Un recurso estratégico frente al fuego: el valor del avión hidrante de gran porte en la peor tragedia ambiental de Chubut
La provincia de Chubut atraviesa uno de los episodios ambientales más graves de las últimas décadas. Los incendios forestales que afectan a la Comarca Andina ya consumieron más de 3.500 hectáreas, obligaron a evacuar a más de 3.000 personas y mantienen en vilo a localidades como El Hoyo y Epuyén. El propio secretario de Bosques provincial calificó la situación como “la peor tragedia ambiental en 20 años”.
En este escenario extremo —marcado por altas temperaturas, vientos secos y ausencia de lluvias— la disponibilidad de recursos aéreos resulta determinante para contener el avance del fuego y proteger zonas pobladas, escuelas y áreas productivas.

El factor humano y la investigación
La emergencia se agrava por la presunta intencionalidad de algunos focos. El gobernador Nacho Torres confirmó que existen investigaciones en curso y anunció una recompensa de 50 millones de pesos para quienes aporten datos que permitan identificar a los responsables. Un testimonio clave de un vecino de la zona de El Hoyo relató haber observado a tres personas iniciando fuego durante la noche, mientras brigadistas combatían otros focos activos.
Un gigante en el aire: por qué el 737 hidrante es decisivo
En medio del despliegue, comenzó a operar en la zona el Boeing 737-300 FireLiner, la aeronave hidrante más grande de Latinoamérica, perteneciente a la Provincia de Santiago del Estero y puesta a disposición para combatir el desastre.
Este avión puede descargar más de 15.000 litros de agua por pasada, una capacidad muy superior a la de los hidrantes convencionales. Su potencia permite atacar frentes de fuego extensos, generar cortinas de contención y reforzar el trabajo terrestre de brigadistas y bomberos. Además, se trata de una aeronave multipropósito: puede transportar pasajeros y está equipada para evacuaciones sanitarias, una ventaja crítica en zonas de difícil acceso.
Desde el aeropuerto de Esquel, el 737 hidrante opera coordinadamente con helicópteros y otros aviones, en un contexto donde cada minuto es clave. Testimonios de vecinos destacaron el impacto inmediato de su intervención sobre focos activos que amenazaban áreas sensibles.

Infraestructura para emergencias vs. prioridades de inversión
La magnitud del desastre reabre un debate de fondo sobre prioridades estratégicas en un país recurrentemente afectado por incendios forestales, inundaciones y eventos climáticos extremos. Mientras el Gobierno nacional avanzó en la compra de aviones de combate F-16, provincias como Santiago del Estero invirtieron en infraestructura aérea destinada a salvar vidas, proteger ecosistemas y mitigar catástrofes.
Sin desmerecer la defensa nacional, especialistas y actores territoriales señalan que la prevención y respuesta ante desastres naturales requiere equipamiento específico y de alto impacto inmediato. En incendios de esta escala, la ausencia de un avión de gran porte como el 737 FireLiner podría traducirse en miles de hectáreas adicionales perdidas, mayor riesgo para la población y daños ambientales irreversibles.
Una herramienta clave en una crisis sin precedentes
Los incendios en Chubut evidencian que contar con medios aéreos adecuados no es un lujo, sino una necesidad estratégica. La experiencia de estos días demuestra que el avión hidrante de gran capacidad marca la diferencia cuando el fuego se expande rápidamente y las condiciones climáticas juegan en contra.
En una Patagonia castigada por las llamas, el 737 hidrante se convirtió en un símbolo concreto de respuesta estatal efectiva, capaz de amortiguar una tragedia que, sin su presencia, sería aún mayor.





