Cristian Paz, seminarista, contó su historia vocacional

Cristian Paz es de Tintina y también se encuentra en su comunidad junto a su familia disfrutando un poco de la cuarentena mientras sigue su etapa de formación como seminarista. El cursa el primer año de Filosofía del seminario.
“Actualmente, tanto la formación académica como la formación espiritual sigue vigente, acompañado por los formadores y sacerdotes del seminario, los profesores mismos que están pendientes del día a día de cada uno de nosotros”, contó.

¿Cómo nace la decisión de ingresar al seminario?, le preguntamos y el respondió: “Comienza por el 2015-2016, compartiendo un poco con los compañeros de los grupos de jóvenes, los diferentes encuentros que íbamos participando, el ir conociendo la realidad de la diócesis hasta ese entonces no conocía fuera de mi parroquia, conociendo ese otro mundo de la iglesia diocesana. Fue surgiendo primero como unas “ganas de ayudar, de participar, de estar, mover por toda la necesidad que hay dentro de la misma diócesis tanto espiritual como tanto así la promoción humana”.

Asimismo reconoció una gran curiosidad. “Tenía curiosidad sobre “qué era todo esto”, todo esto que se sentía, satisfacción que sentía al ayudar, ese regocijo que sentía al participar de los encuentros con los demás jóvenes y ver que hay otros jóvenes aparte de uno mismo que también viven estas realidades, que también comparte los mismos sentimientos y compartir todo eso me llenaba, me gratificaba mucho y también había una admiración hacia la imagen del sacerdote como alguien que no solo es una figura religiosa en cualquier lugar, sino que es también alguien importante para una sociedad, que tiene muchísimas posibilidades de poder ayudar, de poder respaldar, acompañar, tanto espiritual como material a las personas. Muchas veces esa admiración, curiosidad, me llevaba a preguntarme a mí mismo, porque no compartir eso. ¿Por qué no vivirlo del otro lado de la vereda? ¿Por qué no hacer una entrega más grande? Muchas veces surgía la duda, llevada por la curiosidad también del decir que será todo eso? ¿Cómo será?

Elegir el seminario generó certezas y dudas. Como joven, Cristian compartía la vida de la parroquia y del grupo de jóvenes pero también tenía su vida aparte en su ciudad, con amigos y su familia. “Mientras aumentaba mi consciencia de todo lo que había que dejar pero se trataba de entregas de amor que fui haciendo, conociendo y siendo consciente que uno no deja por dejar sino como ofrecimientos”, contó.
“Además siempre me llamo la atención el “que voy hacer el día de mañana” y me preguntaba qué voy hacer o a que me voy a dedicar. Además siempre veía al sacerdocio como una profesión y también por ahí iba la pregunta, así como podría ser policía, enfermero o profesor porque no ser sacerdote que muchas veces es de todo un poco, muchas veces tiene que ser maestro, policía o doctor en un sentido más específico”.

Este fue un cuestionamiento que lo hizo pedir ayuda a amigos y sacerdotes que me han ido acompañando y llevándome por un camino inclinado a la voluntad de Dios, a descubrir la voluntad de Dios para mi vida y de ahí tomar las decisiones”.
No fue sencillo para Cristian comunicar su sí al ingreso en el seminario. “Siempre recibí apoyo y acompañamiento de parte de mis amigos, de mi familia aunque siempre hubo una gran incertidumbre sobre el porqué de entrar al seminario. Pero al mismo tiempo era un acompañamiento ciego algo como “no entiendo pero te acepto” con mucho cariño y respeto, y creo que lo tomaron para bien. Todavía es materia de conversación eso con mi familia y amigos”.

Cristian hizo su primer año del Introductorio en el seminario y se encuentra en el primero de Filosofía. El tiempo pasa. A la pregunta: ¿Cómo te sientes hoy con tu decisión? El respondió: “Hoy me siento bastante bien, como cuando tiene esa sensación de haber tomado la decisión correcta más que nada porque con el paso del tiempo te vas dando cuenta que no todo es color de rosa pero ahí está la perseverancia de la cual siempre hablan. Si todo fuese fácil y todo fuese entregado en bandeja no vendría de Dios, sino donde está la prueba. Hoy me siento bien, feliz por poder estar en mi casa, el poder traer el seminario a mi casa, los hábitos del seminario o intentar implementarlos aquí, compartir eso con mi familia me hace sentir muy cómodo y feliz pero no siempre es así. Hay días donde me levanto y no me siento con ganas de rezar y aun así de algún lugar me sale las fuerzas para levantarme y rezar, y uno se da cuenta que si eso no viene de Dios no sé dónde vendría”.

Cristian habló de su admiración por la vida sacerdotal. ¿En el futuro como te ves? Cristian contestó: “Muchas veces me planteo una imagen a futuro según lo que estoy haciendo hoy y me veo como veo hoy. Siendo el mismo que soy hoy pero con más responsabilidades, con más compromiso, tratando de crecer más en la fe pero siempre manteniendo la misma base, el amor a Dios que me ha llevado a tomar esta decisión. Me veo como alguien, sacerdote o no, quisiera ver en mi futuro una imagen de alguien cercano a Dios y que eso pueda lograr que otras personas también se acerquen porque esa es la misión, sacerdote o no esa es la misión: llevar a todos a Dios”.

Además agregó: “Pero hoy con lo que hago me veo como alguien participando en las actividades de alguna parroquia de la diócesis, ayudando desde mi posición ya sea seminarista, diacono, sacerdote, ayudando y colaborando para que la diócesis siga creciendo en espíritu y estructura. Alguien que sirva como faro para que las personas se puedan acercar a Dios”.

Finalmente agradeció este espacio para expresarse y hacer conocer su vocación. “Para un seminarista lo mejor que pueden hacer es tenernos presentes en las oraciones, eso se agradece muchísimo y tenernos presente siempre”.

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