Nélida Peñaflor: de entrenar en una rotonda de Frías a subir al podio suramericano

No tiene una pista de atletismo para entrenar. Tiene una rotonda de 375 metros, voluntad, imaginación y una pasión enorme por correr. Nélida Peñaflor volvió a demostrar que los sueños también pueden construirse lejos de los grandes centros deportivos: la atleta de Frías conquistó la medalla de bronce en los 10.000 metros de los Juegos Suramericanos de Santa Fe y emocionó al contar la particular historia que existe detrás de cada uno de sus kilómetros.

Hay historias deportivas que pueden explicarse con tiempos, posiciones y medallas. Y hay otras que necesitan contar primero el camino recorrido para comprender realmente la dimensión del logro.

La de Nélida Peñaflor pertenece a estas últimas.

La atleta santiagueña, oriunda de Frías, consiguió la medalla de bronce en los 10.000 metros de los Juegos Suramericanos de Santa Fe, llevando los colores argentinos al podio y sumando otro capítulo destacado a su carrera.

Pero detrás de esa medalla hay una realidad que vuelve todavía más particular su historia: en Frías no dispone de una pista de atletismo para realizar su preparación cotidiana.

Su pista es una rotonda.

“Soy de Frías, Santiago del Estero. No tengo pista. Mi lugar de entrenamiento es la rotonda, que tiene 375 metros. Es lo más parecido a girar que tengo”, contó Peñaflor luego de su participación.

Cuando la imaginación también entrena

Mientras otros atletas pueden acostumbrar el cuerpo a las curvas y dimensiones reglamentarias de una pista, Nélida debió encontrar su propia manera de hacerlo.

Y allí apareció otro elemento fundamental de su preparación: la imaginación.

“He aprendido a entrenar la imaginación. Imaginarme que estoy en la pista, girando. Trato de plantear las carreras de ese modo y de ir fiel a mi esencia”, explicó.

La frase resume buena parte de su historia.

Porque cada vuelta a esa rotonda friense significa mucho más que completar 375 metros. Significa imaginar una pista donde todavía no existe. Visualizar una competencia. Pensar en las vueltas que faltan. Preparar la cabeza para el momento en que llegue la largada verdadera.

Y cuando esa largada llegó en Santa Fe, Nélida estaba preparada.

De Frías al podio

En una exigente prueba de 10.000 metros, la santiagueña se mantuvo entre las protagonistas y terminó conquistando el bronce suramericano, representando a la Argentina y llevando nuevamente el nombre de Frías y Santiago del Estero a un escenario internacional.

La medalla tiene, por eso, un valor que trasciende el resultado deportivo.

Habla de constancia, disciplina y capacidad de adaptación. También expone las dificultades con las que conviven muchos deportistas del interior argentino, que deben encontrar alternativas para entrenarse cuando la infraestructura específica no está disponible.

Nélida encontró la suya.

Una rotonda de 375 metros se convirtió en su pista. La imaginación completó lo que faltaba.

Allí acumuló kilómetros, cansancio, sacrificios y sueños. Allí aprendió a visualizar las curvas de una pista verdadera y a prepararse para competir contra atletas que llegan desde diferentes realidades deportivas.

Después llegó Santa Fe.

Y aquello que tantas veces había imaginado mientras giraba en Frías se hizo realidad: pista, competencia, 10.000 metros y un lugar en el podio.

Una medalla que vuelve a casa

El bronce regresa simbólicamente a Frías, a esa ciudad desde donde Nélida continúa construyendo una trayectoria que ya tiene capítulos nacionales e internacionales.

Su historia deja además una imagen poderosa: una atleta que, cuando no tuvo una pista para entrenar, encontró una rotonda; y cuando necesitó acostumbrarse a una pista, utilizó la imaginación.

Porque antes de correr aquellos 10.000 metros en Santa Fe, probablemente Nélida ya los había corrido muchas veces en su cabeza.

Los había imaginado vuelta tras vuelta.

Los había entrenado en Frías.

Y finalmente los convirtió en una medalla para Santiago del Estero y para la Argentina.

De una rotonda de 375 metros a un podio suramericano. Esa distancia no se mide solamente en kilómetros: se mide en perseverancia, sacrificio y pasión.

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