Dolor en la cultura santiagueña: murió Tinco Andrada, el poeta que llevó a Añatuya en sus letras y en el corazón
El reconocido escritor, poeta y compositor añatuyense falleció este domingo en Buenos Aires a los 74 años. Autor de una extensa obra literaria y creador de canciones interpretadas por grandes referentes del folclore argentino, deja un enorme legado cultural. “Nuestra tierra y mi gente valen mucho más”, había expresado meses atrás al recibir un reconocimiento en su ciudad natal.
Añatuya está de luto. Santiago del Estero perdió a uno de sus grandes hombres de la cultura. Este domingo 4 de octubre falleció en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los 74 años, Tinco Andrada, poeta, escritor y compositor que hizo de las palabras una manera de contar su tierra, su gente, sus historias y sus raíces.
Su partida provoca un profundo pesar especialmente en Añatuya, la ciudad que lo vio nacer y a la que permaneció unido durante toda su vida, aun cuando su trayectoria artística y literaria trascendió ampliamente las fronteras provinciales.
Tinco se encontraba internado desde hacía algunos días en un centro de salud de Buenos Aires. Fueron sus hijas, Paula y Florencia, quienes comunicaron la dolorosa noticia.
“Lamentamos comunicarles que en el día de hoy 4 de octubre Tinco nos dejó. Nos quedarán sus letras, su música, sus charlas, sus innumerables anécdotas”, expresaron en un mensaje cargado de emoción.
Sus restos fueron despedidos este domingo en una ceremonia íntima realizada en la Ciudad de Buenos Aires.

Una pluma profundamente santiagueña
Hablar de Tinco Andrada es hablar de una vida dedicada a la cultura. Pero también es hablar de Añatuya, porque buena parte de su universo creativo estuvo atravesado por la pertenencia, las historias, los personajes y la identidad de su tierra.
Su producción literaria dejó títulos como Con los pies en la Tierra (1995), Con el Mismo Norte (2002), El Negro Manuel (2011) y El sol de las soledades (2015), además de obras como Los Bocetos de Picasso y La Hija del Español, entre otras.
Fue poeta, narrador, investigador y un trabajador incansable de las palabras. Pero su sensibilidad también encontró un camino en la música popular.
Como compositor construyó vínculos creativos con nombres fundamentales de la cultura santiagueña y argentina, entre ellos Raúl Carnota, Demi Carabajal, Coco Banegas, Martín Paz y Shalo López. Sus composiciones llegaron además a las voces de reconocidos intérpretes como Los Nocheros, Suna Rocha y Torres Vila.
Así, desde Añatuya, su obra encontró caminos hacia distintos escenarios del país.
“Nuestra tierra y mi gente valen mucho más”
Quizás una de las mejores maneras de despedir a Tinco sea recuperando sus propias palabras.
Meses antes de su fallecimiento, al recibir una distinción de la Cámara de Diputados de Santiago del Estero en su querida Añatuya, había dejado una reflexión que hoy adquiere una dimensión especial.
“Creo que todo artista necesita un mimo de su propia casa, que es en donde está el hogar materno y la gente que uno ama”, había señalado.
Para Tinco, ser reconocido por su propia comunidad tenía un significado particular.
“Esta distinción vale más que cualquier dinero. Nuestra tierra y mi gente valen mucho más. Por eso estaré en deuda… Es mi elección de vida, mi pasión y disfruto cada momento”, expresó entonces.
Aquellas palabras resumen buena parte de su recorrido: un creador que pudo trascender geográficamente sin abandonar jamás el lugar desde donde miraba el mundo.
El oficio silencioso de escribir
Detrás de sus libros había también una disciplina extraordinaria.
Andrada entendía la literatura como un trabajo paciente, muchas veces solitario y alejado de los grandes reconocimientos económicos. En una de sus últimas reflexiones públicas habló precisamente de esa trastienda que pocas veces conoce el lector.
“La vida del escritor es silenciosa, solitaria y, en el noventa y nueve por ciento de las veces, no ganamos dinero”, explicaba.
Su método mostraba hasta qué punto asumía la escritura como un oficio. Dedicaba extensas jornadas a leer, investigar, escribir y corregir. Podía trabajar entre doce y quince horas diarias y llegó, según contó, a realizar hasta diecinueve borradores de un mismo texto.
“Escribir una novela no tiene un período determinado, en un año puede estar lista. Sin embargo, para mí, la corrección —que es lo que más me gusta— puede tomar hasta cuatro años de mi tiempo”, relataba.
Esa búsqueda permanente de la palabra precisa fue una de las marcas de una trayectoria construida sin estridencias, desde el estudio, la sensibilidad y la perseverancia.

Añatuya despide a uno de los suyos
Tinco Andrada recibió a lo largo de su trayectoria distintos reconocimientos por su aporte a la literatura, la música, la educación y la cultura de Santiago del Estero. La Cámara de Diputados provincial distinguió su obra, pero probablemente uno de los homenajes que más valoró fue precisamente aquel que llegó desde su propia tierra.
Porque Tinco nunca dejó de ser añatuyense.
Su obra pudo viajar, sus canciones pudieron ser interpretadas por grandes artistas y sus libros pudieron llegar a lectores de diferentes lugares, pero había un punto de regreso permanente: su ciudad, su provincia y su gente.
Hoy Añatuya pierde físicamente a uno de sus referentes culturales, pero conserva algo mucho más resistente al paso del tiempo: sus libros, sus canciones, sus personajes, sus historias y esa manera profundamente santiagueña de mirar la vida.
Quedan también sus charlas y las innumerables anécdotas que mencionaron sus hijas al despedirlo.
Y queda, sobre todo, una frase que desde este domingo parece transformarse en su propio epitafio literario:
“Nuestra tierra y mi gente valen mucho más”.
Tinco Andrada hizo de esa pertenencia una elección de vida. Y desde ahora serán Añatuya y Santiago del Estero quienes tengan la responsabilidad de mantener vivas sus palabras.
Hasta siempre, Tinco.




