Dolor en el folclore santiagueño: adiós a Muni Santillán, una vida dedicada al arte y la identidad
El folclore santiagueño amaneció con una herida abierta. Mafalda Nilda “Muni” Santillán, figura entrañable de la cultura local, esposa del recordado Alfredo Ábalos y madre de Martín, Santiago y Carolina, dejó este mundo dejando detrás una estela de amor, música y enseñanza. La noticia fue confirmada por su hijo Santiago a través de un mensaje cargado de ternura y espiritualidad: “Mi viejita ya está en el país de la luz dorada junto a su amado gordi!!”, escribió en redes, acompañando sus palabras con el video de “Amor verdadero”, una canción que hoy suena con un eco distinto.
Nacida en La Banda, esa ciudad bautizada como “Cuna de Poetas y Cantores”, Muni creció en un hogar donde la música no era un adorno: era una manera de vivir. Desde pequeña respiró tradición y sensibilidad, y esas raíces profundas marcaron su camino para siempre. Su voz, su presencia y su delicadeza artística fueron moldeando una personalidad única, que más tarde enamoraría no solo al público, sino también al carismático “Gordo” Ábalos, con quien formó una de las parejas más queridas del folclore santiagueño.
Su trayectoria fue tan diversa como intensa. En 1968 y 1969 ganó el Festival Nacional de Laborde como solista de canto, un logro que la proyectó a nivel nacional. Pianista, profesora de danzas formada en la prestigiosa academia de José Gómez Basualdo, Muni dedicó años enteros a la docencia, guiando con paciencia y rigor a generaciones de jóvenes que hoy la recuerdan como una maestra inspiradora, de esas que dejan huellas que no se borran.
En los escenarios, supo brillar junto a figuras centrales de la cultura popular. Integró agrupaciones como el conjunto de don Orlando Geréz y, más adelante, el de los hermanos Juárez. Su voz —sensible, honesta, profundamente nuestra— se ganó el respeto del ambiente artístico y el cariño de quienes la escucharon alguna vez.
Ya instalada en la capital santiagueña, su historia se enlazó para siempre con la de Alfredo Ábalos. Desde entonces, ambos se convirtieron en referentes culturales y afectivos: una familia en la que el arte era abrazo cotidiano, herencia y celebración.
Hoy, su partida deja un silencio que duele, pero también un legado que sigue cantando. Muni Santillán no fue solo una artista: fue un puente entre generaciones, un símbolo de la identidad bandeña y santiagueña, una mujer que honró el canto y la danza con autenticidad y amor.
En cada escenario donde su voz alguna vez vibró, en cada estudiante que aprendió de su mano y en cada foto junto a Alfredo, queda viva la luz de Muni. Una luz que, como escribió su hijo, seguramente ya brilla “en el país dorado”. Aquí, en su tierra, su legado seguirá creciendo, como lo hacen las cosas que nacen del corazón.





