Es santiagueña, y la eligieron entre 1000 niñas para formarse en el Colón

Se llama Lucero Zavaleta, de 13 años: un día, mientras miraba coreografías en YouTube, encontró una variación del ballet “Giselle” y se enamoró de la música y de la delicadeza del baile.

Lucero Zavaleta, tiene 13 años y hace un año que dejó su provincia y parte de su familia con el objetivo de bailar ballet en el teatro más prestigioso del país.

Cuando les dieron la noticia, los Zavaleta se largaron a llorar. La vuelta a su casa fue silenciosa. Nadie sabía qué decir.

Un rato antes, Alejandro Tulio Totto -ex primer bailarín del Teatro Colón- los convocó a una reunión en el Estudio Nader de Santiago del Estero donde Lucero (13), la hija menor del matrimonio, tomaba clases de ballet hacía un año medio. En el encuentro, el hombre les explicó que había viajado por todo el país, que había visto muchísimos bailarines, y que creía que Lucero reunía las condiciones para ser una bailarina de primer nivel. Su consejo: que la llevaran a Capital Federal cuanto antes.

Hasta ese momento, octubre de 2018, los Zavaleta no conocían Buenos Aires. Tampoco tenían previsto hacerlo, pero las palabras Alejandro Tulio Totto hizo que cambiaran de planes. “Nuestro principal dilema era económico. Había que apostar a todo y nada. No nos daba el corazón para decirle que ‘No’”, explica al sitio Infobae la mamá de Lucero, Nora Argüello (41).

Pero el económico no sería el único desafío. Para que su hija pudiera probarse en el Teatro Colón, los Zavaleta tuvieron que separarse. Nora se vino a Capital con su hija y su marido, Hugo (40), se quedó en Santiago del Estero junto a sus otros dos hijos: Micaela (23) y Martín (16) y su nieto, Bruno.

Llegaron el 15 de enero 2019. Mientras Lucero tomaba un Seminario con Alejandro Tulio Totto para el que la habían becado, Nora y Hugo tenían la misión de buscar un departamento. “Lo conseguimos de casualidad. Todos nos pedían mucha plata para entrar y garantía y recibos de sueldos de Capital Federal. No teníamos ninguna de las tres cosas”, recuerda la mujer que, gracias al dato de un encargado de edificio, dio con unos santiagueños que tenían una propiedad en el centro. A diferencia de los anteriores, ellos no les pusieron tantos requisitos, pero sí una suma importante de dinero.

“Nosotros somos empleados de comercio. Viajamos con lo que habíamos conseguido, pero nos nos alcanzaba”, cuenta Nora al sitio Infobae.

En ese momento, ella y su marido pensaron en vender las alianzas de matrimonio. “Fuimos a la calle Libertad con toda la intención de cambiar los anillos por plata, pero por las dos nos daban un monto bajísimo”, cuenta acerca del día que terminaron llorando en una esquina porteña sin saber qué hacer.

Finalmente, el dinero llegó como un anticipo del sueldo de Hugo; y Lucero y su mamá pudieron mudarse al monoambiente ubicado en Riobamba y Ayacucho, donde viven hoy.

Mientras Nora repasa las idas y vueltas que tuvieron que atravesar para que su hija viniera a probarse a Buenos Aires, Lucero se deja fotografiar en la plaza ubicada frente al Teatro Colón donde, a partir de marzo próximo, arrancará con sus clases con el objetivo de integrar el ballet estable de la institución.

Lucero tiene 13 años, mide 1.64 cm y calza 38. Además de las medias cancán y las puntas, lleva puesta una malla y un tutú color negro. Hasta los 10 tomó clases de ritmos contemporáneos pero un día, mientras miraba coreografías en YouTube, encontró una variación del ballet “Giselle” y se enamoró de la música y de la delicadeza del baile. Enseguida le pidió a su mamá que le buscara un lugar para aprender. Así fue como llegó al estudio de Teresa Nader.

-¿Te acordás cómo fueron tus primeras clases?

-Raras. No conocía a nadie. Además, todas mis compañeras tenían bien armado el rodete y yo iba con una colita y me peinaba ahí. Como era invierno ellas usaban camisetas térmicas, en cambio yo iba con las remeras de mangas largas y cuello, tipo polera.

¿Qué fue lo que más costó?

-Un poco de todo, porque no tenía bien la postura, necesitaba trabajar un montón el empeine, estirar bien las rodillas y hacer ejercicios todos los días. Además, de tanto bailar en punta me empezaron a salir ampollas. Eso sí que dolía. Algunas se me explotaban y tenía que ponerme una crema y curitas.

-¿Qué significa el Ballet para vos?

-El ballet es mi vida, es mi pasión, es una parte de mi corazón. Cuando no puedo bailar me siento vacía. ¿Mi gran sueño? Bailar en la Ópera de París. Desde chiquita que tengo admiración por esa ciudad.

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