Añatuya, cuna de una historia solidaria: Catalina Hornos y el nacimiento de Haciendo Caminos
En el corazón del interior santiagueño, más precisamente en la ciudad de Añatuya, comenzó a gestarse una de las historias solidarias más conmovedoras del país. Allí, hace más de dos décadas, la joven Catalina Hornos tomó una decisión que cambiaría su vida y la de miles de niños: quedarse para ayudar.
Todo comenzó cuando, con apenas 21 años, llegó a Santiago del Estero como voluntaria en un viaje de estudios. Su objetivo inicial era realizar tareas de orientación vocacional, pero la realidad que encontró en una escuela albergue de la región fue mucho más profunda y urgente. “Nosotros no necesitamos lo que ustedes vienen a hacer, necesitamos una psicopedagoga que se quede”, le planteó la directora del establecimiento, marcando un punto de inflexión en su vida.
Sin dudarlo, Hornos regresó meses después y se instaló en Añatuya, donde comenzó a trabajar con niños y adolescentes provenientes de parajes rurales, muchos de ellos atravesados por la pobreza estructural. Allí se enfrentó a situaciones extremas: estudiantes que abandonaban la escuela por falta de recursos básicos, niñas embarazadas en edad escolar y familias que luchaban diariamente por sobrevivir.
Uno de los momentos más duros que recuerda fue el fallecimiento de una beba de apenas tres meses, producto de una alimentación inadecuada. Esa experiencia marcó el origen de lo que luego sería su misión de vida. “Sentí que no me merecía las oportunidades que había tenido si no podía hacer algo por quienes no las tenían”, relató en una entrevista televisiva.
Así nació la ONG “Haciendo Caminos”, una organización que comenzó con un pequeño grupo de voluntarios y donaciones recolectadas casa por casa. Con el paso del tiempo, el proyecto creció hasta convertirse en una red solidaria con presencia en Santiago del Estero y Chaco, con 15 centros de atención y más de 30.000 niños acompañados en procesos de recuperación nutricional, educación y contención familiar.
La tarea no es sencilla. Según datos aportados por la propia organización, el 60% de las familias que acompañan no logra alimentarse todos los días, reflejando una realidad que muchas veces permanece invisible. En ese contexto, el trabajo de Haciendo Caminos se enfoca no solo en la asistencia, sino también en la educación y el acompañamiento integral de las madres, con el objetivo de romper el círculo de la pobreza.
Hoy, a más de 20 años de aquel primer paso en Añatuya, Catalina Hornos continúa al frente de esta iniciativa, articulando esfuerzos con el Estado, empresas y donantes particulares. Su historia, difundida recientemente en el programa televisivo Otro Día Perdido, volvió a poner en agenda una problemática urgente y a la vez destacar el impacto transformador de la solidaridad comprometida.
Añatuya no solo fue el punto de partida de su historia, sino también el símbolo de una realidad que interpela y de una esperanza que, gracias a acciones concretas, sigue creciendo día a día.





