Entre el respaldo institucional y la crisis económica: recuperadores urbanos celebran el apoyo de la UNSE, pero advierten que «hoy hay una pelea en la calle por una botella»
Mientras la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) renovó un convenio estratégico para fortalecer el trabajo de los recuperadores urbanos, quienes viven de la recolección y reciclado de residuos enfrentan una realidad cada vez más compleja, marcada por la caída de los precios de los materiales y el crecimiento de la competencia en las calles.
La casa de altos estudios ratificó su acuerdo de cooperación con la Asociación Civil Comunitaria de Acción y Trabajos Independientes Horizontes, de la que forma parte la Comunidad de Recuperadores de Santiago del Estero (CO.RE.SA), con el objetivo de profundizar acciones vinculadas a la gestión integral de residuos, la economía circular y la inclusión social.
La iniciativa se desarrolla en el marco del programa UNSE Verde, que promueve prácticas sustentables dentro de la universidad mediante actividades de capacitación, sensibilización ambiental, recuperación y valorización de materiales reciclables, además de fortalecer los circuitos de recolección diferenciada en las distintas dependencias universitarias.
Sin embargo, detrás de este avance institucional se esconde una problemática que golpea de lleno a cientos de familias santiagueñas que encuentran en el reciclado una fuente de ingresos.
La caída de los precios y una actividad cada vez más disputada
José Ordóñez, referente de CO.RE.SA y recuperador urbano desde su niñez, describió un escenario crítico para el sector.
«Hoy la comunidad cartonera ha crecido por necesidad. Se ve mucha más gente en las calles juntando cartón, botellas o cualquier material que pueda venderse», explicó.
La principal preocupación pasa por el derrumbe de los valores de comercialización de los materiales reciclables. Según detalló, el precio del cartón cayó de 200 a apenas 50 pesos por kilo, mientras que las botellas plásticas pasaron de cotizarse en torno a los 400 pesos a unos 250 pesos.
«Hay materiales que directamente ya no tienen mercado. Hoy hay una pelea en la calle por una botella o por un cartón. Se suman muchos jóvenes porque la situación económica es difícil para todos», sostuvo.
La combinación entre menores ingresos y una mayor cantidad de personas dedicadas a la actividad redujo considerablemente la rentabilidad de un trabajo que resulta fundamental para el cuidado ambiental de la ciudad.
El valor de la organización
Frente a este contexto, desde CO.RE.SA destacan que la organización colectiva ha sido clave para sostener la actividad y avanzar en el reconocimiento de los recuperadores urbanos como trabajadores esenciales.
Noelia Ibarra recordó que el proyecto comenzó hace varios años junto a estudiantes universitarios y luego se consolidó dentro del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).
«Uno de nuestros principales objetivos es organizar a los trabajadores de la economía popular y promover la inclusión de quienes históricamente estuvieron invisibilizados», señaló.
Gracias a ese trabajo, la organización logró poner en funcionamiento una planta de reciclado, incorporar maquinaria y recuperar un camión indispensable para las tareas de recolección y clasificación de materiales.
La universidad como aliada
Desde la UNSE remarcaron la importancia de profundizar este vínculo institucional.
La decana de la Facultad de Ciencias Forestales, Nancy Giannuzzo, destacó que la renovación del convenio permite «reimpulsar acciones y visibilizar ante la comunidad este vínculo que tenemos desde hace tiempo con CO.RE.SA», entidad encargada de retirar y reincorporar al circuito productivo los materiales reciclables generados dentro de la universidad.
La docente explicó que la separación de residuos en origen genera beneficios concretos tanto para el ambiente como para la economía de los recuperadores.
«Esta simple acción de separar residuos implica impactos muy positivos desde lo social, porque permite que los recuperadores dispongan de ese material para su trabajo, pero también desde lo ambiental, ya que reduce la cantidad de residuos que llegan a los basurales y evita una mayor extracción de recursos naturales», expresó.
Además, destacó que cada jornada impulsada por el programa UNSE Verde permite recuperar más de 100 kilos de papel.
«Guardianes del medio ambiente»
Para los trabajadores del sector, el acompañamiento institucional representa mucho más que una ayuda operativa.
«Hoy nos sentimos guardianes del medio ambiente», afirmó Ordóñez. «Antes muchos se sentían señalados por ser cartoneros o cirujas. Ahora vemos que hay instituciones que nos acompañan, estudiantes que se comprometen y una comunidad que empieza a valorar nuestra tarea».
La renovación del convenio entre la UNSE y CO.RE.SA consolida así una experiencia que articula educación pública, inclusión social y sostenibilidad ambiental. No obstante, también pone sobre la mesa la difícil realidad económica que atraviesan los recuperadores urbanos, quienes pese a cumplir una función esencial para la ciudad deben enfrentar la caída de los precios, la falta de mercados y una creciente competencia por materiales cada vez menos rentables.





