Otra vez de luto: un nuevo femicidio y una pregunta que no cesa, ¿hasta cuándo?
Una más. Otra vez. ¿Hasta cuándo? ¿Quién sigue?
La provincia de Santiago del Estero vuelve a quedar atravesada por el dolor y la indignación tras un nuevo femicidio que expone, con crudeza extrema, que la violencia machista no se detiene. A menos de una semana del hallazgo del cuerpo de Ramona Emilia Medina —desmembrada y quemada detrás de un cementerio—, otro crimen sacude al interior santiagueño y reabre heridas que nunca terminan de cerrar.
La víctima esta vez fue Thania Santillán, de 22 años, estudiante de enfermería, asesinada a tiros en un camino vecinal de la localidad de Las Tinajas, en el departamento Moreno. Su ex pareja, Diego Salto, la interceptó cuando la joven emprendía el regreso hacia la Capital. Allí le disparó dos veces: un tiro en la sien derecha y otro por la espalda, a la altura del corazón. La muerte fue inmediata.
Pero la violencia no terminó con los disparos.
Durante casi seis horas, el agresor permaneció junto al cuerpo de Thania, armado con un rifle calibre 22, utilizándolo como escudo para evitar su detención. Se atrincheró en el lugar, bajo el sol, amenazando con quitarse la vida si la policía se acercaba. Recién tras una extensa negociación con personal especializado logró deponer el arma y fue detenido. Actualmente se encuentra alojado en el Centro Único de Detenidos, en la ciudad Capital.
Una tragedia que se repite
Lo ocurrido no es un hecho aislado. En Argentina se registra, en promedio, un femicidio cada 30 a 40 horas. Es decir, mientras se escribe y se lee esta nota, otra mujer puede estar siendo amenazada, golpeada o luchando por sobrevivir.
En los primeros 50 días de 2026, ya son dos las mujeres asesinadas en Santiago del Estero. Dos historias truncadas en menos de dos meses. Dos familias devastadas. Dos comunidades paralizadas por el horror.
Thania había pedido ayuda. Envió mensajes a su madre, a su tía y a una prima advirtiendo que su ex pareja la quería matar y que tenía un arma. Incluso llamó a la policía. Nada alcanzó para salvarla.
Allí es donde la pregunta se vuelve más profunda y dolorosa: ¿qué falló? ¿Qué señal no se interpretó a tiempo? ¿Qué protección no llegó? ¿Qué engranaje del sistema no funcionó cuando más se lo necesitaba?
La lógica de la posesión
Lo más desgarrador no es solo la muerte, sino la estructura que la sostiene: hombres que creen ser dueños de la vida de las mujeres, que interpretan una separación como una afrenta personal, que confunden vínculo con propiedad. La violencia extrema no surge de un día para otro; se alimenta de celos, control, amenazas, manipulación y una cultura que todavía naturaliza conductas que son señales de peligro.
Thania tenía 22 años. Estudiaba enfermería, soñaba con cuidar a otros, era querida por sus compañeros y docentes. Solidaria, amante de los animales, sensible. Su historia quedó reducida a una crónica policial, cuando en realidad era una vida llena de proyectos.
Cada femicidio deja hijos sin madre, padres sin hija, amigos sin compañera. Deja también una sociedad que corre el riesgo de acostumbrarse al horror. Y cuando la noticia deja de sorprender, el peligro es aún mayor.
¿Qué pasa en Santiago del Estero?
La provincia no es ajena a la problemática nacional. Los casos recientes demuestran que la violencia de género atraviesa tanto zonas rurales como urbanas, distintas edades y contextos sociales. No distingue clase ni geografía.
El desafío es colectivo: fortalecer las políticas de prevención, garantizar respuestas rápidas ante denuncias o pedidos de auxilio, trabajar en educación y concientización desde edades tempranas, acompañar a las víctimas antes de que la violencia escale a su punto máximo.
La pregunta final no debería ser solamente quién fue el asesino —la Justicia deberá determinar responsabilidades y aplicar las penas correspondientes—, sino qué se puede hacer para que no haya otra Thania, otra Ramona, otra familia destrozada.
Porque si nada cambia, la pregunta que vuelve como un eco seguirá siendo la misma:
¿Quién sigue?





