Un casamiento puede costar lo mismo que un departamento: la mirada de una wedding planner
De las pasarelas de George Montagna a ser referente en bodas de destino. Los secretos de un sector que mueve cientos de empleos y que está cambiando con los "millennials" y la nueva Generación Z. ¿Cuál es la fecha más buscada para casarse?
A los 18 años, Laura Fadul recibió una llamada que podría haber cambiado su vida: la agencia de modelos de Giorgo Montagna la buscaba para desfilar. En su casa, la respuesta fue un rotundo «no va a pasar»; pero esto fue la entrada a un mundo que la apasionó: el backstage de los eventos.
Fue allí, en las corridas de último momento, donde descubrió que su vocación era ser la mente que hace que todo brille detrás de escena.
Hoy forma parte del Córdoba Bureau y del Clúster de Congresos y Espectáculos. Consolidada como una de las wedding planner referentes en Córdoba, analiza un mercado que ha dejado de vender fiestas para ofrecer experiencias, donde el centro está en las vivencias, más que en el salón, en la comida o en la música.
A pesar de la crisis, las fiestas de casamiento no dejan de subir la vara de la sofisticación; a punto tal que algunas de ellas llegan a valer lo mismo que un departamento.
–Estudiaste comunicación, pasaste por agencias de modelos e incluso por un medio de comunicación. ¿Cómo fue ese camino hasta convertirte en wedding planner?
–Estudié la carrera de Comunicación Institucional en la Universidad Blas Pascal (UBP), pero nunca entregué la tesis. Empecé ayudando a George Montagna, porque él hacía algunas bodas, y yo una vez lo acompañé; así nació la pasión por los eventos. Después me vino a buscar la revista Las Rosas. Fue una etapa dura; cubrir la noche y a las 9 de la mañana estar en la oficina, tenía un ritmo que el cuerpo lo sentía, especialmente en temporada con los paradores los fines de semana.
–Los eventos son algo complejo…
–En 2012, me llamó la mujer de Pablo Chavarría (por entonces, jugaba al fútbol en Europa, actualmente está en Racing de Córdoba) para hacer la boda en la Estancia La Paz. Yo no sabía quién era, pero a partir de ahí empecé a trabajar con muchos novios de afuera, gente que vivía en Dubái, y así fue que el negocio arrancó.

Hace una década y media que Laura Fadul se dedica a la organización de bodas, fiestas familiares y eventos corporativos.
–¿Hacés sólo bodas o también otro tipo de eventos?
–Me gustan más las bodas; por ejemplo, las fiestas de 15 siempre me parecieron complejas. Pero un día me llamó la familia de una empresa importante de Córdoba; la hija quería una fiesta de disfraces con temática egipcia en el hotel Holiday Inn. La armamos, salió bien y ahí empezamos a tomar otros desafíos. Hoy mi mix es 70% de bodas principalmente y 30% de eventos corporativos.
–¿Qué te gusta más?
–Acompañar a la novia; estar en la prueba de maquillaje, de peinado, en todo el proceso íntimo. Es mucho más desafiante que lo empresarial, porque hoy a las bodas les agregan de todo, desde sistemas mecánicos hasta detalles de lujo que en una empresa no se ven, porque el presupuesto es más limitado y las reglas son institucionales.
–Hablando de presupuestos, ¿es un lujo casarse
–Lo importante es tener en claro qué evento quieren y qué presupuesto definieron. Pero un casamiento en las sierras de Córdoba con carpa puede costar lo que sale un departamento. En una boda reciente en carpa, el gasto fue de U$S 450 por persona. En un salón como La Angelina he llegado a organizar fiestas de $ 400 mil a $ 500 mil por persona con todo incluido. Por eso, ahora estamos lanzando cursos online.
–¿Por YouTube?
–No, por una plataforma propia. Queremos que la novia que no puede pagar una wedding planner tenga un paso a paso, desde cómo definir el presupuesto hasta cómo elegir el salón, para que pueda autogestionarse durante todo el tiempo que lleva organizar todo.
Laura Fadul, organizadora de eventos y wedding planner. (José Gabriel Hernández / Archivo) (José Gabriel Hernández / La Voz)
–¿Un año es el tiempo mínimo que recomendás?
–Como mínimo. Si querés un fotógrafo específico, un sonidista de renombre o casarte en temporada alta, como el 18 de noviembre, la fecha más buscada, necesitás tiempo. Hay lugares que están de moda, como la Estancia La Paz o Calina, que tienen una demanda altísima. He tenido novias consultándome en 2024 para hacer la boda este año en La Paz. Entre más tiempo tenés, mejores presupuestos conseguís; de lo contrario, tenés que conformarte con lo que queda. Llegué a organizar un casamiento en tres meses en El Colibrí (entre Jesús María y Ascochinga), ella era argentina y el novio de Países Bajos, pero todo fue blanco o negro, blanco o negro…
–¿Cómo ha cambiado la fiesta con las nuevas generaciones?
–Los millennialsy la Generación Z cambiaron la industria de las bodas con el concepto de experiencia. Ya no quieren protocolos rígidos de ocho horas en un salón. Buscan la casa quinta, el asado al día siguiente, el poder levantarse y reírse de lo que pasó en la fiesta con todos ahí. Buscan cosas que les causen gracia, se animan a disfrazarse, a estar despeinados y disfrutar de verdad. También bajaron mucho la cantidad de invitados; ya no quieren que el padre invite a sus compromisos laborales, a menos que el padre sea quien paga, claro.
–Esa tendencia también trajo las «bodas de destino». ¿Córdoba es competitiva en ese rubro?
–Muchísimo. Antes invitaban localmente, hoy vienen de todos lados. Hace poco hice una boda donde la novia es neoyorquina, el novio cordobés y la madre de ella es rusa; ella quería vista a la montaña, no era negociable. Terminamos haciéndolo en Villa Allende y agregamos un día de spa con pileta para las amigas, que venían de afuera. Para los extranjeros, nuestros paisajes son un sueño y los costos, aunque para nosotros sean altos, para ellos son accesibles.
–Por detrás de cada fiesta hay muchos empleos. ¿Cuánta gente mueve un evento tuyo?
–Es un derrame económico muy fuerte. Por fiesta, tengo 20 proveedores. En una boda de 500 personas, en Río Cuarto, tuvimos a 120 personas trabajando directamente. Desde el lunes previo tuvimos 20 chicos para montar la carpa, la técnica tenía cinco más, la decoradora sumó entre cinco y 10, el jardinero para que el pasto esté perfecto, los de los baños, generadores y hasta contenedores de basura. El día de la fiesta tenés mozos, bartenders, DJ, fotógrafos, seguridad… muchas familias comen de una sola boda. A eso sumale el impacto indirecto: gente que viaja, se hospeda en hoteles, va al kiosco o a la panadería. El impacto se multiplica por dos fácilmente.
–En el trato con los clientes, debés tener mil anécdotas. ¿Qué es lo más raro que te pidieron?
–Todas tienen algo, pero normalizo todo. Tuve un cliente que me dijo: «No quiero colas, nadie puede esperar ni para ir al baño». Tuvimos que duplicar todo: si hacían falta dos barras, pusimos cuatro. También hay situaciones difíciles, como un novio que quería controlar cuántas flores iban por florero, para ver si lo estábamos estafando. Hay gente que saca créditos para casarse porque les da estatus. Yo trato de que lleguen a la fiesta felices y no endeudados, pero al final, es una decisión de ellos.
–¿Alguna vez tuviste que decir «hasta acá llegamos»?
–Sí, he devuelto señas con la boda ya organizada. Soporto el estrés del cliente, pero no la falta de respeto. Una vez me pidieron un cumpleaños en un viñedo; el cliente quería todo premium pero no quería pagarlo y me terminó gritando. Le dije que así no trabajaba, no me quería dar el CBU así que le devolví la seña por el contacto del celular. Mi prioridad es que la gente disfrute, pero también que se valore el trabajo de los proveedores.
–¿Le falta infraestructura de eventos a Córdoba?
–Falta asesoramiento a la hora de construir un salón. Hay salones divinos que les dan la espalda a la montaña o donde las puertas de los depósitos se abren hacia el salón, estorbando a los invitados. Los arquitectos dibujan cosas hermosas pero no funcionales para los que trabajamos ahí. También faltan salones medianos, para 120 personas; hoy o te vas a un lugar de superlujo o a algo muy bajo costo, no hay un punto medio.
–Para cerrar, ¿hacia dónde va el futuro de las bodas?
–Hacia la personalización total y la descontracturación. Cada vez más gente me pide casarse en Punta Cana o en lugares exóticos, buscando esa semana de excursiones y convivencia con los íntimos más que las ocho horas de salón. Yo defiendo a muerte la experiencia. En un salón, la fiesta es siempre igual, solo cambian los personajes. En una estancia, yo puedo cambiar todo y hacer que el evento sea el fiel reflejo de quienes se casan. Eso es lo único que importa al final: que la gente entre y no vea mi marca, sino la esencia de los novios.
Laura Fadul, organizadora de eventos y wedding planner. (José Gabriel Hernández / La Voz)
Wedding planner y también costurera
Nombre. Laura Fadul (40).
Le gusta. La costura, hace algunas de sus ropas y las cortinas de su oficina. “Si esto de las bodas no funciona, tengo otro plan”, asegura riendo.
Colaboradores. Cuatro fijos. Pero hizo eventos donde trabajaron más de 120 personas.
Un dato. En general, los clientes llegan por recomendación. La primera entrevista es sin cargo. “Desde el principio, ambas partes nos tenemos que caer bien”, asegura. En función de lo que quieren y el presupuesto, define para qué tipo de fiesta alcanza. Con una seña de 30% se empieza a trabajar y a definir proveedores. Lo que lleva más tiempo es definir el lugar.





