La evocación de «Etino» Farías: “La vara que le puso la medida a nuestro tiempo fue Raúl Alfonsín”

"Si algo le tengo que agradecer a Dios es el haber vivido en los tiempos de Alfonsin", dijo entre sus recuerdos, un radical en Santiago.

Un radical que militó en Santiago, Héctor “Shasha” Farías González, recordó al gran presidente que tuvo la Argentina, Raúl Alfonsín, y el discurso que pronunció el día del cierre de la campaña electoral de “aquel 83 irrepetible”, como prefiero evocar desde su cuenta personal de Facebook.

“Como cualquier otro argentino –comienza relatando “Etino” Farías–, podría celebrar el 37 aniversario del «Fin de la Dictadura y el  inicio del camino hacia la Democracia» recordando un sinnúmero de cosas, pero puesto a elegir quisiera quedarme tan solo con dos. Ambas referidas a Raúl Alfonsín quien fue -en mi opinión- el personaje más notable y decisivo en aquella proeza colectiva que lo encontró encabezando la gesta democratizadora más grande que recuerda América Latina”.

El exdiputado y catedrático recordó aquella primera ocasión cuando personalmente con Alfonsín en 1987: “fue una reunión en Olivos con toda la dirigencia de la UCR Santiagueña de entonces”.

A continuación, el emotivo relato completo sin desperdicio de Héctor Farías con Alfonsín:

La primera de las evocaciones es de carácter personal -casi íntima- y por ello quizás  la que menos importa. Aún así, no puedo soslayar la enorme significación que tuvo Alfonsín en mi vida personal, como en la de tantos otros como yo. A veces creo, sin exagerar, que si algo tuve en mi vida pública de bueno o de bello se lo debo al hecho de haber sido contemporáneo suyo.

Sócrates alguna vez dijo que si algo le agradecía a los Dioses era el haber vivido en el siglo de Pericles, parafraseándolo podría yo decir hoy que si algo le tengo que agradecer a Dios es el haber vivido en los tiempos de Alfonsin. Y digo esto no solo por la impronta fenomenal que dejó su personalidad en la de cada uno de los jóvenes de mi tiempo, sino además -y esto no es un dato menor- por lo mucho que llegamos a quererlo.

Con Alfonsín se podía estar de acuerdo o no pero era un ser tan entrañable que, mas allá de ello, el quererlo resultaba inevitable. Era asombroso ver como ese hombre que disponía de la reciedumbre necesaria como para defender la democracia de sus múltiples acechanzas era, a su vez, una persona tan tierna que estremecía el corazón. Esto que digo, me refiero a lo de cuánto lo admirábamos y cuánto lo queríamos, alcancé a decírselo en la primera ocasión que estuve personalmente con él en 1987, fue una reunión en Olivos con toda la dirigencia de la UCR Santiagueña de entonces.

El hecho de compartir nuestra vida con personas que son rotundamente superiores a nosotros nos obliga invariablemente a superarnos, aunque mas no sea para poder estar a la altura de la circunstancia, es decir, para no desentonar con nuestro tiempo. Pues bien, para mi, la vara que le puso la medida a nuestro tiempo fue Raul Alfonsin.

La segunda evocación, es una mirada desde una perspectiva colectiva, es decir propiamente política.

En ese plano quisiera recordar el hecho que, a mi juicio, retrata mejor que ningún otro aquel momento crucial de la Argentina. Me refiero al discurso que Alfonsin pronunció el día del cierre de la campaña electoral de aquel 83 irrepetible. Pocas cosas resultan, y mas hoy desde la distancia, tan simbólicas como aquél memorable mensaje suyo.

En el inicio nomas sentenció: ¡Amigos de la Capital Federal, se acaba la dictadura! Aun recuerdo el movimiento de su mano barriendo el aire al pronunciar esas palabras, como señalando, con ese solo gesto, que estábamos arrojando para siempre al basurero de la historia la peor barbarie que tuvimos que soportar como pueblo. Llorábamos como niños, tanto por nuestros muertos como por los que aun permanecíamos vivos.

Fue en ese instante preciso en el que todos -propios y extraños- supimos que dejábamos para siempre detrás nuestro a las sombras; la opresión; el silencio; el terror; la tortura; la muerte; y que para garantizar eso estaba allí ese hombre portentoso.

Luego -lo recuerdo- repasó un a una sus ideas y sus creencias y culminó su mensaje recitando las palabras del Preámbulo de la Constitución para dejar así establecido que la tarea de construir la democracia estaba recién en ese tiempo liminar, que no era mas que el comienzo de una larga marcha.

Y lo hizo además para dejar claro que el horizonte estratégico del desafío democrático estaba resumido en aquellas palabras, porque no se trataba tan solo de alcanzar el establecimiento de un estado de derecho, sino que la búsqueda iba mas allá en procura de instaurar un verdadero estado de justicia. De ese modo todos tomamos conciencia, que mas allá del alborozo y el festejo, la época que comenzaba era una obra tan abierta como difícil- Una enorme tarea colectiva por hacer, una conquista cotidiana presidida por la búsqueda de la igualdad, la libertad y la justicia; y por ello mismo una construcción siempre inacabada, es decir precisada de ser re-inauguraba cada día.

La dictadura se había acabado, eso ya estaba claro. Pero claro también quedaba el hecho de que la democracia recién se abría por delante nuestro como un enorme desafío. Y en el preámbulo de nuestra constitución nacional estaban las palabras escogidas para prologar ese monumental desafío.

Hoy todos sabemos que en verdad la dictadura se había terminado, y para siempre. Pero me gustaría, también, que permaneciera en nosotros la certeza de que la consolidación de la democracia reclama de parte de todos un esfuerzo renovado cotidianamente; una voluntad cívica in-negociable y un empeño infatigable en el que no nos podemos permitir el lujo de desfallecer aun cuando la desproporción de fuerzas entre quienes luchamos por un mundo más justo y quienes conspiran contra ese sueño sea tan enorme.

Por todo ello, pienso que resultaría oportuno -hoy como ayer- volver a tener presentes los objetivos de ese reto  histórico que tenemos como pueblo, y sería bueno que lo hiciéramos tal como lo hacía Raúl cuando pronunciaba ese rezo laico que encierra las creencias compartidas por todos los argentinos:

«Marchamos: con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino».

Nosotros… Como cualquier otro argentino, podría celebrar el 37 aniversario del "Fin de la Dictadura y el inicio del…

Publicado por Héctor Shasha Farias Gonzalez en Viernes, 30 de octubre de 2020

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