Betina Cuart corría sin sentido hasta que Emma le enseñó que se puede

“Antes corría, pero no sabía porque lo hacía", reconoció.

Hoy te contamos la historia de Betina Cuart. Ella es docente, madre y atleta de alto rendimiento. Hace poquitas semanas corrió de manera virtual la afamada Maratón de Nueva York que consiste en 42,192 kilómetros junto a su compañera de aventura Romina Tonani.  Acumula 17 años dedicada al atletismo, actividad a la que considera como salvadora en el momento más difícil de su vida y la de su pequeña Emma. En tantos años, mucho logro deportivo ha tenido.

Para esta mujer el deporte fue una salida, la rescató y salvó de muchas cosas. “Antes corría, pero no sabía porque lo hacía. Corría en el anfiteatro y hacía gimnasia”, describe Betina sobre sus inicios en el atletismo.

Le faltaba un horizonte, un sentido a lo que hacía. “Descubro el atletismo porque padecía de insomnio y eso se agravo al nacer mi hija Emma con una enfermedad llamada hidrocefalia. La operan, le ponen una válvula y esa época amamantaba y no podía tomar nada para poder dormir. La idea era llegar cansada al momento de dormir. Uno de los tantos médicos que me atendió me dice que yo estaba con un stress postraumático y me explicó cómo funciona el cerebro ante el miedo. Él me dice que debía hacer como el hombre en la prehistoria, o sea huir y correr porque sabía que yo corría. Entonces empecé a correr mucho más y lo tomé en serio. Corría y me dormía”, agregó.

Ese correr para evitar su insomnio le permitió descubrir que era veloz y por eso comenzó a ser entrenada y con ello llegaron los primeros logros como ser campeona provincial en 2000 y 3000 metros, en 10 mil metros y así sucesivamente. “Comienzo a irme a correr carreras de aventura, de montaña en Tucumán. Me va muy vienen la montaña a pesar de entrenar en el llano. Eso me entusiasmaba más. Hasta que me hice una atleta profesional, empecé a conocer más, a entrenar de otra manera, a conocer los secretos del atletismo, capacitarme, aprender sobre nutrición hasta que seguí avanzando. No solo me quedé en los 10 kilómetros sino también en pruebas de mayor distancia como 21 kilómetros o más largas de montaña. Mi primer 42 kilómetros los corrí en montaña en la carrera Amanecer Comechingones donde entre 700 atletas terminé tercera y premiada en mi categoría. Yo había ido a conocer y terminé tercera. Eso me hizo dar cuenta que no fue una casualidad”, recordó.

Desde sus inicios hasta el presente ha corrido muchas pruebas de 42 kilómetros. “Es la prueba donde uno pone el cuerpo al límite, cuando uno se recibe de atleta porque cumple el sueño de todo corredor que es correr esa distancia. El cuerpo colapsa en los 30 kilómetros y es cuando uno corre con el corazón y la cabeza. Lleva mucho tiempo de entrenamiento esa prueba. Vas acostumbrando el cuerpo a resistir. Esa es la orden que le damos al cuerpo”, describió.

Su última prueba de 42 kilómetros fue la Maratón de Nueva York. A propósito, contó: “Esto nació porque 1junto a Romina Tonani teníamos el deseo de correr juntas una prueba de 42 kilómetros ya sea en Nueva York o Londres. Con la llegada de la pandemia a veces se podía entrenar y otras no. Yo seguía entrenando en el patio de mi casa. Cuando uno quiere lo hace en cualquier lugar y circunstancia para no perder lo que venía ganando de preparación. Llegar a un estado óptimo lleva mucho tiempo, tiene mucho sacrificio y hay que invertir mucho tiempo. Pero no estábamos preparadas para correr los 42 kilómetros encima aparece la posibilidad de hacerlo virtualmente. Nos anotamos, pagamos nuestra participación y ya estábamos en el baile así que solo había que bailar”.

Corrieron y le dieron un sentido en medio de la pandemia. “Tenía que tener un mensaje semejante ofrenda, vos lo pones al cuerpo al límite y nos preguntábamos para que correr. No tiene que ser una competencia porque si no carece de sentido. Queremos correr y dejar un mensaje de fe y esperanza para Añatuya. Somos mujeres y surgió de decirle a la gente que, si se puede, que cada uno puede encontrar una veta. No es que queremos que todo el mundo salga a correr, sino que cada uno encuentre desde su lugar la mejor salida para esta situación, que no nos enfermemos mentalmente. Darle una vuelta de rosca a la vida y salir adelante. Nosotros ofrecimos correr, cada uno puede ofrecer algo para salir adelante, para construir algo nuevo.  Cada uno tiene algo que ofrecer y podemos aportar nuestro granito de arena que nos saque de esta situación tan difícil”, explicó.

“Emma me enseña que se puede”

Su vida en el atletismo está marcada por su hija Emma. “Tengo un cartel que dice “Emma me enseña que se puede” y representa que es ella la que me enseñó que yo podía, que tenía esto escondido. Me hizo dar cuenta de esa fuerza que yo tenía como mamá. Cuando ella se enferma al tener que pasar horas enteras sentada cuidándola”.

La lucha de su hija le cambió su vida. “Ella es muy fuerte y eso me da fuerzas. Con eso me dije yo voy a poder.  Nunca olvidó que en el 2015 ella se enfermó muy mal y que anduvimos por muchos lados, cuando ella vuelve, cursaba séptimo grado y nos dan el alta y me dice que quería regresar temprano para poder ir a la escuela al día siguiente. Venía con la cabeza vendada, un ojo cruzado por la compresión cerebral y con parte de la cabeza sin cabellos. Ella es muy responsable y quería volver a la escuela. Yo le dije que iría otro día porque tenía temor de lo que iban a decirle al verla en ese estado. Ella se paró frente al espejo sabiendo de mi angustia y me dijo “Ma si a vos te preocupa que me vean así después de lo que he pasado y a los demás les molesta que este así los tontos son ellos, a mí no me importa yo tengo que seguir. No tuve opción y se fue a la escuela. Pasó por el medio del patio y yo la esperaba con angustia, pero salió como si nada. Al tiempo, un mes después, había una carrera y no estaba preparada, pero logre hacer un entreno. Fue en el Valle de la Luna un duatlón y me fue hermoso, pero era porque yo estaba feliz y es ahí cuando hice la bandera que anda por todo el país”, relató.

Para Betina correr no es algo frívolo, sino que tiene que ver con que es un estilo de vida en el cual el cuerpo necesita y te pide eso. “Es lo que hemos elegido, lo que nos ha salvado y nos hace felices”, concluye.

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