Añatuya y una problemática que exige una solución de fondo: agua en las calles, napas altas y la necesidad de terminar las cloacas

La presencia permanente de agua en calles del centro de Añatuya se convirtió en uno de los principales problemas urbanos de la ciudad. Un informe del presidente del ERSAC, C.P.N. Juan D. B. Roitman, sostiene que las verificaciones realizadas apuntan a una combinación de napa freática extremadamente alta, pozos ciegos saturados y líquidos servidos, además de los inconvenientes propios de la red. La terminación y puesta en funcionamiento del sistema cloacal aparece como la obra estructural indispensable para encontrar una solución definitiva.

Añatuya enfrenta desde hace años una situación que preocupa a vecinos, comerciantes y autoridades: la presencia recurrente de agua y humedad sobre calles asfaltadas, particularmente en sectores del radio céntrico.

La problemática tiene múltiples consecuencias. Afecta la transitabilidad, deteriora pavimentos, genera olores y condiciones ambientales adversas y, fundamentalmente, plantea interrogantes sanitarios cuando los líquidos que alcanzan la superficie pueden entrar en contacto con aguas provenientes de pozos ciegos o descargas domiciliarias.

Un informe elaborado por el presidente del Ente Regulador de los Servicios de Agua y Cloacas (ERSAC), C.P.N. Juan D. B. Roitman, aporta elementos técnicos para comprender un fenómeno mucho más complejo que una simple pérdida en la red de agua potable.

De la escasez de agua a un nuevo desafío urbano

La situación resulta paradójica porque durante muchos años Añatuya sufrió por la insuficiencia de agua potable.

Según el informe, históricamente la ciudad recibió agua proveniente de perforaciones ubicadas en Estación Simbolar, departamento Banda, transportada mediante un acueducto de aproximadamente 180 kilómetros que abastece a distintas localidades y parajes del sudeste provincial.

El crecimiento demográfico y productivo de Añatuya obligó posteriormente a ampliar esa infraestructura.

Durante la gestión provincial de Gerardo Zamora se impulsó un nuevo acueducto, financiado mediante organismos internacionales y programas nacionales. La incorporación de infraestructura y nuevas perforaciones permitió, de acuerdo con los datos consignados por Roitman, llevar la provisión destinada a Añatuya a aproximadamente 7 millones de litros diarios.

La mayor disponibilidad de agua solucionó un problema histórico, pero coincidió con otro desafío estructural: una ciudad en crecimiento que todavía necesita completar su sistema de saneamiento.

Una napa freática a pocos centímetros de la superficie

Uno de los datos más preocupantes del análisis es la profundidad de la napa freática.

Las verificaciones realizadas en diferentes sectores habrían encontrado agua subterránea a aproximadamente 20 centímetros del nivel del suelo en determinados puntos.

Esta condición se combina con otro inconveniente: numerosos hogares utilizan pozos ciegos que, ante una napa tan elevada, pueden encontrarse saturados o colmatados.

A esto se suman, según señalaron autoridades municipales, casos de vecinos que descargan aguas servidas directamente hacia la vía pública.

La combinación de estos factores podría explicar buena parte de la humedad y los líquidos que aparecen persistentemente sobre el pavimento.

El dato de la conductividad: por qué sostienen que no todo proviene de la red

Uno de los elementos centrales aportados por el titular del ERSAC es la medición de la conductividad eléctrica del agua, parámetro relacionado con la presencia de sales disueltas.

De acuerdo con Roitman, el agua distribuida mediante la red presenta valores cercanos a 800 en las mediciones tomadas como referencia, mientras que muestras obtenidas de líquidos presentes sobre las calles habrían registrado valores que oscilan entre 2.500 y 4.500.

Para el funcionario, esa diferencia constituye un fuerte indicio de que una proporción importante del líquido que aflora no corresponde directamente al agua potable distribuida por la red, sino que tendría relación con la napa freática, pozos ciegos y aguas servidas.

Sin embargo, determinar con precisión el origen y la composición sanitaria de cada afloramiento requiere los correspondientes análisis técnicos y de laboratorio.

Una prueba clave: cortaron el suministro y el agua continuó apareciendo

En busca de respuestas concretas, el intendente Julio Castro y los doce integrantes del Concejo Deliberante solicitaron al ERSAC una interrupción programada del suministro para analizar el comportamiento de los sectores afectados.

La experiencia buscó comprobar qué ocurría con los afloramientos cuando la red dejaba de aportar agua.

Durante ese período, profesionales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), autoridades del ERSAC, técnicos de Aguas de Santiago y funcionarios municipales realizaron inspecciones en distintos puntos del casco céntrico.

Según el informe, aun con el suministro interrumpido y condiciones meteorológicas secas, se detectó humedad en sectores asfaltados.

También se registraron valores elevados de conductividad, una napa ubicada a escasa profundidad y pozos ciegos con niveles de líquido muy próximos a la superficie.

Estos elementos reforzaron la hipótesis de que el problema excede ampliamente las eventuales pérdidas que pueda registrar la red de distribución.

El costo de la prueba: problemas de presión y falta de agua en barrios

La interrupción del servicio también tuvo consecuencias.

Al vaciarse parcialmente y perder presión la red, su posterior normalización demandó tiempo y provocó inconvenientes en el abastecimiento, particularmente en sectores periféricos de Añatuya.

Roitman explicó que, pese al trabajo del personal de la empresa concesionaria, la despresurización repercutió posteriormente en hogares que registraron baja presión o directamente falta de agua.

La situación demuestra la complejidad del problema: mientras se intenta determinar por qué determinadas calles permanecen con agua, es necesario garantizar simultáneamente un servicio esencial para decenas de miles de habitantes.

Las cloacas aparecen como la obra decisiva

El punto central del diagnóstico es contundente: Añatuya necesita completar y poner en funcionamiento su sistema cloacal.

Para el presidente del ERSAC, esta es la solución estructural capaz de modificar de manera profunda la situación actual.

Una red cloacal permitiría reducir la dependencia de los pozos ciegos y conducir adecuadamente los efluentes domiciliarios, algo especialmente relevante en una ciudad donde la napa puede encontrarse extremadamente próxima a la superficie.

La obra había avanzado a partir de financiamiento internacional canalizado a través del Estado nacional y fue adjudicada a una UTE integrada por ESUCO y SUPERCEMENTO, según detalla el informe.

Sin embargo, los trabajos se vieron afectados posteriormente por dificultades en el flujo de fondos nacionales.

La situación llegó al Congreso de la Nación a través de representantes santiagueños, que reclamaron por la continuidad del proyecto y las partidas necesarias para completarlo.

Actualmente existe expectativa respecto de la regularización del financiamiento que permita continuar una infraestructura considerada estratégica para el futuro de la ciudad.

Los grandes drenajes, otra pieza del problema

Paralelamente, el Gobierno de Santiago del Estero lleva adelante intervenciones destinadas a recuperar y mejorar grandes drenajes de Añatuya.

Maquinaria enviada por el Ministerio de Obras, Servicios Públicos y Agua trabaja sobre canales y sistemas que presentaban deterioro y que cumplen una función fundamental para evacuar excedentes hídricos.

Su recuperación adquiere todavía mayor importancia ante períodos de lluvias intensas.

Pero drenajes y cloacas cumplen funciones diferentes. Los primeros resultan fundamentales para evacuar agua de lluvia y contribuir al manejo hídrico urbano; las cloacas, en cambio, permiten conducir y tratar los líquidos residuales domiciliarios.

Por eso, la solución integral necesita avanzar sobre ambos frentes.

Una problemática sanitaria, ambiental y urbana

Lo que sucede en Añatuya ya no puede analizarse exclusivamente como un inconveniente de agua sobre las calles.

La combinación de crecimiento poblacional, incremento del consumo de agua potable, napa freática elevada, pozos ciegos saturados, descargas domiciliarias, infraestructura urbana y un sistema cloacal todavía inconcluso configura un problema mucho más profundo.

Para una ciudad que ronda los 40.000 habitantes según la estimación consignada en el informe, el saneamiento constituye una infraestructura básica para sostener su crecimiento.

El deterioro de calles representa solamente la manifestación más visible. Detrás aparecen cuestiones vinculadas con la salud pública, el ambiente, la calidad de vida y el desarrollo urbano futuro.

ERSAC: “La solución definitiva es terminar el sistema cloacal”

Roitman remarcó además que la provisión de agua potable ha sido considerada una política de Estado por el Gobierno de Santiago del Estero y sostuvo que la actual administración provincial encabezada por el gobernador Elías Suárez mantiene esa línea mediante nuevas inversiones.

Pero, en el caso específico de Añatuya, el titular del organismo regulador dejó una definición que resume el diagnóstico:

la solución de fondo pasa por continuar, terminar y poner en funcionamiento el sistema cloacal de la ciudad.

Añatuya consiguió superar en buena medida aquella histórica dificultad de disponer de suficiente agua potable. Ahora enfrenta un desafío diferente y posiblemente más complejo: desarrollar la infraestructura necesaria para administrar el enorme volumen de agua que ingresa diariamente a una ciudad en crecimiento y, sobre todo, garantizar una correcta disposición de sus efluentes.

La problemática de las calles céntricas es la señal visible de una necesidad estructural que requiere respuestas coordinadas entre Municipio, Provincia, Nación, organismos técnicos y prestadores.

Terminar las cloacas dejó de ser solamente una obra pendiente: para Añatuya representa una cuestión sanitaria, ambiental y estratégica para las próximas décadas.

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