir que era víctima del arbitraje, y lo peor aún estaba por llegar.
A los 19 minutos, en una jugada sin peligro que derivó en un lateral, Romaña discutió cara a cara con Perello. No hubo empujones, insultos ni agresiones. Sin embargo, Arasa le mostró al colombiano la segunda amarilla por una supuesta agresión inexistente. La expulsión descolocó por completo a los de Boedo, que quedaron con diez hombres y sin su figura.
Con corazón, los dirigidos por Ayude resistieron el empate hasta los minutos finales. Pero Central Córdoba, empujado por su gente y por esa mística que parece revivir en cada partido decisivo, fue por más.
En el primer minuto de los cuatro adicionados, Moyano desbordó con potencia, dejó en el camino a Báez y Hernández y lanzó un centro atrás para que Florentín decretara el 2-1 y desatara la locura santiagueña.
El final fue caliente: reclamos, corridas y un clima tenso que dejó en evidencia la bronca de San Lorenzo, que sintió que le arrebataron un partido que hasta el penal inexistente tenía bajo control.
Para Central Córdoba, en cambio, fue otra noche inolvidable. Con sufrimiento, polémicas y un cierre dramático, el Ferro sigue avanzando y sostiene un sueño que ya nadie se anima a negar: la hazaña está en marcha, y Santiago del Estero vuelve a latir al ritmo del equipo ferroviario.





