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Por Carla González

Carlos es una persona que ha tenido una infancia “un poco dura” y no pudo disfrutar plenamente su niñez porque al vivir en el campo tenía otras prioridades antes que el juego, como el cuidar de los animales, recoger la cosecha, etcétera. También  tuvo que trabajar en una estancia por la necesidad económica que había en su familia.

Esta es la historia de Carlos González, músico añatuyense apodado “Chuno”.  Su anhelo desde pequeño era ser un gran acordeonista, reconocido por muchas personas. Él cuenta que cuando iba a darle de comer a los animales,  aprovechando  que estaba solo, se subía a un árbol y comenzaba a imaginarse en un amplio lugar con miles de espectadores que coreaban  su nombre a toda voz . Aunque su sueño parecía verse tan lejos y  que su realidad era otra, él no perdía la esperanza.

Después de muchos años de esfuerzo y sacrificio, lo que antes sólo era un sueño pasó a ser real. Es ese músico talentoso que tanto había anhelado, con una fama y un éxito que superaron por lejos sus expectativas. A pesar de todo lo que había logrado, de todo lo que tenía, por dentro sentía un vacío muy  grande y a pesar de todos sus intentos por querer llenarlo, en vez de solucionarlo, empeoraban la situación. Hasta que un día decidió buscar a Dios como último intento y fue allí donde ese vacío desapareció. 

Pero recorramos con él su camino transitado. “Han sido bastante duros mis inicios en la música como todo comienzo pero con los pasos firmes y convencidos de que íbamos a llegar a la meta, al objetivo que nos trazamos”, dice.

Además agregó: “Desde muy niño y desde mi inocencia soñaba ser músico porque mi madre después me contaba que al año y medio cuando escuchaba la música litoraleña, a ese estilo así que había creado yo, salía haciendo mudanzas, me gustaba demasiado o sea que desde niño traje en la sangre éste estilo de música”.

Chamamecero de ley

“Chuno” González creó un estilo propio y eso lo llevó a recorrer diferentes escenarios del país. “Por seguir las huellas del gran maestro Tarrago Ros y con la intención de tocar como él, he creado mi propio estilo por no poder tocar exactamente así como él y eso ha marcado una diferencia dentro de todos los conjuntos que existían allí por los años 80 y eso fue lo que me llevó prácticamente al éxito”, cuenta.

¿Cuál de todas tus letras te gusta más y qué te inspiró para escribirla?, le pregunte para conocer su faceta de compositor. “La inspiración creo que nace de la realidad porque en base a ella han sido escritas todas las letras que tengo y que son más de doscientas cincuenta. Las que me gustan y siento en mi corazón son “Homenaje a los padres”, “Simplemente todo” y muchos temas más. Yo diría que todos me gustan porque cuando uno escribe una letra o compone es como que trae un hijo al mundo y a los hijos se los ama a todos por igual”, respondió.

Reconociendo que la vida de los artistas es muy compleja le pregunte sobre sus sacrificios por la carrera. “Sí, mi conducta por ejemplo he tenido que dejar cosas que me gustaban para aferrarme de lleno a lo que quería hacer y llegar. Tuve sacrificar muchas cosas para poder abocarme a lo artístico plenamente y poder lograr el objetivo”.

Entre sus mejores recuerdos en la música menciona haber actuado en el Festival Nacional del Chámame en el Luna Park de Buenos Aires ante dieciocho mil espectadores. Luego con el correr de los años la cosecha de los “galardones como los seis discos de Oro y seis discos de Platino” y haber estado también en el Festival Nacional del Chámame en Corrientes Capital, en Federal en Entre Ríos y también haber ganado el “Cachencho de Plata” ante dieciséis mil espectadores. “Son festivales que han marcado mi vida”, agrega.

Un trotamundos

No solo se dedicó a la música. En su adolescencia fue peón de estancia, luego realizó el servicio militar, fue policía, músico y hasta concejal de la ciudad durante cuatro años y hasta logró su título de enfermería con grado nueve. “Todo lo que pude hacer hice en mi vida y todo me salió bien gracias a Dios”, expresó contento.

Pero desde hace varios años ha dejado los escenarios. ¿Qué lo llevó a abandonar algo tan querido como eso? “Uno cuando es músico y llega a la fama se acercan muchas personas que dicen ser amigos y esos “amigos” son juntas que en definitiva están solamente por lo que tienes y no por lo que sos. Nunca termina bien una persona que no sabe manejar sus cosas. Yo por ejemplo no pude manejar mis vicios del tabaco, del alcohol y esto me alejó de los escenarios por que fueron mis patrones que han dominado y gobernado mi vida desplazándome de la fama y el éxito”, dice con tono reflexivo.

Actualmente su vida ha dado un vuelco. “Soy evangelista en una iglesia de Añatuya y desde hace diez años dedico mi vida plenamente a aquél que me salvó y me rescató que es Jesucristo de Nazaret, solamente toco y vivo para él”, cuenta con gran convencimiento. Por eso planea: “Seguir en este camino hasta el último día de mi vida y hacer que toda mi familia permanezca en él porque no hay otro mejor fuera del camino de Dios”.

Con tremendas experiencias vividas en la música y en su vida le pedí un consejo para los  jóvenes que se inician en ésta profesión. El señaló: “Primero, que ame lo que hace, luego que sea muy responsable para llevar a cabo esta actividad y que le guste sobremanera. Pero la música y la fama tienen un corto tiempo y después de que el éxito pasa, la persona queda con un vacío en su interior que con  nada puede llenar. Yo les diría a los jóvenes que más bien si saben pulsar un instrumento y tienen algún talento o alguna virtud, que lo hagan para Dios que nunca se van a arrepentir, que sería la mejor decisión que puedan tomar los jóvenes”.

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