El Polaco cumpliría 50 años: Bandera y el Montecito mantienen vivo el legado de un hombre que hizo del amor por los animales su misión
Eduardo “El Polaco” Groh Riemersma cumpliría este viernes 2 de octubre 50 años. Su ciudad natal lo homenajeó poniendo su nombre al Centro de Atención Primaria de Salud Animal, mientras desde el Montecito de los Canichones lo recordaron con un mensaje cargado de emoción. Su historia trascendió fronteras y dejó una huella que continúa en cada animal rescatado y en cada persona que aprendió de él a no mirar hacia otro lado.
Hay personas cuya ausencia se mide por el silencio que dejan. Y hay otras que, aun después de partir, parecen multiplicarse en aquello que construyeron. Eduardo “El Polaco” Groh Riemersma pertenece a estas últimas.
Este viernes 2 de octubre habría cumplido 50 años y, a poco más de un mes de su fallecimiento, su cumpleaños encontró a familiares, amigos, proteccionistas y comunidades enteras recordándolo de una manera especial: continuando aquello que él comenzó.
Desde su Bandera natal hasta cada lugar donde llegó su mensaje, el nombre del Polaco quedó ligado a una causa que abrazó durante buena parte de su vida: rescatar, proteger y darles una nueva oportunidad a animales abandonados.
“Hoy el cielo está de fiesta”
Uno de los mensajes más conmovedores llegó desde el Montecito de los Canichones, ese espacio inseparable de su historia y convertido prácticamente en una extensión de su propia vida.
“Hoy el Montecito está de cumpleaños, pero nos falta el protagonista”, expresaron en sus redes sociales.
Era el primer cumpleaños sin él. Por eso, las palabras estuvieron atravesadas por la nostalgia de quienes todavía esperan sus ocurrencias, sus abrazos y esa particular forma que tenía de relacionarse con sus queridos “canichones”.
“Nos hubiera encantado festejarlo con vos, pero hoy nos toca hacerlo de otra manera: honrando tu vida, cuidando a quienes tanto amaste y manteniendo vivo ese sueño enorme que nos dejaste”, señalaron.
Y quizás allí pueda resumirse buena parte de su legado.
Porque el Polaco no solamente rescataba animales. Con cada historia que compartía, con cada pedido de ayuda y cada lucha que hacía pública, conseguía que otras personas se involucraran. Su mensaje fue llegando cada vez más lejos y generando conciencia sobre el abandono, el maltrato y la necesidad de una tenencia responsable.

Bandera convirtió su recuerdo en un legado permanente
Este cumpleaños tuvo además un significado muy especial en Bandera, su ciudad natal.
Este viernes, la comunidad concretó un reconocimiento destinado a permanecer en el tiempo: el Centro de Atención Primaria de Salud Animal (CAPSA) pasó a llevar el nombre “Eduardo Groh Riemersma ‘El Polaco’”.
El homenaje fue organizado por el Gobierno Municipal de Bandera y contó con la presencia del intendente Jairo Colaneri, autoridades municipales y vecinos que se acercaron para acompañar un momento atravesado por la emoción y los recuerdos.
Pero hubo presencias que hicieron que la ceremonia tuviera un significado todavía más profundo: su madre, sus hermanos y amigos de toda la vida de la ciudad de Bandera estuvieron allí, acompañando el descubrimiento de la placa y compartiendo un homenaje que tuvo mucho de reconocimiento público, pero también de abrazo colectivo a una familia que mantiene vivo su recuerdo.
Para quienes lo vieron crecer, compartieron su infancia, su juventud y diferentes momentos de su vida, no era solamente el proteccionista conocido por miles de personas. Era Eduardo, era el Polaco, era el hijo, el hermano, el amigo y aquel vecino de Bandera que llevó consigo sus raíces adonde fuera.
La presencia de su familia y de tantos amigos le dio al acto una dimensión particularmente emotiva. En el día en que habría cumplido 50 años, su ciudad volvió a recibirlo simbólicamente para decirle que su paso por la vida no fue indiferente y que aquello por lo que luchó seguirá teniendo un lugar en Bandera.
No parece casual que su nombre haya quedado precisamente allí.
Un espacio dedicado a la atención y al bienestar animal llevará desde ahora la identidad de alguien que convirtió esa misma causa en una misión de vida.
Como parte del homenaje también se plantó un árbol frente a la explanada del centro, otro símbolo cargado de significado: algo que tendrá raíces en su tierra y que continuará creciendo con el paso de los años.
De esta manera, Bandera no solamente recordó a uno de sus hijos, sino que transformó su memoria en un mensaje para las generaciones que vienen.
Un mensaje que llegó mucho más lejos
La historia del Polaco trascendió ampliamente los límites de su ciudad.
Su tarea proteccionista, sus rescates y fundamentalmente su manera de comunicar hicieron que miles de personas conocieran historias de animales que alguna vez habían sido abandonados y que encontraron una segunda oportunidad.
Su figura terminó siendo reconocida en numerosos lugares porque detrás de cada publicación había algo más profundo que una fotografía o un pedido de colaboración: había una invitación a involucrarse.
El mensaje era sencillo, pero poderoso: no abandonar, no ser indiferentes y entender que cuidar a un animal también habla de la sociedad que construimos.
Quizás por eso su partida provocó tanto dolor incluso entre personas que nunca habían compartido personalmente un momento con él.
Lo conocían por sus acciones. Por sus rescates. Por aquellos animales que mostraba orgulloso después de haber atravesado situaciones difíciles.
Y, sobre todo, lo conocían por una convicción que parecía inquebrantable: si había un animal necesitando ayuda, había que hacer algo.

El mejor homenaje: continuar
Este 2 de octubre no hubo una celebración convencional.
Hubo recuerdos. Hubo lágrimas. Hubo una madre y hermanos acompañando un homenaje cargado de sentimientos. Hubo amigos reencontrándose alrededor de su memoria. Hubo una placa con su nombre y un árbol plantado en la tierra que lo vio crecer.
Y también hubo continuidad.
Desde el Montecito lo resumieron con una frase que refleja aquello que el Polaco dejó sembrado:
“Acá abajo seguimos haciendo lo que nos enseñaste: amar, rescatar y nunca abandonar”.
Tal vez ese sea el legado más importante.

Porque Eduardo “El Polaco” Groh Riemersma hoy tendría 50 años, pero su historia ya dejó de pertenecer solamente a una fecha o a un lugar.
Está en Bandera, donde su familia, sus amigos y toda una comunidad lo recuerdan y donde desde ahora un centro de salud animal llevará su nombre.
Está en el Montecito de los Canichones, entre las “patitas” que fueron parte de su mundo.
Y está también en cada rincón al que alguna vez llegó su mensaje y consiguió que alguien decidiera adoptar, rescatar, colaborar o simplemente detenerse ante un animal que necesitaba ayuda.
El Polaco ya no está físicamente. Pero la causa que abrazó sigue caminando sobre miles de patas. Y en Bandera, su tierra, desde hoy su nombre quedó definitivamente unido a aquello que más amó.




