El boleto podría llegar a $1.700: el transporte vuelve a presionar el bolsillo de trabajadores y estudiantes santiagueños

Las empresas solicitaron una actualización tarifaria cercana al 20% por el aumento de combustibles, repuestos y costos operativos. El boleto urbano cuesta hoy $1.390 y el pedido podría elevarlo hasta aproximadamente $1.700. Para un trabajador que utiliza dos colectivos diarios, el incremento representaría más de $13.000 adicionales por mes.

El precio del transporte público vuelve a instalarse como uno de los temas más sensibles para la economía cotidiana de las familias santiagueñas.

Los empresarios del sector presentaron ante el Concejo Deliberante de la Capital un pedido de actualización tarifaria que podría llevar el boleto urbano desde los actuales $1.390 hasta aproximadamente $1.700.

El planteo será analizado por los concejales y todavía no existe una aprobación definitiva.

Pero solamente la posibilidad de una nueva suba abre una discusión inevitable: cuánto más puede absorber el presupuesto mensual de trabajadores, estudiantes y familias.

El argumento empresarial

Las compañías sostienen que el funcionamiento del sistema está condicionado por el incremento de los costos.

Combustible, neumáticos, repuestos, mantenimiento y salarios forman parte de la estructura que debe afrontar cada empresa.

También señalan que la recaudación actual resulta insuficiente para sostener el servicio.

Estos argumentos deberán ser respaldados con documentación.

El Concejo tendrá la responsabilidad de analizar cuánto cuesta realmente operar cada unidad y cuál es el nivel de ingresos del sistema.

Un trabajador podría gastar $74.800 mensuales

El impacto puede calcularse de manera sencilla.

Una persona que utiliza dos colectivos diarios durante 22 jornadas laborales realiza aproximadamente 44 viajes mensuales.

Con el valor actual de $1.390, ese gasto representa $61.160 mensuales.

Si el boleto subiera a $1.700, la misma persona debería destinar $74.800.

Son $13.640 adicionales cada mes.

En una familia donde dos integrantes utilizan el transporte bajo esas condiciones, el incremento superaría los $27.000.

Y esos cálculos contemplan solamente los viajes laborales básicos.

Una discusión que también afecta a los estudiantes

Miles de jóvenes utilizan diariamente el transporte para llegar a escuelas, institutos terciarios y universidades.

Para una familia con varios hijos, el boleto representa un gasto permanente.

Por eso, la discusión tarifaria también debería incorporar mecanismos de protección para sectores vulnerables y estudiantes.

El acceso a la educación puede verse condicionado cuando el costo del transporte crece de manera constante.

Calidad y tarifa deben discutirse juntas

El debate no debería limitarse únicamente al precio.

También debe analizarse la calidad del servicio.

Frecuencias, puntualidad, estado de las unidades, limpieza y recorridos forman parte de lo que reciben los usuarios a cambio de la tarifa.

Si las empresas reclaman mayores ingresos, los pasajeros también pueden exigir mejoras.

El equilibrio entre sustentabilidad empresarial y calidad del servicio deberá convertirse en uno de los ejes del análisis legislativo.

Capital y La Banda, una misma realidad metropolitana

La discusión también puede tener impacto sobre quienes viajan diariamente entre Capital y La Banda.

Miles de personas cruzan de una ciudad a otra por razones laborales, educativas, sanitarias y comerciales.

El crecimiento del área metropolitana obliga a pensar el transporte como un sistema integrado.

La tarifa debería formar parte de una planificación mucho más amplia sobre movilidad.

Un debate en medio del cambio de autoridades

La solicitud empresaria llega además en un momento político particular.

Los actuales concejales están próximos a finalizar sus mandatos.

Eso genera incertidumbre sobre quién tomará la decisión.

Puede ser la actual composición legislativa o las nuevas autoridades que asumirán a fin de mes.

La definición no será menor.

Cualquier aumento tendrá impacto inmediato sobre miles de usuarios.

El bolsillo vuelve al centro

Los santiagueños vienen atravesando meses de ajustes en diferentes servicios.

Alimentos, alquileres, energía, combustible y transporte compiten todos los meses por una parte del salario.

Por eso, cualquier incremento del boleto adquiere una sensibilidad especial.

El transporte público no es un lujo.

Para miles de personas es la herramienta que permite llegar al trabajo, estudiar o realizar trámites.

La discusión que comienza no será solamente cuánto debe costar el boleto. Será también cuánto puede pagar una familia sin que viajar se transforme en otro problema económico.

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