El campo perdió poder de compra: con una tonelada de soja hoy se adquiere cuatro veces menos gasoil que en 2023
La combinación de devaluación, inflación, el fuerte aumento del combustible y el incremento de los costos logísticos redujo la rentabilidad del sector agropecuario, según una comparación entre el valor de la soja y el precio del gasoil.
El panorama económico que atraviesa el sector agropecuario refleja una realidad que preocupa a los productores. Más allá de los buenos rindes obtenidos en algunas regiones, la rentabilidad del campo se vio fuertemente afectada en los últimos años como consecuencia de la inflación, la devaluación, la liberación del precio de los combustibles y el incremento generalizado de los costos de producción.
Uno de los indicadores más claros surge de comparar cuánto gasoil podía comprarse con una tonelada de soja en 2023 y cuánto puede adquirirse en la actualidad.
En septiembre de 2023, el precio de la tonelada de soja en el mercado de Rosario rondaba los 160.000 pesos, mientras que el litro de gasoil común tenía un valor aproximado de 205 pesos. En ese escenario, un productor podía comprar alrededor de 780 litros de gasoil con la venta de una tonelada de soja.
Sin embargo, tras la devaluación de diciembre de 2023 y la posterior liberación de los precios de los combustibles, el gasoil registró aumentos superiores al 1.000%, modificando por completo la ecuación económica del sector.
Actualmente, aunque el valor de la soja también aumentó en pesos, el combustible creció a un ritmo mucho mayor, provocando una fuerte pérdida del poder de compra de la producción agrícola. El resultado es que hoy una tonelada de soja permite adquirir apenas una fracción del combustible que podía comprarse hace tres años, reflejando una marcada caída en la capacidad de afrontar uno de los principales insumos para las tareas rurales.
A este escenario se suman otros factores que presionan sobre la rentabilidad, como el aumento de los costos de transporte, repuestos, fertilizantes, agroquímicos y el deterioro de numerosas rutas nacionales, que incrementa el desgaste de la maquinaria y eleva los gastos logísticos.
Productores y entidades rurales sostienen que la evolución de los costos superó ampliamente la mejora registrada en los precios de los granos, lo que redujo considerablemente los márgenes de ganancia y obligó a replantear inversiones y estrategias productivas.
La comparación entre la soja y el gasoil se convirtió así en un termómetro de la situación económica del agro: mientras los precios de los insumos crecieron de manera acelerada, el poder de compra de la producción cayó significativamente, evidenciando la pérdida de rentabilidad que enfrenta actualmente uno de los principales motores de la economía argentina.





