Le suspendieron la licencia hasta 2099 por hacer “willi” y maniobras temerarias en moto: una medida que reabre el debate en Santiago del Estero
El motociclista fue sancionado en Buenos Aires luego de ser detectado haciendo acrobacias en la vía pública y difundiendo las imágenes en redes sociales. La decisión vuelve a poner en discusión un problema que también preocupa en Santiago del Estero: las picadas, las “willi” y las maniobras peligrosas protagonizadas por motociclistas, muchas veces jóvenes.
Una sanción que parece sacada de una película, pero que tiene un mensaje muy concreto: un motociclista de la provincia de Buenos Aires quedó con su licencia de conducir suspendida hasta el año 2099, luego de ser detectado realizando peligrosas maniobras en la vía pública.
El conductor circulaba sobre una sola rueda, zigzagueaba entre vehículos y hasta realizaba acrobacias mientras la motocicleta se encontraba en movimiento. Como si el riesgo no fuera suficiente, parte de esas maniobras eran registradas y posteriormente difundidas a través de las redes sociales.
Las autoridades bonaerenses analizaron el material publicado y lograron identificar al motociclista. A partir de allí se inició el procedimiento administrativo que terminó con una sanción extraordinaria por la gravedad de las conductas.
La decisión de suspender la licencia durante décadas busca dejar en claro que las calles no son pistas de carrera ni escenarios para realizar desafíos o acrobacias.
Un problema que también golpea a Santiago del Estero
El caso ocurrido en Buenos Aires debería servir como llamado de atención para Santiago del Estero, donde las motocicletas forman parte de manera cotidiana del tránsito urbano y donde también se observan situaciones de alto riesgo.
Picadas clandestinas, motociclistas circulando a gran velocidad, jóvenes realizando “willi”, maniobras entre vehículos y conductores que utilizan las calles como si fueran circuitos de competencia son escenas que aparecen con frecuencia en distintos puntos de la provincia.
El problema no es solamente la infracción de tránsito. Detrás de cada maniobra peligrosa existe la posibilidad concreta de provocar un siniestro que puede terminar con una persona gravemente herida o con una vida perdida.
Y en una motocicleta, las consecuencias de una caída a alta velocidad pueden ser devastadoras.
Cuando la imprudencia se convierte en espectáculo
Las redes sociales agregaron un nuevo componente a esta problemática. Muchas de estas maniobras son filmadas para luego ser publicadas en TikTok, Instagram, Facebook u otras plataformas, transformando una conducta peligrosa en una especie de desafío o espectáculo.
La búsqueda de seguidores, reproducciones y reconocimiento puede terminar incentivando a otros jóvenes a repetir las mismas conductas.
El mensaje que debería instalarse es exactamente el contrario: hacer una “willi” en medio del tránsito no es una hazaña; correr una picada en una avenida no es un deporte; zigzaguear entre autos no es una demostración de habilidad. Es poner en riesgo la propia vida y la de personas que nada tienen que ver con el desafío.
El costo lo paga toda la sociedad
Cada accidente protagonizado por una motocicleta no termina necesariamente cuando la ambulancia llega al lugar.
Muchas veces comienza allí un largo proceso de internación, rehabilitación, operaciones, tratamientos y, en los casos más graves, discapacidades permanentes o pérdidas irreparables para las familias.
También existe un costo para todo el sistema público de salud, que debe afrontar la atención de personas que muchas veces llegan a los hospitales como consecuencia de conductas que podrían haberse evitado.
Por eso, la discusión no debería reducirse solamente a aumentar multas. Hace falta una política sostenida de prevención, controles, educación vial y sanciones efectivas para quienes convierten las calles en pistas de carrera.
Una medida que genera debate
La suspensión hasta 2099 puede parecer una sanción extrema, pero también abre una discusión necesaria: ¿qué respuesta debe dar el Estado frente a quienes reiteradamente ponen en peligro la vida de terceros?
En Santiago del Estero, donde las motos tienen una presencia masiva en el tránsito, el debate merece ser tomado con seriedad.
No se trata de perseguir a quienes utilizan una motocicleta como medio de transporte. Se trata de separar al conductor responsable de aquel que utiliza la vía pública para correr, hacer acrobacias o desafiar las normas de tránsito.
La calle pertenece a todos. Al automovilista, al motociclista, al peatón, al ciclista y, especialmente, a las familias que simplemente quieren llegar a destino.
Una “willi” puede durar unos segundos. Una picada puede terminar en minutos. Las consecuencias de un accidente, en cambio, pueden durar toda una vida.
El caso de Buenos Aires deja una pregunta abierta para Santiago del Estero: ¿estamos haciendo lo suficiente para evitar que las picadas y las maniobras temerarias en moto sigan cobrando víctimas?




